Domingo, 8 de Mayo de 2011

Fiebre de póquer

España acoge por primera vez la final del mayor torneo del mundo

Ó. LÓPEZ-FONSECA ·08/05/2011 - 00:37h

Aspecto que presentaba ayer la sala donde se jugaba el torneo. Reyes Sedano

Ana Márquez se atusa el pelo con una mano y con la otra juguetea con las fichas verdes, amarillas, rojas, azules y negras que tiene sobre la mesa. Las cartas casi no las toca. La sonrisa de esta veinteañera malagueña contrasta con el rostro sombrío del joven que se sienta a su lado. Es lógico. Ella gana. Él pierde. "No me va mal. Veremos como acaba el día".

Ana es uno de los 800 jugadores de más de 50 nacionalidades que desde ayer y hasta el miércoles disputan en Torrelodones (Madrid) la gran final del European Poker Tour (EPT) de Pokerstars, uno de los torneos más prestigiosos del mundo que repartirá esta edición, la primera que se celebra en España, 12 millones de euros en premios.

Cada jugador ha tenido que pagar 10.600 euros para poder participar

La malagueña asegura que se aficionó a las picas y los corazones hace menos de cuatro años, mientras estudiaba Historia en una universidad estadounidense. Desde hace dos, asegura que vive de ello. ¿Y la Historia? "He intercambiado los papeles por las cartas. En lugar de ser mi profesión, ahora es mi hobby", asegura.

La entrada de Jesús Cortes en la enorme sala del Gran Casino de Madrid donde se juegan 40 partidas simultáneas no deja indiferente a muchos. Éste aragonés de 23 años es, aseguran, el español que más lejos ha llegado en una edición de este torneo: fue segundo. Después de unos cuantos saludos, se dirige a la mesa de inscripción y saca de la cartera un fajo de billetes de 500 euros para pagar la cuota de 10.600 euros que da derecho a jugar. Como la mayoría de los que serán sus rivales estos días, dio sus primeros pasos con sus amigos cuando era un adolescente y, luego, pasó a internet, el mayor casino del mundo y donde, realmente, los jugadores profesionales ganan dinero. "Aquí se viene a ganar prestigio", reconoce.

No obstante, el ganador se embolsará dos millones de euros. Una minoría conseguirá cantidades menores. El 90% restante perderá. Uno de ellos parece que va a ser Marcelo Ramos, un brasileño que ha salido por primera vez de su país para disputar un torneo y al que, por ahora, la suerte no acompaña. Él consiguió una invitación al torneo gracias a las partidas clasificatorias que la organización monta en internet y en las que, por unos pocos euros, los que no pueden permitirse la elevada cuota de inscripción intentan hacerse un hueco en las mesas. "¿Ganar?. He venido a aprender", asegura en uno de los descansos de 15 minutos que fija la organización tras 45 de juego.

Varios masajistas recorren las mesas aliviando tensiones musculares

Sin dejar de apostar

Sólo han pasado seis horas desde el inició y la tensión empieza a pasar factura. Varias masajistas vestidas con ajustadas camisetas negras que aseguran que tienen "las mejores manos" van de mesa en mesa relajando cuellos y reparando contracturas musculares mientras los jugadores no dejan de apostar.

Nada parece inmutarles. Ni las conversaciones de los mirones ni el repiqueteo constante que ellos mismos hacen al juguetear con las fichas. Entre los jugadores no faltan las gafas de sol, abundan los cascos con música para aislarse y algunos ponen sus amuletos sobre la mesa. El británico Peter acaricia una pequeña rata de plástico que deja reposar sobre sus fichas.

Suena la melodía de El coche fantástico y por megafonía se anuncia que la apuesta mínima se eleva. Fatima Moreira, una holandesa excampeona de hockey en Pekín 2008 que ahora vive de los naipes, cumple con el nuevo límite. Es una de las fijas de los torneos, como revela la publicidad de su camiseta. Al fin y al cabo, el póquer es un negocio. Y hasta el miércoles, en Madrid, millonario.