Sábado, 7 de Mayo de 2011

Ganaría el oso

ANÍBAL MALVAR ·07/05/2011 - 10:43h

Una encuesta entre frikis ha dicho que si mañana se enfrentaran en primarias el oso y el madroño, ganaría el oso. No siempre ha sido así.

Cuando el madroño Josep Borrell arrebató en 1998 la secretaría general al oso Joaquín Almunia, ganó el madroño. Cuando José Bono inventó, muy a su pesar, al madroño ZP, perdió también el oso.

Paradójicamente, Madrid es la única ciudad que ha enfrentado madroño contra madroño, Tomás Gómez contra Trinidad Jiménez, el emergente contra la emergible, el tío contra la tía, y de ideas ya ni hablamos, que los dos tienen las mismas.

Huelga decir que en aquella guerra fratricida entre madroños y madroños, que enfrentó en primarias a los aparatistas de Jiménez contra los aparatosos de Gómez, ganó el más salvaje. O sea, el oso.

El oso es ese socialismo de gafas y seda que no desea refundar la izquierda

El oso no es ZP, que ya no está ni para oso, y de civilizador de civilizaciones hoy se transustancia en hijo de comunión diaria de Angela Merkel. El oso tampoco es Esperanza Aguirre: nunca se vio a ningún oso pintarse las uñas tan azules ni a una osa insistir en que el erario público pague el high school de su osezno.

El oso es ese socialismo de gafa y seda que no desea refundar la izquierda y que no habita en montañas lejanas ni en desiertos remotos, sino en cálidos consejos de administración.

Desde que ganó las primarias, Gómez se siente el elegido: "Nació de una tormenta, en el sol de una noche del penúltimo mes. Fue de planeta en planeta buscando agua potable. Quizá buscando la vida o buscando la muerte, eso nunca se sabe..." (Silvio).

Gómez se siente el elegido -eso es malo- y socialista -eso es bueno-. Hace tiempo que ningún socialista se lo cree (socialista): "Iba matando canallas con su cañón de futuro". El socialismo es pueblo, no aparato ("Yo he preferido hablar de lo imposible, porque de lo posible se sabe demasiado"). Gómez tiene derecho a creérselo. Socialista. Sobre todo cuando ya no cree en su aparato. El del PSOE.

Gómez tiene derecho a creérselo, sobre todo si no cree en el aparato del PSOEZP ve en Tomás Gómez a un traidor. Tomás Gómez, al otro lado del espejo, piensa que ZP ha traicionado a los madroños obreros, a los cronopios de la política. Piensa que ZP, me lo ha dicho un mentalista, se ha travestido definitivamente en oso y fama dinerario y walk arround.

Pero Tomás Gómez no denunciará nunca a ZP delante de un micro. Lo intenta a pelo. No sabe ser el traidor. Tomás, ay, es solamente un cronopio madroño que mira al cielo en los carteles electorales. Pobre Tomás. Adiós, paloma. ¿Adiós para siempre? Adiós.

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