Viernes, 6 de Mayo de 2011

Los nacionalistas del SNP logran una victoria histórica en Escocia

Alex Salmond anuncia que habrá un referéndum por la independencia tras conseguir la mayoría absoluta

 

IÑIGO SÁENZ DE UGARTE ·06/05/2011 - 22:00h

REUTERS/David Moir - En el centro electoral de Aberdeen se contaban también los votos del referéndum sobre la reforma del sistema electoral.

La jornada electoral británica trajo consigo la sorpresa que ni políticos o periodistas supieron prever. Los nacionalistas consiguieron la mayoría absoluta en las elecciones al Parlamento de Holyrood y propinaron una dolorosa derrota a los laboristas, que durante décadas habían creído controlar la política escocesa.

La primera consecuencia es que el reelegido primer ministro, Alex Salmond, estará en condiciones de cumplir su promesa. Los escoceses podrán decidir si quieren seguir formando parte del Reino Unido.

Cameron promete defender la unidad del país "con cada fibra de mi cuerpo"

"De la misma forma que el pueblo escocés ha renovado su confianza en nosotros, debemos por tanto confiar en ellos", dijo este viernes Salmond. "Por eso, a lo largo de esta legislatura (que dura cinco años) habrá un referéndum para que el pueblo escocés decida sobre su futuro constitucional". El Partido Nacional de Escocia (SNP en sus siglas en inglés) no tiene prisa. Lo más probable es que el referéndum se celebre en la segunda mitad de la legislatura.

Salmond repitió el espectáculo de su primera victoria de 2007, entonces con solo dos escaños de ventaja sobre los laboristas. Llegó a Edimburgo en helicóptero desde Aberdeen. Hace cuatro años, eso pareció un exceso. Ahora, es una simple constatación de que, más que el primer ministro, es el presidente de Escocia, el político que ha alcanzado lo que ningún rival le suponía capaz. En su discurso, adoptó el papel del vencedor magnánimo y dijo que su partido tiene "una mayoría de escaños, pero no el monopolio de la sabiduría". No hizo ninguna referencia a la secesión.

Los sondeos

A lo largo de años, se han hecho muchas encuestas en Escocia sobre la independencia. El apoyo nunca suele ser superior al de una tercera parte de la población. Salmond confía en que eso cambie y que se sustente sobre una gestión carismática y eficaz del Gobierno escocés.

El SNP llegó al 45% de los votos y 69 escaños, cuatro por encima de la mayoría absoluta y 23 más que en los comicios anteriores. Los laboristas se quedaron en 37.

Lo más llamativo es que el sistema electoral escocés está pensado para que ningún partido consiga la mayoría absoluta. El 60% de los escaños se asigna en circunscripciones que gana el candidato más votado. El resto, por el sistema proporcional.

El programa independentista de Salmond no hizo que David Cameron perdiera la cabeza. Con el fair play habitual en la política británica, felicitó a Salmond por la victoria y prometió "tratar al Gobierno y pueblo escocés con el respeto que merecen".

Los laboristas sufren una dolorosa derrota en lo que era su feudo electoral 

En relación al asunto más delicado, Cameron no eludió que estará en la trinchera opuesta a la de los nacionalistas escoceses. "Pero sobre el tema del Reino Unido, si celebran un referéndum, haré campaña para mantener unido al país con cada fibra de mi cuerpo".

De sus palabra, se deduce que Londres no entablará una batalla legal con el Gobierno de Escocia para impedir la celebración de la consulta. El Reino Unido no tiene una Constitución escrita y por tanto no hay ningún artículo que pueda verse vulnerado por las intenciones de Salmond.

Sin embargo, hay constitucionalistas que han expresado dudas sobre la legalidad de una consulta de esas características por creer que el Parlamento de Westminster en Londres es el único que representa la soberanía nacional. Otros expertos discrepan de esa interpretación. En cualquier caso, la contienda por el futuro del país será política, y no jurídica.

Los sondeos no supieron apreciar la ventaja que estaba adquiriendo Salmond. Le daban la opción de conseguir algunos escaños más que los laboristas y no descartaban que la distancia se hubiera estrechado en los últimos días de campaña.

Reflejaban en cierto modo el desdén con el que la prensa de Londres ha tratado hasta ahora a Alex Salmond, al que consideraba un personaje más pintoresco que de primera fila. A partir de ahora, tendrá que mirar hacia el norte con otra actitud.

Gestión de éxito

Salmond ha cimentado la victoria en primer lugar con su gestión de los últimos cuatro años. El SNP es un partido de centro izquierda con la tendencia de conceder subsidios sociales a sectores sociales desprotegidos, de los que hay muchos en Escocia. Los jóvenes tienen que estarle muy agradecidos porque las matrículas universitarias son gratuiras a diferencia de lo que ocurre en Inglaterra.

Pero por otro lado mantuvo buenas relaciones con la comunidad empresarial, que le premió con un apoyo generalizado durante la campaña.

Al iniciarse la campaña, seis de cada diez escoceses estaban satisfechos con su gestión. En la valoración de líderes, arrasaba a sus rivales.

No lo habría tan tenido tan fácil si los laboristas no hubieran cometido errores estratégicos inauditos. Frente a un primer ministro muy popular, decidieron ignorarlo y centrar su campaña en los ataques contra los conservadores, casi irrelevantes en Escocia.

Además, los nacionalistas se han beneficiado del hundimiento del voto a los liberales demócratas, al igual que en el resto del país, y han sido los principales receptores de esa fuga de votos.