Jueves, 5 de Mayo de 2011

Carrère confiesa que ha escrito "un libro con cosas duras, pero con confort psicológico"

EFE ·05/05/2011 - 17:25h

EFE - Fotografía facilitada por Editorial Anagrama del escritor francés Emmanuel Carrère, que se consagró novelando la vida del criminal Jean-Claude Romand en "El adversario", ha reconocido hoy que en su nuevo título, "De vidas ajenas", que narra situaciones de una gran dureza, aunque las escribió "con un cierto confort psicológico" al hacerlo con "legitimidad".

El escritor francés Emmanuel Carrère, que se consagró novelando la vida del criminal Jean-Claude Romand en "El adversario", ha reconocido hoy que en su nuevo título, "De vidas ajenas", narra situaciones de una gran dureza, aunque las escribió "con un cierto confort psicológico" al hacerlo con "legitimidad".

La última historia de Carrère, publicada en castellano por Anagrama y en la que todo es "absolutamente verídico", cuenta la muerte de una niña de cuatro años a causa del gigantesco tsunami que en 2004 asoló Sri Lanka y el fallecimiento por un cáncer de mama de su cuñada Juliette, una mujer en la treintena, con tres hijas.

El autor galo no ha escondido que en un primer momento, antes de sentarse ante el ordenador, pensó que podría ser "obsceno" ahondar literariamente en estos dos acontecimientos que vivió muy de cerca, puesto que también se encontraba en Sri Lanka cuando ocurrió el maremoto.

Sin embargo, conoció a Étienne, un juez, como su cuñada, muy amigo de ella y que igual que ella había sufrido un cáncer de joven que lo había dejado cojo, y quien "de forma apasionante hablaba de su amistad con Juliette, de su trabajo para que la sociedad fuera más justa, e incluso de su minusvalía".

"Hablaba de todo ello -ha proseguido- con una gran libertad y audacia y pensé que saldría un libro fantástico si supiera escribirlo como él me explicó su relación con Juliette".

El punto de partida de su nueva novela de no ficción fueron, por tanto, las dos primeras horas de conversación que mantuvo con Étienne y fue después cuando decidió plasmar en la primera parte del libro su experiencia en Sri Lanka, acompañando a unos jóvenes padres en los momentos posteriores al terrible deceso de su pequeña.

A su juicio, el libro trata de situaciones muy duras, pero las escribió con "un cierto confort psicológico", porque lo hizo con la "legitimidad" que le dio haber recibido el permiso de Étienne y de otros implicados en el relato, a los que dice no haber traicionado, "aunque escribir la agonía de Juliette no fue nada agradable".

A pesar de lo que pueda parecer por la temática que trata, Carrère ha defendido que su libro no se percibe como algo triste, por lo que hay en él de énfasis en los vínculos que se forman entre las personas en estas situaciones.

Por otra parte, ha mantenido que se puede ver, asimismo, como una novela con dimensión social y política, puesto que hay una parte en la que se fija en el trabajo de Juliette y Étienne, con gente muy sencilla, a los que ayudaban en sus vicisitudes con las leyes, a la vez que trabajaban para conseguir "una sociedad más justa".

Preguntado sobre el hecho de que sus últimas obras son todas de no ficción, el escritor ha rememorado que durante quince años fue un novelista de novelas de ficción, pero cuando publicó "El adversario" cambió la manera de ver las cosas y se sintió muy libre escribiendo a partir de hechos verídicos, con técnicas propias de la novela.

En este sentido, ha precisado que sigue siendo lector de ficción, pero no quiere en estos momentos escribir novelas.

Precisamente, ha avanzado que hace apenas un mes acabó de escribir otro libro, con más de 500 páginas, centrado en el disidente ruso Eduard Limonov, un hombre que se considera a sí mismo como a un héroe, aunque "otros lo consideren 'purria'".

En cuanto a si siente atracción por los personajes patológicos, Emmanuel Carrère ha asumido que hace años sí sentía fascinación por gente con problemas psíquicos, pero con los años "y el aumento de la capacidad de empatía, la fascinación ha ido disminuyendo" y ha aseverado, categórico, que en "De vidas ajenas" sólo habla de las "desgracias ordinarias, o sea de la muerte de personas cercanas, de separaciones o de enfermedades. Sin ellas no se puede vivir", ha apostillado.