Lunes, 2 de Mayo de 2011

Talentos oprimidos

Los tres clásicos, con más tensión que fútbol, han minimizado el juego de futbolistas como Özil, Pedrito, Xabi Alonso o Alves

 

L. J. MOÑINO / RUT VILAR ·02/05/2011 - 08:00h

Özil trata de hacerse con el balón ante la oposición de Mascherano y Busquets. afp

Futbolistas desnaturalizados y desposeídos de sus virtudes por las consignas de los entrenadores. Corsés tácticos que han impedido un espectáculo acorde a la nómina de jugadores estelares que se esparcía por el césped. Marrullerías, entradas de hacha y tiza, simulaciones teatrales, ruedas de prensa incendiarias. Los tres clásicos han dejado más incidentes y rabiosa intensidad que fútbol. Por el camino se han quedado talentos a los que aún se les espera para el clásico de mañana. En uno y otro equipo se ha echado en falta futbolistas que estaban llamados a papeles menos funcionariales y más brillantes.

En el Madrid llama la atención la pérdida de protagonismo de Özil en el momento más decisivo del curso. No fue titular en el primer clásico, correspondiente a la Liga. Fue reemplazado en el descanso de la final de Copa y la misma suerte corrió en el duelo de ida de las semifinales de la Liga de Campeones. El mediapunta alemán ha sido el mayor perjudicado por los miedos de Mourinho. Hasta que dio comienzo el maratón de clásicos estaba considerado como el pinturero de su equipo. El trivote y la estrategia espartana con la que su entrenador ha pretendido imponerse al Barça le ha relegado a un papel secundario. Pepe ha sido más importante que Özil. Nadie como el mediapunta alemán escenifica la desnaturalización a la que la pizarra de Mourinho ha sometido a sus talentos.

En el Madrid, el papel secundario de Özil escenifica los miedos de Mou

Xabi Alonso es otro de los enajenados por el plan diseñado por su técnico en estos tres partidos. Defensivamente no tiene reproche alguno. Como constructor de juego, sus números se han resentido sensiblemente. Acredita 63 pases de media en Liga. En estos tres clásicos ha ejecutado 25, 39 y 40. Apenas se le recuerdan cambios de orientación para abrir el campo porque su equipo no ha jugado a dominar. Tampoco se ha prodigado mucho en una secuencia que domina a la perfección: robo en campo contrario y pase al hueco. Ha vivido encajonado en su propio terreno el mayor tiempo de los tres partidos.

El plan ofensivo de Mourinho se ha reducido al contragolpe, a muy pocos toques y siempre verticales en busca de agujeros en la defensa del Barça que pudiera explotar la velocidad de Cristiano. El portugués estuvo peleón en el partido de Liga y fue decisivo en la Copa, pero en el duelo del miércoles explotó. Se vio solo en el frente de ataque, obligado a presionar en solitario y a recibir de espaldas. Ninguna de esas tareas le complace y siempre las ha utilizado como argumento para no jugar ahí. Tesis que también defendía su entrenador cuando clamaba al club por un nueve.

A Cristiano le gusta recibir de cara y con espacios. Cuando el miércoles levantó el brazo a los 15 minutos de juego delató que la táctica de su entrenador le estaba enterrando. Ese gesto y sus declaraciones posteriores contienen un arma arrojadiza para cualquier técnico: futbolistas virtuosos interpretando que la pizarra, es decir, su entrenador, es más importante que ellos. Esa impresión se destila ahora en Valdebebas. Mourinho necesita remontar mañana un 0-2 y los nombres de Kaká, Higuaín, y Benzema, reducidos a la nada en estos tres clásicos, aparecen en el horizonte.

El Barcelona sigue a la espera de la mejor versión de Alves y Pedrito

En el Barcelona, corto de efectivos, han participado casi todos. Aunque la propuesta del Madrid, la acumulación de partidos y las lesiones también han pasado factura a los azulgrana que, en esta serie de clásicos han extrañado especialmente la mejor versión de Alves y Pedrito.

Guardiola ha atado en corto al brasileño para evitar que en sus habituales incorporaciones al ataque los jugadores del Madrid le burlaran la espalda ni en el duelo de Liga ni en el de Champions centró el lateral al área, aunque este año promedia 5,3 centros por encuentro .

Aún así, Di María le ha ganado la partida. Alves no ha conseguido contrarrestar la velocidad y profundidad del argentino. Insiste el zaguero en intentar recuperar el balón en lugar de evitar el desborde de su oponente. En positivo, cabe señalar, que el brasileño casi siempre seleccionó bien sus incursiones en ataque.

Renqueante por culpa de una pubalgia, a Pedrito le falta chispa. Centrado en recuperar sensaciones cuanto antes, anda sin cambio de ritmo. Así las cosas, apenas desborda en el uno contra uno, aunque, generoso en el esfuerzo, el equipo agradece su trabajo en la presión y la amplitud que genera en ataque. El canario sigue en busca de su mejor versión. También Busquets, poco preciso en los últimos partidos. En el Bernabéu, con el césped alto y seco, le costó adaptar su juego. Estuvo menos seguro en el pase, tímido incluso en los balones divididos. Dubitativo en la toma de posesión. Carencias que mejoró en la segunda parte del último clásico donde seleccionó con más acierto la salida de la pelota y ganó incluso alguna segunda jugada. Tácticamente, poco se le puede reprochar al de Badía.

A igual que Busquets, Xavi desplegó su mejor repertorio en el partido europeo. Ahogado en el césped del Bernabéu, durante el duelo de Liga no pudo dar velocidad al equipo. Superado físicamente por la medular del Madrid, el volante sufrió para hacerse con la manija del partido. En cambio, el miércoles pasado su aportación resultó determinante.

De cara a mañana, el Bar-ça celebra la recuperación de Iniesta, ausente por lesión en el último clásico y clave en Mestalla para explicar el cambio de su equipo tras el descanso. Delante, espera los goles de Villa, vital hasta ahora en otros menesteres menos agradecidos.