Lunes, 2 de Mayo de 2011

Los poderes territoriales de PSOE y PP se la juegan a un año de las generales

Los precedentes demuestran que los resultados de las locales no sirven de primera vuelta en la carrera hacia la Moncloa

PERE RUSIÑOL ·02/05/2011 - 08:00h

PÚBLICO -

La campaña aún no ha empezado formalmente, pero ya no debe de quedar ningún político que no esté en campaña: todo está a punto para que el jueves por la noche arranque la carrera hacia el 22-M, el primer gran pulso electoral en España después de que el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, agitara el tablero político anunciando que no optará a la reelección.

Están en juego los gobiernos de 8.116 municipios y de 13 comunidades autónomas todas, salvo Euskadi, Galicia, Catalunya y Andalucía, pero la batalla no es sólo por el poder territorial: aquí empieza también el gran asalto de 2012, aunque puede que sea difícil descifrar cuál de los caminos que se abrirán pueden conducir a la Moncloa.

Los conservadores lo fían todo al hipotético voto de castigo al Gobierno

Pese a que algunos de los grandes terremotos políticos en España han tenido su epicentro en los comicios municipales como la proclamación de la II República, el 14 de abril de 1931, lo cierto es que las lecturas de las elecciones locales y autonómicas en clave de primarias hacia La Moncloa suelen alimentar espejismos que se desvanecen en cuanto las urnas vuelven a abrirse.

Las tres últimas series son muy contundentes: en 1999 se pasó del empate técnico entre el PP y el PSOE en las municipales, separados por apenas 38.000 sufragios y 0,04 puntos en favor de los conservadores, a la aplastante mayoría absoluta de José María Aznar en 2000, con una ventaja de 2,4 millones de votos. En 2003, otra ventaja mínima esta vez a favor del PSOE: 0,12 puntos y 125.000 votos se multiplicó por diez en favor de Zapatero un año después. Y en 2007, cuando Mariano Rajoy creía acariciar ya el ansiado trofeo con los 156.000 sufragios que el PP sacó de ventaja a los socialistas en los comicios locales de mayo, fue superado por más de un millón de votos en las generales celebradas el 9 de marzo del año siguiente.

Todos los expertos en sociología electoral coinciden: en las municipales lo que se vota es básicamente la gestión de los alcaldes. Siempre hay una franja de electores más politizados que priman la ideología sobre todo en las localidades grandes, pero la clave en este tipo de comicios de mayor proximidad al ciudadano es el prestigio del cabeza de lista.

El PSOE confía en que se prime la gestión local tras el anuncio de Zapatero

Ruido electoral

Otra cosa es el impacto del ruido de la política nacional cuando se expresa en decibelios muy altos: de ahí la presión de los barones socialistas que el 22-M o se juegan directamente el puesto o la fortaleza de su músculo territorial para que Zapatero desvelara sus planes de futuro antes del inicio de la campaña y ayudara así a descontaminar los comicios de política nacional, muy marcada por el paro y los ajustes.

Los socialistas catalanes, que ven amenazadas plazas que controlan desde 1979 (como Barcelona y Girona) han llevado esta filosofía hasta el extremo sin precedentes de evitar el desembarco de ministros en campaña. El objetivo, expresado por el PSC y respetado por el PSOE, es centrarse exclusivamente en la gestión local, pero supone otro salto en su particular zigzag táctico: el PSC ha pasado de gobernar siete años junto a los independentistas a diseñar, el pasado noviembre, la campaña autonómica más abrazada al PSOE de su historia y, cinco meses después, a lanzarse a su primera campaña sin la más mínima huella del partido hermano.

El PP busca una bola de nieve que acerque a Rajoy a la Moncloa

Los estrategas del PSOE consideran que la descompresión que ha favorecido Zapatero anunciando que no será candidato a la reelección puede tener el 22-M un efecto favorable de entre dos y tres puntos. Ello, junto con la buena valoración en las encuestas de sus principales candidatos, disiparía el escenario de hecatombe que temieron vislumbrar.

En cambio, el PP considera que el efecto del anuncio del presidente será menor: "Todo el mundo sabe que Zapatero sigue en su puesto y que el Gobierno del PSOE lo está haciendo muy mal", insiste un dirigente convencido de que muchos electores querrán gritar "¡basta!", aunque sepan que el jefe del Ejecutivo no se presentará a la reelección.

Peligro de relajación

IU sube en los sondeos, pero sus bastiones de poder peligran

Pero incluso el PP tiene claro que el 22-M estará lejos de conseguir una ventaja tan amplia como la que le asigna la mayoría de encuestas para las generales, que el pasado viernes el barómetro de abril del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) situó en 10,4 puntos. Según sus estrategas, una victoria más ajustada no sería necesariamente mala para Rajoy porque ejercería de vacuna contra la relajación, uno de los peores virus con los que debe lidiar un candidato.

Los mismos analistas consideran que esta victoria aparentemente menor podría servir igualmente como bola de nieve hacia la Moncloa si se dieran además dos condiciones: un salto de poder autonómico equiparable al de 1995, cuando el PP conquistó de golpe siete autonomías que no gobernaba, o arrebatar al PSOE alguno de sus bastiones emblemáticos. Particularmente, uno: Castilla-La Mancha, donde los socialistas gobiernan desde los primeros comicios, en 1983, y donde volverá a batirse la mano derecha de Rajoy, María Dolores de Cospedal. Esta será la madre de todas las batallas.

El mapa actual

El hundimiento de Unió Mallorquina allana el camino al PP de Balears

El reverso serviría también para medir el éxito del PSOE: cuanto el mapa autonómico resultante del 22-M más se parezca al actual van a las urnas cinco comunidades gobernadas por el PSOE, cinco por el PP y tres por regionalistas, más sólidas parecerán las barricadas junto a la Moncloa. Y si además de mantener Castilla-La Mancha, los socialistas lograran algún avance de peso los más optimistas no arrojan la toalla en la Comunidad de Madrid, cualquier derrota dulce desde el punto de vista aritmético incluso podría convertirse en un torpedo con potencial de hacer añicos los augurios más sombríos.

De las cinco plazas autonómicas que aún conserva el PSOE, la más frágil parece Illes Balears, porque en 2007 el PP se quedó a un solo escaño de la mayoría absoluta y el socio clave que permitió formar gobierno, Unió Mallorquina, está en caída libre carcomido por la corrupción. Además, el PP ha limpiado sus listas de imputados, a diferencia de las del País Valencià, cuyas vinculaciones con el caso Gürtel empiezan en la cúspide con Francisco Camps como candidato a la reelección.

En el polo opuesto se encuentra Extremadura, donde incluso el PP reconoce que tiene difícil ganar. Y en medio, Castilla-La Mancha, donde los sondeos detectan una recuperación del PSOE; Aragón, donde los socialistas no sólo deben consolidar una candidata nueva Eva Almunia, sino también evitar que el PP pueda sumar con el PAR; y Asturias, donde aún es una incógnita lo que pueda hacer Francisco Álvarez-Cascos.

Los socialistas consideran Extremadura su plaza más segura

El pulso de Asturias

Pese a que el ex general secretario del PP supone para este partido una seria competencia en el espacio de la derecha, su mera entrada en la Cámara le resultaría muy beneficiosa: los conservadores podrían aspirar a la presidencia sin alcanzar la mayoría absoluta, requisito este que hasta ahora era imprescindible por la colaboración entre el PSOE e Izquierda Unida.

La federación de izquierdas confía en que estas elecciones supondrán un punto de inflexión que detendrá el declive de la última etapa en toda España. Y pese a que los sondeos auguran que globalmente mejorará su porcentaje de voto, la paradoja es que ve peligrar sus principales bastiones de poder institucional: no sólo su participación en el Gobierno de Asturias, sino también en el Ayuntamiento de Sevilla. Y la alcaldía de Córdoba.

La batalla más enconada y clave se librará en Castilla-La Mancha

IU disputa, además, otra batalla muy particular por el espacio a la izquierda del PSOE, focalizada en el País Valencià e Illes Balears, donde ha sufrido escisiones que se han hermanado con Iniciativa per Catalunya Verds, aún socio electoral de IU. Si estas nuevas ofertas superaran la reválida de las urnas, el escenario de que el polo verde que lidera ICV acabe confluyendo en 2012 con Equo, la plataforma que impulsa Juan López de Uralde, exdirector de Greenpeace, sería más plausible. Y mucha mayor, por tanto, la amenaza para IU en su propio espacio.

Pero de las múltiples batallas que se dirimen el 22 de mayo, la más urgente empezará el día siguiente. Y la librarán todos los ganadores, sin distinción política: cómo pagar las facturas.