Lunes, 2 de Mayo de 2011

A la espera de volver al mar

Pescadores senegaleses que tuvieron que dejar su tierra ansían pescar en el Mediterráneo

BRAIS BENÍTEZ ·02/05/2011 - 08:00h

TONI VILCHES - Abdoulaye, en Roses, con una red de pesca.-

En 2006, Abdou-laye Ndoye salió de Dakar rumbo a Canarias, en un viaje por mar que debía llevarle a un futuro mejor que el que tenía en su tierra. La falta de expectativas laborales le había impulsado a emprender un trayecto lleno de incógnitas, aunque el océano no era nuevo para él.

Desde los 16 años el mar era su medio natural. A bordo de pequeñas embarcaciones de pesca, había recorrido la costa junto a su familia y colegas en busca de merluzas y sardinas. Pero esta vez era distinto. En el cayuco en el que viajaba junto a decenas de senegaleses, un pequeño hornillo de gas y varios sacos de arroz se convirtieron en su medio de supervivencia para la travesía. Durante treinta días y treinta noches permanecieron a la deriva, esperando un puerto donde poder atracar sin ser vistos por la Guardia Civil. "Fue muy difícil, muy difícil", recuerda.

Abdoulaye pasó 30 días a la deriva antes de llegar a Tenerife

Desembarcó en Tenerife y pudo esquivar los controles fronterizos. "Tuve suerte, a algunos compañeros míos los pillaron y los enviaron de vuelta a Senegal", explica Abdou-laye. De allí cruzó el estrecho y llegó hasta Córdoba, donde poco tiempo después cogió un tren hacia Barcelona, donde le esperaba un amigo. "Él me acogió en su casa, por eso quería venir aquí. Aquí tenía a alguien".

Mantero en el puerto

Su mayor ilusión era encontrar un empleo de pescador en Catalunya y volver a faenar, pero la falta de un contrato laboral y de documentación en regla se lo impedían. Su primer trabajo lo encontró cerca del mar, pero muy distinto de lo que él quería hacer. En los alrededores del Maremágnumde Barcelona, junto al puerto, una manta en el suelo con mercancía ilegal le aportaba algo de dinero para subsistir. "Casi cada día teníamos que salir corriendo huyendo de la Policía", cuenta. Y se hartó. Junto a otro compañero, decidió recorrer los puertos en busca de un patrón que lo aceptase en su barco.

Le dijeron que debía pagar 1.000 euros por un contrato, y lo perdió todo

En Arenys de Mar, a unos 30 kilómetros de la capital catalana, un patrón de barco aceptó emplearlo como limpiador. "Al mediodía, cuando llegaban con la pesca, nos encargábamos de asear la embarcación y sacar las basuras. El patrón nos daba 20 euros, 30 euros, dependía del día...". Fue entonces cuando un individuo le dijo que para conseguir un contrato tenía que pagar mil euros. "Me robaron el dinero que había guardado y me quedé sin nada. Me llamaba mi madre y me decía: ¿Te va bien?' Yo le contestaba: No, no va bien. Va muy mal, no tengo a gente, no tengo a nadie'".

Nacido en la capital de Senegal, tras la muerte de su padre dejó allí a su madre, a la que "respeto mucho, siempre le consulto antes de hacer cualquier cosa". Hablar de su madre hace que le tiemble la voz. Su situación no ha mejorado mucho desde que llegó a Barcelona. Sigue sin permiso de residencia y se muestra intranquilo por hablar con la prensa. Sin embargo, gracias a su contacto con las asociaciones de senegaleses, se encuentra estudiando un curso en la Cofradía de Pescadores en Roses, cerca del Cabo de Creus, para embarcar de nuevo y volver a su vida: la pesca.

Un comienzo difícil

Los títulos de pesca son el pasaporte para faenar en aguas españolas

Junto a Abdoulaye se encuentra Abdouye Gaye, compañero de fatigas desde que recogían a toda prisa las mantas junto al puerto de Barcelona. Abdouye también nació en Dakar y, como su amigo, se dedicó a la pesca desde muy joven. "El primer año, cuando llegué a Catalunya, lo pasé muy mal. Mis compañeros me ayudaban para pagar la luz, el agua... Todo era muy caro", recuerda Abdouye.

Comenzó a estudiar español. Cuando consiguió regularizar su situación, se acercó a los muelles para tratar de enrolarse en un pesquero. "No me aceptaban sin los títulos de pesca", asegura. Espera que el curso que está estudiando junto a Abdoulayele permita salir a faenar como hacía a diario en el Atlántico.

En la colonia de pescadores senegaleses en Catalunya también se encuentra Mathieu Jaques Ndiaye. Diez años atrás, Jaques faenaba en un barco de bandera española en Senegal. "Vine a España porque, a pesar de trabajar en un pesquero español, no ganaba un sueldo español, sino uno senegalés. Sólo con el permiso de residencia y de trabajo en España podía ganar lo suficiente para enviar a mi familia", explica. Desde que en 1995 acabó el servicio militar en la marina no había abandonado el mar. Comenzó recogiendo fruta en las plantaciones del Maresme, más tarde se empleó en la restauración y fue encadenando empleos hasta que a finales del 2009 se quedó en paro.

Actualmente vive en Ca­net de Mar, donde se ha apun­tado a un curso de informática mientras espera que le llegue la ayuda de 400 euros para desempleados que otorga el Gobierno. Con los papeles en regla, ya posee el título de máquinas y comunes y sólo le falta el de puentes para alcanzar su sueño: ser patrón de barco en España.