Lunes, 2 de Mayo de 2011

La táctica silente de Pedrosa

La caída de Simoncelli en el primer giro aplaza para Le Mans el duelo en carne viva con el campeón

ALBERTO CABELLO ·02/05/2011 - 08:00h

El piloto de Repsol Honda, Dani Pedrosa, adelanta a su compatriota de Yamaha, Jorge Lorenzo. EFE

Que si Stoner y Rossi no se tragan, que si Lorenzo le atiza a Simoncelli. ¿Por dónde andaba Dani Pedrosa? Maquinando. El piloto de Honda había cantado bajito durante las sesiones de entrenamiento en Estoril. Todavía no recuperado del todo de su operación de clavícula, los test del viernes y el sábado sirvieron para que se autodiagnosticara. Era la primera vez que se montaba en la moto después de su intervención. La estrategia salió perfecta. Consiguió su primera victoria de la temporada en territorio Lorenzo. El himno español festejó su triunfo en un circuito donde el campeón del mundo tiene un palmarés enorme: tres primeros puestos y cuatro poles consecutivas.

Pedrosa se asomó lo justo por el primer puesto. Tomó apuntes durante buena parte de la prueba por detrás de su gran rival de Yamaha. La victoria estaba en un adelantamiento, en una maniobra rotunda que dejara al balear sin respuesta. El hombro todavía no está para excesos. El sábado dijo que durante la prueba le dolería y le dolió. Así que el plan debía tener un sólo enfoque. Contundente. Que le llevara el menor esfuerzo posible.

Los dos españoles calcaron sus tiempos durante 25 vueltas

Antes, Simoncelli volvió a demostrar que lo que dicen de él le resbala tanto como su moto en las trazadas. Su caída en la primera vuelta aplazó ese duelo en carne viva con Lorenzo para dentro de dos semanas en Le Mans. Vendrá bien esta prórroga para calmar a ambos después de que en la rueda de prensa del sábado todavía incendiaran más el asunto con declaraciones rudas. Desprovista de la melenuda cayena italiana, la carrera fue la más estratégica de MotoGP en mucho tiempo.

Otro contratiempo despejó aún más la lista de pretendientes a ocupar el puesto más alto del cajón: Stoner sintió fuertes molestias en la espalda cuando ya iba sobre la moto. Aunque reconoció que estuvo a punto de parar antes del final, aguantó como pudo el tercer puesto que le dan unos puntos necesarios después del cero de Jerez tras el incidente con Rossi.

Sin Simoncelli y con Stoner a medio gas, los dos españoles se marcharon sin problemas del resto de sus rivales. Se puso en marcha, entonces, la estrategia de Pedrosa. Durante muchos giros imitó los movimientos de Lorenzo. En ningún momento le asomó la rueda en paralelo para intentar pasarlo. Nada. Eran dos pilotos separados por 71 milésimas en una vuelta y a la siguiente seguían distanciados por el mismo suspiro. Clavaban los tiempos con la exactitud de esos relojes atómicos que tardarían millones de años en desfasar un segundo.

El campeón del mundo no pudo responder al tirón postrero del catalán

Nada hacía pensar que la clavícula daba problemas, pero sí molestaba. Sin embargo, la operación de hace tres semanas ha servido para tachar de la lista de síntomas la falta de sensibilidad en la mano. La articulación responde en el manillar a las órdenes del piloto.

Mitad de carrera y todo igual. Uno pegado a otro, sin alterar posiciones, ni un sólo adelantamiento que echarse a la boca para saborear este duelo tan clásico. Pedrosa quería desgastar todo lo posible a Lorenzo para equilibrar las fuerzas lo máximo posible de cara a los últimos giros.

A falta de cuatro llegó la hora. Apuró una frenada en el final de recta que le facilitó la maniobra por el interior. Pedrosa explotó. Sacó esas fuerzas que andaban guardadas en la reserva para tirar ya sin contemplaciones. El campeón del mundo, exhausto por la presión de 25 vueltas con la Honda pegada, fue incapaz de responder a la propuesta del catalán. Llegó a meta con tres segundos de desventaja.

Los gestos posteriores a la bandera de cuadros denotaron a partes iguales dolor, emoción y sorpresa en el maltrecho cuerpo de Pedrosa. Encogía el brazo en la vuelta de honor protocolaria en clara señal de sufrimiento. Luego, en el abrazo con su gente hubo más de una lágrima. Por último, en sus declaraciones, pasmo ante una victoria que llegó sólo tres semanas después de salir del quirófano.