Domingo, 1 de Mayo de 2011

"Mueren soldados cada día y ¿para qué? No vamos a ganar"

Este ha sido el peor mes de abril para la OTAN en los diez años de guerra afgana: han fallecido 51 militares

ANTONIO PAMPLIEGA ·01/05/2011 - 09:00h

AFP - Un marine de EEUU patrulla frente a un bazar en Khanashin, en la provincia afgana de Helmand. -

La guerra de Afganistán se ha convertido en un quebradero de cabeza para los más de 130.000 militares extranjeros entre ellos 1.500 españoles que combaten a la insurgencia. Cada vez más desmoralizados, los soldados ven cómo el número de compañeros muertos aumenta mes a mes, las victorias militares escasean y la insurgencia conserva casi intacta su fortaleza: lejos de rendirse, contraataca y asesta duros golpes al corazón de las tropas internacionales.

Este ha sido el mes de abril más mortífero en los diez años de contienda. Según datos facilitados por la web icasualties.org, 51 soldados han perdido la vida, engrosando el número de víctimas mortales de 2011, que supera ya las 155.

Sin embargo, lo peor está por llegar. Junio, julio y agosto son, históricamente, los meses más duros y en los que se produce el grueso de víctimas mortales entre los soldados de la coalición.

Por si había dudas sobre si este año sería diferente, los talibanes anunciaron ayer el lanzamiento de la ofensiva Badar (primavera). Y reiteraron en un comunicado que las tropas de la OTAN son su objetivo principal, aunque no descartan atentar contra las fuerzas de seguridad afganas y los servicios de inteligencia.

Luchar hasta la extenuación

La insurgencia se muestra más activa en estos meses, ya que coincide con la recogida de los campos de opio. Sin miedo a echar a perder su principal fuente de ingresos, muchos talibanes retoman las armas y luchan hasta la extenuación contra las tropas internacionales.

La insurgencia está infiltrándose en las fuerzas de seguridad afganas y de la OTAN

"Ahora mismo la situación está bastante tranquila. Tenemos algunos enfrentamientos esporádicos con la insurgencia y de vez en cuando nos topamos con un IED (artefacto explosivo improvisado) que han colocado en la carretera. Pero me temo que lo peor está por llegar. Tras la recogida de los campos de adormidera esperamos que se produzcan enfrentamientos muy duros contra los talibanes. Así ocurrió el año pasado y este año estoy seguro de que volverá a ocurrir", afirma a Público el capitán Michael Mulvaney, responsable de la base avanzada Habib, en el norte del distrito de Musa Qa'lah (Helmand).

Helmand es, junto a Kandahar y Kunar, una de las provincias donde la presencia talibán se ha intensificado más en los últimos años, llegando a dominar buena parte del terri-torio.

Pocos kilómetros al sur de Musa Qa'lah se encuentra el distrito de Sangin, donde los talibanes no han esperado a que se recojan los campos de opio y no dan tregua a las tropas internacionales allí desplegadas. En los combates librados aquí por los marines estadounidenses durante los últimos meses, han perdido la vida 29 soldados, ostentando el dudoso récord de ser el lugar de Afganistán donde más soldados de la OTAN han fallecido.

"Es duro asistir a funerales"

"Lo más duro es asistir al funeral de un compañero. Es algo a lo que cuesta acostumbrarse. Sabemos que esto es una guerra y que estas cosas pasan pero es muy difícil de aceptar", afirma el cabo Juan Carlos Villalobos, tras asistir al sepelio del sargento Jason Roger, quien perdió la vida el pasado 7 de abril cuando un IED le arrebató la vida de cuajo. En ese mismo ataque, otro marine recibió de lleno la explosión de otra bomba y perdió las dos piernas y el brazo derecho.

"Aquí no te puedes fiar de nadie, porque pueden dispararte", advierte un teniente 

"Todos los días nos tenemos que enfrentar a lo mismo. Soldados muertos o mutilados por los IED... Y, total, ¿para que? No vamos a ganar esta guerra", sentencia Villalobos, quien ya estuvo en Irak en dos ocasiones.

En 2011, a los temidos suicidas y a los IED que pueblan las carreteras afganas se ha sumado la figura del infiltrado. La insurgencia ha conseguido burlar los controles de seguridad del ejército afgano, de la Policía y de la mismísima OTAN para colocar a sus hombres. Figuras que permanecen inactivas hasta el momento preciso en el que reciben el visto bueno para poder cometer sus atentados. El último caso costó la vida a ocho soldados de ISAF y a un contratista civil en el Aeropuerto Internacional de Kabul, la base más importante que tiene ISAF en la capital.

"No te puedes fiar de nadie. Ni soldados, ni policías, ni civiles. A la mínima pueden sacarte un arma y acabar con tu vida. Por eso, siempre que estoy en una shura (consejo) cargo el arma delante de ellos para que sepan que no estoy de broma", asevera el teniente David Fuqua.