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Domingo, 24 de Abril de 2011

La enfermedad que crece en una novela

Eduardo Mendicutti trata desde el humor su relación con el cáncer de próstata en su último libro 'Mae West y yo'

 

P. C. ·24/04/2011 - 08:00h

P. C. - El escritor Eduardo Mendicutti. Ángel navarrete

El último personaje creado por Eduardo Mendicutti, el diplomático Felipe Bonasera, tiene cáncer de próstata. Como el propio escritor. Bonasera trata de escapar a las preo-cupaciones creándose un álter ego con la parte enferma de su cuerpo, a la que empieza a llamar Mae West, como la actriz de los años treinta. Mendi-cutti hizo lo mismo con la escritura: "La enfermedad es siempre una experiencia muy rara porque te descoloca. Por eso, al convertir esta experiencia en ficción, lo que haces es vincularte otra vez con lo que te rodea y te ha preocupado siempre", cuenta. La ficción le llegó como un salvavidas en mitad de la marea.

Si las novelas de Mendicutti siempre han sido muy autoficcionales, con esta, Mae West y yo (Tusquets), el escritor ha dado un paso hacia adelante al utilizar una historia como forma de verbalizar una noticia que le descompuso "y me hizo pasar dos o tres meses horribles", reconoce. Cuando asumió la enfermedad y se serenizó, incorporó la dolencia a algunos escritos que ya tenía terminados. "Y a partir de ahí ya empezaron a fluir aquellos recursos que siempre he utilizado, como el humor, que no deja de ser una forma de coraje. Y, además, muy pudorosa, puesto que puedes hablar de la enfermedad contigo mismo y los demás sin crear tensión ni compasión", señala.

No obstante, aunque contenga momentos desternillantes, el tono de esta novela que dialoga con el cine clásico y el género negro es muy melancólico. La historia de un hombre que decide ir a pasar el verano en una casa familiar de Sanlúcar de Barrameda (Cádiz) ciudad natal de Mendicutti, aborda, aparte de la enfermedad, varias temáticas que tienen que ver con la pérdida. "Bonasera es un hombre en crisis y tiene un problema derivado de la soltería. No es ya el hecho de que sea gay, sino que está soltero y eso le provoca sensaciones de soledad y aislamiento", afirma.

Precisamente, esta forma de tratar la homosexualidad choca con cómo lo ha hecho el escritor en otras novelas en las que el tema gay era una forma de protesta o transgresión. "Es que eso ya no tiene sentido. Ahora, el hecho gay lo incorporas a las otras facetas de tu vida: la profesional, el compromiso, la solidaridad. Aunque eso no quiere decir que olvides lo que se ha tenido que luchar y conquistar", constata Mendicutti.

Pero si la aceptación del gay supone un avance social relevante de los últimos años, el escritor también da muestras en esta novela de un cierto momento de descalabro en nuestra sociedad. Hay personajes que suenan anacrónicos y otros que aparecen descolocados.

"Los años del gran desarrollo de este país han sido una ficción que parte de algo muy íntimo, pero que se acaba trasladando a la sociedad: el deseo de convertirnos en otros más guapos, más ricos y más felices. Hemos creado un artificio que ha provocado el gran batacazo", teoriza. Y para ello sólo tiene una solución: "Volver a la sensatez y a ser honrados".