Miércoles, 20 de Abril de 2011

Entre el quiero y el no puedo

Pepe y Özil.

LADISLAO JAVIER MOÑINO ·20/04/2011 - 08:20h

Pepe y Özil, durante el entrenamiento de ayer en Valdebebas. ap

El entramado táctico que diseñó Mourinho en el primer clásico ha situado a Özil y a Pepe frente a frente. Dos maneras antagónicas de interpretar el juego. Dos formas de decir a qué pretende jugar el Madrid frente al Barça en este maratón de clásicos. Con Pepe a destruir, con Özil a crear. Con los dos a la vez en el centro del campo está por ver lo que sucederá, si es que finalmente hoy juegan los dos desde el inicio.

Por comparación, la dualidad contiene la esencia de aquella frase dogmática del brasileño Tim: "El fútbol es como una manta, si te cubres la cabeza, te descubres los pies". Pepe es la manta de Mourinho.Uno de sus futbolistas de cabecera para construir el espinazo del equipo. Una pieza insustituible. Tanto que llegó a pelear por su renovación públicamente. Tanto que con él quebrantó su norma de no hablar de los lesionados. Mourinho nunca lamentó en público ni la baja de Kaká, ni la de Higuaín, pero sí la de Pepe: "No me gusta hablar mucho de jugadores que no juegan, pero tengo que decir lo que me parece. El equipo con Pepe no tiene miedo de dejar espacios a sus espaldas; el equipo con Pepe presiona mucho más; el equipo con Pepe presiona más arriba; el equipo con Pepe recupera balones más rápido; el equipo con Pepe es más peligroso en ataque".

El sábado Mou se arropó con el luso y luego se destapó con el alemán

Con Pepe como pivote,Mourinho se arropó en el primer clásico. Fue definitivo en el dibujo que diseñó su entrenador. La decisión le dio la consistencia que buscaba. Pepe robó más balones, 11, que Khedira (5) y Xabi Alonso (5) juntos. Su rapidez en los desplazamientos laterales y diagonales obstaculizaron la circulación del Barça. Y para Messi fue un plomo su rapidez de piernas para sacarle el balón. Con Pepe como tercer pivote, Mourinho se sintió seguro para mirarle a la cara al Barça con los ojos puestos en el resultado. El qué dirán no le importó. Nunca el Madrid había planteado un encuentro tan defensivo frente al Barça ante su propia hinchada.

A Mourinho, con Özil en el once, el dibujo no le parecía tan consistente como para tratar de cortar la hemorragia de derrotas y goleadas que arrastraba el Madrid en los últimos clásicos. Por eso le dejó en el banquillo en la primera cita. La decisión atentó contra el gusto y las preferencias de muchos madridistas. Incluido Florentino Pérez. Si Pepe es un hombre del clan Mourinho comparten agente, Özil es hombre del presidente. El fue su principal valedor después de que le entusiasmara en los primeros partidos del Mundial de Suráfrica.

De todas las incorporaciones de este verano, el mediapunta alemán es el que más ilusiones ha confirmado en los despachos y en la grada. Y están encantados con su vida tranquila de videoconsola, cine y refrescos de naranja. Özil ha llenado los ojos de la zona noble y de la hinchada con su cintura y su pierna izquierda. En la moqueta de Concha Espina se le considera un hombre récord por el poco tiempo que tardó en adaptarse y por la rapidez con la que el Bernabéu le adoptó. Cuando en las altas esferas se debatía el estilo Mourinho, Özil era el futbolista en el que se refugiaban sus esperanzas de ver buen fútbol. Era el jugador a exponer para defender que no se estaba atentando contra el paladar de Chamartín.

Uno es el jugador de cabecera del técnico y el otro un fichaje de Pérez

Cuando el sábado Özil saltó al campo, el Madrid fue otro. En la primera parte, su plan desembocó en una defensa sólida y en una ofensiva pobre de recursos. Las transiciones defensa-ataque se redujeron a simples pelotazos. Con Özil, el juego ofensivo del Madrid creció en encadenamiento de pases. La frecuencia de pelotazos largos disminuyó. Gran parte de las críticas que ha recibido el entrenador luso se centraron en la ausencia de Özil. Hoy veremos si se destapa desde el inicio con él o si sólo se arropa con Pepe.