Archivo de Público
Sábado, 16 de Abril de 2011

La coartada demasiado perfecta de Nabina

Detenida por matar a su marido maltratador tras simular un incendio

Ó. LÓPEZ-FONSECA ·16/04/2011 - 00:44h

Todas las piezas encajaban perfectamente. Un cigarro que prende accidentalmente en un sofá y provoca un incendio. Una víctima que se queda dormida y fallece por culpa del humo. Y una joven esposa que esa noche había salido para llevar al hospital a las dos niñas del matrimonio por una urgencia. Todo parecía explicar sin resquicio para la duda que la muerte el 14 de febrero en Melgosa (pequeño pueblo a 28 kilómetros de Burgos) del pastor marroquí Abdeleziz Bakkali (45 años) había sido un accidente.

Fue precisamente esa perfección la que hizo que la Guardia Civil comenzara a sospechar de la viuda, Nabina, una marroquí de 25 años. En primer lugar, les llamó la atención el lugar en el que apareció el cadáver: en el suelo de la cocina, a sólo dos metros de la puerta que daba a la calle, a la que Abdelaziz parecía no haber intentado llegar. En segundo, la salida de Nabina con sus hijas en una noche, la de aquel 14 de febrero, en la que la nevada aconsejaba permanecer en casa. Y, en tercer lugar, la convicción de que esta sufría malos tratos aunque no los hubiera denunciado.

La joven durmió a su esposo con somníferos y luego provocó el fuego

Durante dos meses, los agentes recopilaron prueba tras prueba, hasta que el pasado martes decidieron detener a la joven en Burgos, ciudad en la que vivía mientras arreglaba el papeleo para cobrar un subsidio. Nabina no tardó en derrumbarse y confesar el crimen. Aseguró que mató a su marido para poner fin al maltrato físico y a las humillaciones a las que este le sometía desde que cinco años antes sus padres la entregaran a él en matrimonio a cambio de 700 euros. Afirmó que la golpeaba con la defensa eléctrica que utilizaba para manejar a las ovejas y que, incluso, la amenazaba con matar a las dos niñas, de 1 y 3 años, si lo denunciaba.

Harta de aquello, el día de los enamorados la joven pidió a su médico que le recetase somníferos. Regresó al domicilio y consiguió que su marido tomase el fármaco mediante engaños. Una vez que vio que estaba dormido, encendió un cigarro y lo dejó presuntamente sobre el sofá para iniciar el fuego. Luego, cogió a las niñas y simuló que estaban enfermas para acudir a un hospital de Burgos a la espera de que las llamas hicieran el resto.

Cuando regresó sobre las 23.30 horas, vio la casa arder. Esperó un poco y luego llamó a los bomberos, que hallaron el cadáver. A partir de ese momento fingió ser una desconsolada viuda en la casa de la familia de su marido y en la de sus padres. Era la última pieza de un puzle que encajaba perfectamente. Esa fue su perdición.