Archivo de Público
Martes, 12 de Abril de 2011

La vitrina de Bob Pop

·12/04/2011 - 09:21h

EFE - Con el arranque del nuevo juicio a todo color por la ‘Operación Karlos’, en el que están imputadas la aspirante a odontóloga y anunciante ocasional de dietas vegetales, María José Campanario, y su madre por un ‘Quítame allá esas bajas’, comienza un apasionante serial multimedia con todos los ingredientes necesarios para el éxito: famosos, banquillos, bancos, dinero y poder. Ayer por la tarde, vimos llegar a la Audiencia provincial de Cádiz a Jesulín de Ubrique, junto a María José Campanario y a su madre, que subieron las escaleras de camino a la sala judicial jaleados por los gritos del respetable allí congregado: "¡Choriza!, ¡Ratera!, ¡Sinvergüenza!, ¡Ladrona!" Lindezas a pie de calle que recogieron los micrófonos de las televisiones allí apostadas para recoger el momento y que, mientras dure el proceso, veremos repetirse con similar entonación, aunque bastante mejor remunerados, en los programas del ramo. Este juicio es el sueño dorado del amarillosmo contemporáneo: sucesos y famosos, un completo.


El diseñador catalán ha diseñado el cartel que anuncia la célebre Feria de Abril barcelonesa de este año, para la que Custo ha decidido estampar la obra de Gaudí con sus propios motivos florales, incorporar las luces de Montjuic y, de paso, darle un toque sagrado (familiar). Nada más que añadir.


Después de que unas cámaras indiscretas pillaran hace unos días a Kate Moss posando para el fotógrafo Terry Richardson en un jardín parisino, los rumores más de moda aseguran que la modelo inglesa será la protagonista de la campaña de otoño de la firma española. Otra cosa es si eso significa que la veremos como nueva imagen de marca o será algo puntual.


EFE - Los príncipes de Asturias llegaron ayer a Jerusalén, donde posaron con su presidente Peres y unos niños entregadísimos a la causa. Felipe y Letizia visitarán también Ramala, y de allí viajarán hasta Jordania, donde se encontrarán con el el rey Abdalá II y su esposa Rania, en una cena privada de la que –para desgracia de los devotos de los parecidos razonables– no quedará constancia gráfica, que no están los jordanos para mucha gala real.