Domingo, 10 de Abril de 2011

"No podemos secuestrar la cultura, hay que estrenar a la vez en internet"

Dos antiguos presidentes de la Academia repasan la convulsa historia de la institución

CARLOS PRIETO ·10/04/2011 - 08:00h

Antonio Giménez-Rico y Eduardo Campoy charlan delante de un Goya en una sala de la sede de la Academia. Dani pozo

La Academia de Cine elige hoy nuevo presidente. Bigas Luna o Enrique González-Macho ocuparán un puesto por el que pasaron anteriormente Antonio Giménez-Rico, director de El disputado voto del Sr. Cayo (1986), y Eduardo Campoy, productor de La niña de tus ojos (1998) y expresidente de la FAPAE. Giménez-Rico y Campoy repasan la convulsa historia de una institución que celebra este año su 25º aniversario.

Público: Ser presidente parece haberse convertido en un marrón. ¿Siempre fue así?

"Que televisaran los Goya era como exigir el impuesto revolucionario"

Antonio Giménez-Rico. Cuando yo fui presidente [entre 1988 y 1992] las aguas bajaban tan revueltas que la Academia estuvo a punto de desa-parecer Lo que pasa es que no trascendía. No despertaba el interés actual, era una institución muy privada. Las luchas internas intestinas se remontaban a su fundación, en 1986. Una parte de la junta directiva apostaba por un ente elitista. Sin llegar al extremo de la RAE o la Academia de Bellas Artes, pero casi. Recuerdo una reunión en la que Jose María González-Sinde [primer presidente de la Academia, entre 1986 y 1988] comenzó a enumerar los posibles requisitos de acceso. Que si había que haber rodado cuatro películas. Que si esto y que si lo otro. Le dije: No sigas por ahí, porque entonces el que no entras eres tú' [risas]. Pero había otro sector que creía que debía ser una plataforma profesional de todo el cine. La Academia se abrió definitivamente en 1988, con el cambio de estatutos promovido por una comisión gestora presidida por Fernando Trueba.

Público: ¿Era un puesto atractivo?

A. G. R. No, nadie quería ser presidente. Suponía trabajo, marrones cayendo por todos lados y, por supuesto, ningún salario. Hasta hace poco tiempo el único método posible para conseguir un candidato era liarlo. En mis tiempos la Academia era un presidente, una secretaria y una especie de contable. No había un duro. No es como ahora. Pedir a las televisiones que dieran la ceremonia de los Goya era como exigir el impuesto revolucionario. Pensaban que la gala era un coñazo, que lo era, y no tenía el tirón popular que tiene ahora. Se ha demostrado que los Goya dan dinero y prestigio.

"La Academia siempre ha sido un interlocutor válido para los gobiernos"

Público: ¿Tiene poder el presidente?

A. G. R. No estoy seguro de que el presidente de la Academia tenga exactamente poder

Eduardo Campoy. Tiene influencia.

A. G. R. Eso es. La Academia siempre ha sido un interlocutor válido para la Administración. Cuando querían cambiar una ley, igual que convocaban a los grandes sindicatos o a los productores, llamaban a la Academia.

Público: Las relaciones con el gobierno de turno no siempre han sido buenas.

A. G. R. No. Y te pongo un ejemplo que me tocó de cerca. Hacia 1989 circulaba por la industria un borrador de normativa con los planes para el cine de Jorge Semprún [ministro de Cultura entre 1988 y 1991]. Semprún estaba entonces cabreado con el mundo del cine. Si analizamos su motivos vemos que la única explicación a su enfado era que Pilar Miró [directora general de TVE entre 1986 y 1989] no le cogía el teléfono (risas). Pilar Miró sí que tenía poder. Yo le pregunté una vez por qué no hablaba con Semprún y me dijo: ¿Por qué le voy a coger el teléfono a ese? Yo sólo cojo si me llama el presidente o el rey. A mí un ministro me trae sin cuidado'. El caso es que Semprún planteaba una reforma que acababa con el sistema. Un señor que venía del marxismo de pronto se sacó de la manga una normativa ultraliberal. Prácticamente era como si el cine fuera a fabricar zapatos. Todo quedaba a expensas de las normas del mercado, las películas minoritarias se iban a hacer puñetas, etc. Entonces estábamos preparando los Goya y se planteó aprovechar la ceremonia para darle un toque a Semprún. Se dudó sobre si era conveniente convertir la Academia en una plataforma reivindicativa, pero al final decidimos que no podíamos pasar por alto una ley que acababa con nuestro oficio. La Academia no podía mirar hacia otro lado y dedicarse a hablar de florecitas y chorradas. Aunque a mí no me parecía del todo oportuno no digamos ya a Berlanga, que se enfadó conmigo porque decía que íbamos a convertir los Goya en un mitin político acabé hablando de ello en mi discurso de presidente. Se organizó tal lío que conseguimos parar la normativa.

Público: Álex de la Iglesia puede haber sido el presidente de la Academia con más influencia política. Acabó carbonizado...

E. C. No creo que fuera el que más influencia política tuvo. Creo que su influencia era mayor en los medios de comunicación que en las instituciones. La Academia, como ha dicho antes Antonio, siempre ha tenido una gran influencia en la Administración. Luego nos harían caso o no, pero nos escuchaban con respeto. El gran salto hacia los medios de comunicación y la opinión pública se dio con la presidencia de Aitana Sánchez Gijón [entre 1999 y 2000]. Porque en las instituciones ya estábamos. Cuando se eligió a Aitana los medios empezasteis a hacer más caso de lo que decíamos. Un fenómeno que tocó techo con Álex. Hoy día, si estás enganchado a las redes sociales, como es el caso de Álex, la cosa se convierte en un reguero informativo incontrolable.

A. G. R. Es una Academia de profesionales mucho menos politizada de lo que creen nuestros enemigos. Te doy un par de ejemplos. Carmen Al-borch [ministra de Cultura entre 1993 y 1996] creó un nuevo sistema escuchando a la industria.

E. C. Que es el que sigue.

A. G. R. Es el que sigue porque es el mejor. Alborch, en vez de hacer decretos manu militari, como pretendía Semprún, se reunió con todo el mundo. Creó un sistema de ayudas automáticas. Desconocido, por cierto, para la mayoría de tus colegas periodistas. Es que no hago más que oír hablar de que se siguen dando subvenciones anticipadas. Eso hace 20 años que no existe. Hay que esperar a que se estrene la película, y a que obtenga cierto dinero en taquilla, para recibir ayuda del Estado. Si la película no se estrena, o se estrena y no va nadie, no hay dinero. Pues algunos periodistas no se han enterado todavía. No saben la cantidad de películas que no tienen ayuda.

E. C. Sólo hay una pequeña partida anticipada para películas de difícil salida o nuevos realizadores.

A. G. R. Son ayudas o inversiones.

E. C. Como tiene cualquier sector económico en este país.

A. G. R. Se trata de inversiones estatales en la industria cultural... Y retomo el hilo con el segundo ejemplo que demuestra que la Academia no está tan politizada como dicen. La sede se la debemos a Aznar

E. C. Y a Esperanza Aguirre

A. G. R. A ambos [risas].

E. C. La negociación empezó con Aguirre de ministra de Cultura y Aznar de presidente de Gobierno.

A. G. R. La célebre gala del No a la Guerra cuando todo el mundo salió allí, con toda la razón, criticando la implicación del gobierno en la guerra de Irakfue una cosa espontánea. La gente salía ahí y decía lo que le parecía. En la Academia todo el mundo dice lo que le da la gana. Pues bien. Cuando vi eso, lo primero que pensé fue: nos hemos quedado sin sede para la Academia [risas]. Hombre, claro, pensé que iban a tomar represalias. Pues la sede siguió. Conclusión: la Academia se ha beneficiado de políticas culturales de la derecha y de la izquierda.

E. C. Y el incremento económico de las ayudas al cine fue cosa del PP. Pasamos de 30 millones de euros al año a más de 60. Ahora tenemos un poco más, pero no hemos crecido tanto desde entonces.

A. G. R. Cada uno es muy libre de tener sus ideas políticas, pero la Academia, sin ser un ente apolítico, término que me horroriza, ha logrado no pecar de exceso de sectarismo. A la Academia, que no deja de ser una institución un poco frágil, no le conviene la confrontación con la Administración. Porque si un Gobierno decide cargarse el cine se lo carga.

Público: Da la sensación de que Bigas Luna y Enrique González-Macho representan dos maneras diferentes de afrontar las relaciones entre internet y el cine.

E. C. Lo que pasa es que los mundos del cine y de la cultura han cambiado. Gane quien gane se dará cuenta de que es lógico y normal que una película se estrene a la vez en las salas y en internet. Otra cosa es que en la sala pagues siete euros y en internet, la semana antes o el día del estreno, la tengas por 15 o 20 euros. Y luego, a los dos o tres meses, cuando no esté en salas, pagarás algo así como un euro y medio por verla en tu casa. Usted elige.

A. G. R. Pero no gratis.

E. C. No, no, pero la película hay que ponerla a disposición del público.

A. G. R. Eso está claro.

E. C. No puede ser que la sociedad reclame las películas y nosotros, la industria, las tengamos secuestradas. Que si durante tantos meses sólo pueden estar en salas, que si durante otros tantos meses sólo en DVD, que si luego tampoco se puede echar en internet porque la tienen que pasar primero por televisión No puede ser.

A. G. R. Exacto.

E. C. No podemos tener la cultura secuestrada. Eso ya se ha acabado.