Sábado, 9 de Abril de 2011

Anna Veiga recrea en un libro el "inolvidable" nacimiento de Victoria Anna

EFE ·09/04/2011 - 10:23h

EFE - La bióloga Anna Veiga, "madre científica" de la primera niña probeta española, durante la entrevista que concedió a Efe con motivo de la publicación de su libro "El milagro de la vida", en la que consideró que el nacimiento supuso la experiencia profesional y personal más inolvidable de su vida.

La bióloga Anna Veiga, "madre científica" de la primera niña probeta española, considera que este nacimiento supuso la experiencia profesional y personal más inolvidable de su vida, según recuerda en una entrevista con Efe a raíz de su libro "El milagro de la vida" (RBA).

"Me viene a la memoria una chica de veintiséis años, con mucha energía y mucho entusiasmo que se sentía una privilegiada por trabajar en la reproducción asistida, que era su sueño", rememora la bióloga, volviendo la vista a aquel 12 de julio de 1984, el día en que nació Victoria Anna en el Instituto Dexeus de Barcelona.

Desde su actual despacho del Banco de Líneas Celulares, Veiga reconoce que ha tenido la inmensa suerte de trabajar siempre en lo que más le apasiona, "ya que participé de forma palpitante -recuerda- en los inicios de la reproducción asistida, y ahora me dedico a la investigación con células madre, en un momento en el que los conocimientos científicos avanzan a gran velocidad", reflexiona.

Constancia, tenacidad e intuición describen a esta bióloga, quien define la suerte como "una mezcla de azar, de estar en el sitio oportuno en el momento idóneo y de no desaprovechar la ocasión".

Una suerte que la bióloga ha aprovechado siempre, ya que un artículo en la revista "Ser Padres" de 1979 la llevó a solicitar una entrevista con el doctor Pere Barri, director de la incipiente Unidad de Reproducción Asistida del Instituto Dexeus, en donde se instaló durante dos años sin remuneración alguna hasta conseguir su primer contrato como bióloga.

"La primera niña probeta del país, Victoria Anna, lleva mi nombre, y su nacimiento me marcó y reforzó mi tesón por ayudar a cumplir un deseo inherente de la condición humana: reproducirse, transmitir la vida, ser padres", argumenta la bióloga.

Ahora, en el mundo existen alrededor de cuatro millones de niños nacidos gracias a las técnicas de fecundación in vitro (FIV), de los que 90.000 han nacido en España y casi diez mil en el Instituto Dexeus, algo de lo que Anna Veiga se muestra orgullosa.

"Me siento muy satisfecha por el camino que abrimos para que la fecundación in vitro fuera una realidad en nuestro país, de cómo nos implicamos y de haber creado escuela y haber formado a miles de profesionales en esta materia", reflexiona.

Anna Veiga dirige el Banco de Líneas Celulares del Parque del Centro de Medicina Regenerativa de Barcelona desde mayo del 2005 y, con modestia, reconoce que "he tenido otra vez mucha suerte para que me escogieran en este campo tan novedoso, dirigido por una autoridad en la materia, Juan Carlos Izpisúa, aunque asumo que tuve que ponerme al día, porque mi formación era básica".

"Me encantan los nuevos retos, ya estoy acostumbrada a ellos porque, aunque con los años pierdas un poquito de tono, ganas en experiencia", enfatiza esta mujer sobre su nuevo proyecto destinado a investigar la curación de enfermedades degenerativas.

Al mismo tiempo, Anna lleva el I+D de la Medicina Reproductiva en el Instituto Dexeus, da clases en la Universidad Pompeu Fabra y el próximo mes de julio será nombrada presidenta electa de la Sociedad Europea de Reproducción y Embriología, que reúne ya a 6.000 profesionales.

"A mí me sigue entusiasmando la reproducción asistida, es mi campo, y quiero seguir vinculado a él como sea, ya que, aunque haya avanzado mucho, hemos de conseguir reducir los embarazos múltiples, superar las buenas tasas de embarazos con un solo embrión y aumentar las técnicas de preservación de la fertilidad en mujeres jóvenes enfermas de cáncer", enumera.

El "milagro de la vida" de Anna Veiga es su hijo Ian, un estudiante de diseño gráfico de 23 años concebido de forma natural. Admite en su libro haber sentido cierto complejo de culpa, "como todas la madres trabajadoras", por no haberle podido dedicar todo su tiempo, "un hecho compensado por la gran dedicación de sus abuelos".

Por Nana de Juan