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Martes, 5 de Abril de 2011

Las esculturas de Jaume Plensa se fusionan con el paisaje de Yorkshire

EFE ·05/04/2011 - 21:51h

EFE - Fotografía facilitada por Yorkshire Sculpture Park del artista español Jaume Plensa junto a una de sus obras en el parque escultórico de Yorkshire, un espacio natural de 400 hectáreas en el norte de Inglaterra.

El parque escultórico de Yorkshire, un espacio natural de 400 hectáreas en el norte de Inglaterra, acoge desde el 9 de abril una gran muestra del trabajo del artista español Jaume Plensa en la que predominan grandes figuras humanas y caligrafías etéreas que se funden con la belleza del paisaje.

"El arte es simplemente una excusa para hacer más bello lo que nos rodea", comenta Plensa en una entrevista con Efe en el parque escultórico, en cuyas instalaciones interiores se encuentra también parte de la obra del escultor.

Las esculturas de Plensa son "objetos que generan silencio" y que tratan de "llenar el espacio con la energía que transmiten", comenta el artista, apoyándose en la idea del poeta británico William Blake de que "el pensamiento puede llenar la inmensidad".

"Cuando el visitante entra en mi exposición parece que busque la manera de no ser tan ruidoso. El silencio no existe, es un deseo inalcanzable, porque hasta nuestro cuerpo en sí mismo es muy ruidoso. La escultura tiene las herramientas justas para hablar sobre ello", afirma Plensa.

La imaginería del escultor se nutre en gran medida de la palabra escrita, y una de las obras centrales de la exhibición es una cortina de texto de 56 metros de largo y compuesta por 17.000 caracteres metálicos, titulada "29 poemas", en la que penden frases de autores como Valente, Kerouac o Goethe.

"De niño, mi casa estaba llena de libros, y en mi formación visual fue antes el texto que las imágenes de obras de arte o las fotografías", señala el escultor, que considera que "la letra es una metáfora del ser humano".

"Es como una célula cargada de memoria. Las letras pueden formar palabras, y éstas textos, cultura, y finalmente pensamiento. Es como el átomo generador de todo el universo", define Plensa.

El catalán, un prolífico autor de obras para el espacio público ubicadas en ciudades de todo el mundo, sostiene que la esencia de esta muestra en Yorkshire es la combinación del paisajismo inglés que reina en el parque y la tradición mediterránea que gobierna sus obras.

Acostumbrado a trabajar para espacios urbanos, Plensa se reconoce sorprendido por el efecto que generan sus creaciones en un entorno natural.

"Cuando sacas tu obra del contexto íntimo de tu lugar de trabajo siempre se produce una sorpresa, pero aquí ha sido más fuerte. Siempre tengo la voluntad de integrar el objeto en el lugar donde se expone, y aquí he tratado de ser muy respetuoso, escuchar lo que el parque me quería decir", afirma el escultor.

El artista barcelonés ha escogido diversas obras de cada una de sus "familias de trabajo" durante la última década, y ha fabricado las piezas ex profeso para el parque de Yorkshire, un espacio que ha albergado retrospectivas de Henry Moore, Barbara Hepworth, Antony Gormeleym, Jonathan Borofsky y David Nash.

La "Casa del Conocimiento", parte de una serie de obras en las que el cuerpo humano se convierte en objeto arquitectónico, domina una colina ante la que se extiende un paisaje bucólico de prados y árboles.

Sobre el tejado del edificio principal, Plensa ha situado dos grandes cabezas humanas construidas con una red de alambre ("Irma-Nuria", 2010), un artefacto "orgánico" que pretende ser un dibujo en el espacio.

"La transparencia permite que puedas pensar el paisaje como si estuviera dentro de las cabezas", comenta Plensa mientras pasea por el parque pocos días antes de la inauguración de la exposición, que concluirá el 4 de septiembre y cuya instalación ha resultado "muy compleja", reconoce el artista.

En las salas interiores, entre otras obras, se encuentran 11 grandes bustos de alabastro, de forma alargada, que representan a niñas con los ojos cerrados, "para enfatizar la idea del mundo interior", señala el escultor.

"Las piezas con manos que tapan los ojos, los oídos o la boca, responden a la voluntad de mostrar que muchas veces la vista entorpece la lectura correcta de las cosas. A veces confiamos demasiado en sentidos que no son los adecuados, y poco en aquellos que no se ven, pero que están", indica Plensa.

Guillermo Ximenis