Martes, 15 de Enero de 2008

España sigue cultivando transgénicos

Francia acaba de prohibir el maíz modificado genéticamente del que España es la primera productora europea

MARÍA GARCÍA DE LA FUENTE ·15/01/2008 - 08:08h

Fundación Antama - Campo cultivado con maíz modificado genéticamente en España

España cultiva organismos modificados genéticamente (OMG) o transgénicos desde 1998. El único cultivo autorizado es el maíz MON810, del que hay 52 variedades. Es justamente el mismo del que Francia ha decidido establecer una moratoria.

El primer ministro francés, François Fillon, decidió esta moratoria tras un informe presentado el miércoles pasado por la Alta Autoridad Provisional sobre los Transgénicos. Ese texto, realizado por 14 personalidades científicas, alertaba del impacto de los organismos modificados sobre la fauna y la flora. Ahora, otras dos empresas, Syngenta y Pioneer Dow, han solicitado cultivar dos nuevas variedades de maíz transgénico, y las autoridades comunitarias tienen que pronunciarse pronto al respecto. De acuerdo con la legislación europea, cuando se aprueba una variedad de transgénico en un país miembro se permite su cultivo en el resto de la Unión.

España es el primer país europeo en plantaciones de maíz Bt. En 2006 se cultivaron 53.667 hectáreas y el año pasado se plantaron unas 75.000. España es deficitaria en producción de alimento para ganado y en 2003, por ejemplo, se importaron 3,9 millones de toneladas. Así, la mayor parte de la producción de este maíz se destina en la actualidad a alimentación del ganado. De hecho, el 100% de los piensos que se consumen en España son transgénicos.

Además de España, se cultiva maíz modificado en Portugal, República Checa, Eslovaquia, Alemania, Rumanía o Polonia. Por el contrario, Grecia, Austria, Polonia, Hungría y recientemente Francia cuentan con moratorias.

Los ‘peros’ de los OMG

Y es que el maíz modificado sigue levantando polémica. Las principales críticas se centran en el problema de la denominada polinización cruzada –la contaminación de otros cultivos–, y la dificultad de acabar con el taladro, un insecto que acaba matando la planta.

Los agricultores y productores de estas semillas transgénicas aseguran que pueden convivir perfectamente con los cultivos convencionales y ecológicos. La Fundación para la Aplicación de Nuevas Tecnologías en la Agricultura, el Medio Ambiente y la Alimentación (Antama) señala que la polinización cruzada “sólo se producirá en un grado importante si los cultivos están muy cerca, si tienen los mismos períodos de floración y si el cultivo receptor aún no se ha polinizado por otras plantas más cercanas”.

Además, tiene que haber una similitud entre plantas para que se pueda polinizar por otra variedad. Y añade: “está demostrado que la polinización cruzada se produce sobre todo en los bordes de los campos”, pero a una distancia de 10 a 25 metros, añade, se garantiza la pureza.

Sin embargo, los ecologistas discrepan. “La distancia de seguridad entre cultivos es ficticia, porque los insectos vuelan miles de kilómetros, e incluso se ha encontrado polen de maíz de Francia en el Reino Unido”, comenta Luis Ferreirim, de la Campaña de Transgénicos de Greenpeace.

Los principales inconvenientes de los cultivos transgénicos, a juicio de la ong, son la contaminación de los cultivos ecológicos y convencionales por el traslado del polen, la pérdida de biodiversidad y las afecciones a la salud y a otras especies de animales y plantas. Deberían realizarse estudios a largo plazo de la afección a la salud de los transgénicos, reclama Ferreirim.

Salud humana

Hasta la fecha, “no hay ninguna muestra sólida de que sean perjudiciales para la salud humana ni animal”, apunta el profesor de investigación del Instituto de Fermentaciones Industriales (CSIC), Alejandro Cifuentes, aunque indica que se necesitan estudios para determinar los efectos en el medio ambiente y en otras especies de flora y fauna, a medio y largo plazo. El investigador del CSIC se queja de la falta de colaboración y las pocas facilidades que dan las empresas de biotecnología (que tienen la patente) a la hora de proporcionar muestras para estudiar.

"No tiene sentido introducir este gen insecticida”

Entre las ventajas del cultivo del maíz Bt, sus defensores destacan que incorpora un gen insecticida contra la plaga del taladro. Un aspecto que también suscita polémica. Ferreirim asegura que, en España, el taladro “no es una plaga y no tiene sentido introducir este gen insecticida”, ya que existen métodos más eficaces para luchar contra la oruga como la rotación de cultivos, el uso especies autóctonas y el cambio en la fecha de siembra, como realizan los cultivos ecológicos.

Por su parte, Cifuentes asegura que el taladro sí constituye una de las principales plagas y es endémico de muchas zonas de España. Los productores de maíz Bt afirman que han incrementado la producción por hectárea hasta en un 30% (con un consiguiente aumento de beneficios económicos), que el grano es de mayor calidad por la ausencia de hongos y que hay una mayor tasa de éxito en la segunda cosecha o en siembras tardías, que son las que más sufren el taladro.

En España, en todo caso, el maíz modificado debe ser evaluado exhaustivamente y contar con autorizaciones comunitarias y del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. Es “el único caso dentro del ámbito de la alimentación en el que la salida al mercado se condiciona a una autorización sanitaria previa, análoga a la que se lleva a cabo con los medicamentos”, señala la Fundación Antama. 

Cómo se obtiene el maíz modificado

Los cultivos de maíz pueden ser convencionales (en los que se emplean fertilizantes e insecticidas), ecológicos (no utilizan productos químicos) y de organismos modificados genéticamente. Para conseguir el maíz transgénico que se cultiva en España se ha determinado primero el gen que le defiende del taladro. El ‘bacilo thuringiensis’ (Bt) es un microorganismo del que se ha aislado la parte del ADN que genera la toxina Bt, mortal para el insecto del taladro.

“Se inserta el nuevo gen en el maíz para que actúe de insecticida del taladro”, explica el profesor de investigación del Instituto de Fermentaciones Industriales (CSIC), Alejandro Cifuentes. De esta forma, cuando la oruga del taladro intenta comer la planta, se muere. También se realizan modificaciones del genoma de la soja para hacerla resistente al herbicida de glifosato, que se absorbe por las hojas y acaba matando a la planta.

En España, la variedad de maíz modificado mayoritario es resistente al taladro, por ser el principal agente agresor de las plantas. En cambio, las investigaciones realizadas hasta la fecha no han obtenido ningún resultado concluyente sobre el perjuicio para la salud humana ni para la animal, ya que estas variedades de maíz se emplean especialmente en alimentación de ganado.

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