Domingo, 3 de Abril de 2011

Mas cumple cien días lastrado por los recortes sociales

El choque con el Gobierno central sobre el plan de estabilidad culmina la etapa inicial del Govern de CiU

 

J. RAMÓN GONZALÉZ CABEZAS ·03/04/2011 - 08:00h

El President de la Generalitat, Artur Mas, durante la entrega de los Premios Nacionales de la Cultura de Cataluña, acto celebrado esta tarde en el Palau de la Generalitat de Barcelona. EFE

Artur Mas cumple esta semana sus primeros cien días con un insólito desgaste acumulado por el duro intercambio dialéctico que mantiene casi a diario con la oposición en torno a la drástica política de ajuste. La izquierda, que arrastra aún el lastre de las autonómicas, intenta con dificultades recuperar su discurso con vista a las municipales .

El choque de trenes con el Gobierno central sobre el plan de estabilidad presentado por la Generalitat, al negarse a poner los 3.200 millones que reclama Mas para cuadrar las cuentas, ha acabado por elevar al máximo la tensión. El Govern ha alentado este escenario por boca del comedido conseller Mas-Colell, que ha insinuado haber sido invitado a maquillar las cuentas.

El desgaste hace pensar en un equipo de gobierno hasta las legislativas

Los errores de comunicación y "transcripción" léase la licenciatura inexistente de la vicepresidenta Ortega de los consellers y algunos indicios de divergencias en la cúpula de CiU abonan la sensación de una cierta fatiga acelerada en la fase de despegue ante la severidad de las turbulencias. Algunos consejeros de rango, encabezados por la propia Ortega, presentan una erosión imprevista que hace pensar en un equipo de gobierno para el primer tramo del mandato. Es decir, hasta que las legislativas decidan la mayoría que gobernará en España a partir de 2012.

Doble discurso, un objetivo

En su intensa etapa inicial, el president Mas ha martilleado un doble mensaje que ha hecho aflorar con dureza la confrontación con la izquierda. Primero: el Tripartito ha dejado la casa casi en ruinas. Segundo: el Estado, gobernado por sus socios del PSOE, no quiere saber nada de los desperfectos. Un doble argumento reiterado sin desmayo y aplicado a la medida de la estrategia de CiU de reclamar al futuro nuevo Gobierno español CiU da por hecho que será del PP y confía que no tenga mayoría absoluta un concierto económico en versión catalana: el llamado pacto fiscal.

CiU quiere obtener el pacto fiscal de un PP sin mayoría absoluta

Los primeros cien días han servido, pues, para reafirmar ante la opinión pública la pertinencia de un nuevo modelo que permita a Catalunya gestionar sus tributos y limitar su contribución a la solidaridad interterritorial a un diferencial máximo del 4% de su PIB. Se trata de la gran apuesta política de CiU para la legislatura como réplica a la desafección política creada por la sentencia del Estatut, por un lado, y al desastre de la crisis económica y financiera, por otro.

El discurso se ha visto acompañado de un auténtico diluvio de anuncios de recortes en servicios básicos (educación, sanidad y bienestar social, especialmente) que ha calado muy a fondo en la opinión pública como un destemplado baño de realismo puro y duro.

A pesar de la visible inexperiencia política de algunos pesos pesados Xavier Mena, Mas-Colell y Boi Ruiz, muy especialmente, no siempre compensada por los que pasan por ser expertos curtidos en el oficio Felip Puig, sobre todo, el Gobierno se puso manos a la obra con decisiones de sentido común: reducción de la cuota de altos cargos un 23% menos y recorte sustancial de hasta un 40% del ejército de personal eventual que tiende a crecer alrededor del poder público.

La izquierda busca discurso con la vista puesta en las municipales

A la espera del presupuesto, pendiente del visto bueno del Gobierno central al plan de estabilidad que garantice el objetivo de déficit del 1,3%, las escasas medidas de gobierno de CiU se han visto sepultadas por la delirante sucesión de despropósitos concentrados en el área de Interior, ámbito clave para marcar distancias con la política de la izquierda.

Todo ello, sin embargo, ya es pura anécdota y el terreno de juego es mucho más difícil. Mas aseguró al aterrizar al poder que no venía a liquidar el Estado del bienestar sino a salvarlo. Pero lo cierto es que ha invertido cien días en inculcar temor y desconfianza en el sector social más dependiente de los servicios públicos básicos, muy especialmente en lo referente a la sanidad, las ayudas públicas y la educación.

El impuesto de sucesiones

La controversia en torno a la eliminación fáctica del impuesto de sucesiones ha sido nefasta. Nadie ha conseguido todavía ver ninguna otra razón convincente que no sea la de responder a un compromiso electoral que satisface los intereses de una exigua elite de grandes contribuyentes.

Mas se acerca al galope a las vísperas del Primero de Mayo con una agenda social cargada y comprometida. Lo que podía haber sido en cierto modo una versión a escala catalana de los Pactos de la Moncloa de 1977, se redujo a un papel de diez cuartillas con las "conclusiones de Pedralbes": media docena de buenas intenciones y otra media de informes del comité de sabios.

Los reguladores del Estado del bienestar y el paraguas familiar aún contribuyen a la contención del malestar social, pero este puede llegar pronto al nivel de los embalses de Catalunya. Están llenos y en mayo llega el deshielo.