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Lunes, 28 de Marzo de 2011

Novelan la vida del conquistador Gonzalo Guerrero, padre del mestizaje

EFE ·28/03/2011 - 15:55h

EFE - El escritor Alfonso Mateo Sagasta tras recibir el III Premio CajaGranada de Novela Histórica por su anteerior libro "Caminarás con el sol". Sagasta ha publicado una novela sobre el conquistador Gonzalo Guerrero. EFE/Archivo

Hay episodios de la conquista de América que parecen pedir a gritos ser novelados, y el de Gonzalo Guerrero, el soldado español que, de esclavo, llegó a ser capitán de guerra maya, es uno de ellos. Así lo cree Alfonso Mateo-Sagasta, que lo ha convertido en protagonista de su novela "Caminarás con el sol".

Denostado por la historiografía española y considerado "padre del mestizaje" por los mexicanos, Gonzalo Guerrero es el claro ejemplo de "colonizador colonizado", un personaje similar al de las películas "Avatar", "Bailando con lobos" o "Un hombre llamado caballo", decía hoy Mateo-Sagasta en una entrevista con Efe.

Este escritor, especialista en Historia antigua y medieval, ha merecido ya varios premios con novelas como "Ladrones de tinta" o "El gabinete de las maravillas", y a finales de enero vio también cómo "Caminarás con el sol" ganaba el Premio CajaGranada de Novela Histórica 2011.

Editado por Grijalbo, el libro está basado en un personaje real, "lleno de sombras", de cuya vida se dan algunos datos en las crónicas de Indias, pero "no se sabe en realidad cómo pasó de ser esclavo de los mayas" a convertirse en uno de sus capitanes de guerra.

Curtido ya en la violencia de guerras europeas como la de Nápoles, Gonzalo Guerrero se fue a hacer las Américas y naufragó en 1511 al sur de Jamaica. El mar lo arrastró, junto a otros marineros, hasta una tierra desconocida, donde fueron capturados por los indígenas. Era el Yucatán, pero en realidad el español nunca supo de qué tierra se trataba.

Los españoles más fuertes fueron brutalmente sacrificados (les sacaban el corazón para ofrecérselos a los dioses) y los más débiles, convertidos en esclavos: "di gracias a Dios por haber estado tan débil", decía el protagonista de la novela.

Gonzalo Guerrero procuró adaptase a las costumbres de los mayas y aprendió su lengua. Se ganó la libertad cuando demostró sus habilidades como guerrero y aceptó enseñar a los indígenas nuevas técnicas de lucha.

Las crónicas de la época aluden a un español que luchó contra las tropas castellanas y que llevaba tatuajes en el rostro, orejas agujereadas y cabello largo recogido al estilo maya.

"Se dejó seducir por aquel pueblo y se acabó pasando a ellos", comentó hoy Mateo-Sagasta, que no se olvida de citar la novela mexicana de Eugenio Aguirre sobre este mismo personaje, "muy popular" en México. Hay varias estatuas de Guerrero en el estado de Quintana Roo.

La Conquista de América es un tema que se presta a la polémica, y, consciente de ello, Mateo-Sagasta se lo ha planteado "de la forma más fría posible".

Los españoles "cometieron barbaridades y en las mismas crónicas de Indias se narran hechos estremecedores", pero la cultura nativa "también era extremadamente violenta. Su religiosidad era sangrienta y su comportamiento con los demás pueblos era tremendo. Aquello no era el paraíso", asegura el escritor.

"Lo que hubo en la conquista fue un enfrentamiento entre el Renacimiento y el Neolítico. Era un choque en el cual América no podía ganar", afirmó el escritor, que se ha documentado a fondo para este libro.

La novela cuenta varios enfrentamientos de los mayas con los conquistadores, que ya sabían que había algunos españoles entre los indígenas. Hernán Cortés intentó que volvieran con ellos, entre otras razones porque necesitaba intérpretes para entenderse con la población nativa, pero Guerrero ya era capitán de guerra maya y siguió luchando hasta la muerte junto a este pueblo.

El escritor se permite ciertas ucronías y adelanta hechos que están documentados más tarde. Son pequeños trucos literarios que le sirven para narrar "una historia de integración y de amistad".

Y "una historia de mestizaje, porque todos somos mestizos de un sinfín de culturas", concluye Mateo-Sagasta.

Ana Mendoza.