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Domingo, 27 de Marzo de 2011

La aventura africana de Isaki Lacuesta y Miquel Barceló

El director y el artista se embarcaron en un viaje por Mali del que han nacido dos películas, una de ficción y un documental, que saldrán a la luz a lo largo de este año

SARA BRITO ·27/03/2011 - 08:00h

La aventura africana de Isaki Lacuesta y Miguel Barceló se ha transformado en dos películas.

Una noche de Navidad, Miquel Barceló se propuso competir con sus amigos del pueblo de Gogolí (Mali), cuya habilidad para el relato oral lo tenía fascinado. El artista se lanzó a contar las historias de Pat Garrett, Jesucristo, Caravaggio y Frankenstein juntas, como si todos ellos fueran caras de un mismo personaje. El experimento acabó por servir de inspiración al director Isaki Lacuesta, que hace algo similar con el protagonista de su nueva película, Los pasos dobles, primero de los dos filmes que han nacido de su colaboración con el artista mallorquín. El pintor y escritor francés François Augiéras (1925-1971) es ese personaje del que le habló por primera vez Barceló y que, como él mismo, pasó parte de su vida en Mali, creando y buscando. Augiéras es de alguna manera el propio Barceló o Barceló es uno de los Augiéras de la película.

El director de Cravan vs Cravan(2002), que recibirá esta semana el Premio Eloy de la Iglesia del Festival de Málaga, volverá a explorar, como suele, la construcción de un mito y la posibilidad de ser otro y muchos. "Es como si la historia de Augiéras se hubiera ido transmitiendo y mezclando con el tiempo. Es un personaje transformado por la tradición y por mí", explica Lacuesta.

El director recibe esta semana el Premio Eloy de la Iglesia en Málaga

Dos películas en Mali

De hecho, en esa fascinación por la oralidad de la cultura africana, que comparten Lacuesta y Barceló, está una de las claves de Los pasos dobles. Como los cuentos transmitidos de boca en boca, la película se construye de la mezcla y la alteración de las historias. "El reto era partir de estilos y géneros absolutamente opuestos, secuencias muy improvisadas y otras muy escritas, y que en la película esa combinación de elementos fuera integrándose. En Los pasos dobles nombre tomado de una performance de Miquel Barceló hay baile, western, drama, aventuras, amor, y también secuencias más cercanas al estilo de improvisación de Jean Rouch", indica el director. "Esta es una película de aventuras excéntricas", precisa.

La segunda es un documental clásico. Cuaderno de barro explora el proceso de creación de Barceló en Gogolí, donde tiene una casa ("cuatro paredes de barro sin agua corriente", cuenta Lacuesta) y donde pasa temporadas desde hace 20 años. "Nos salió tanto material que decidimos hacer dos películas. Se pueden ver por separado, pero si se ven juntas tienen ecos y relaciones de ida y vuelta", asegura.

La aventura es la idea sobre la que pivotan las dos películas

"En Los pasos dobles, Barceló es un personaje, el pintor, que funciona como una especie de médium para un grupo muy variado de personajes que se mueven en el contexto de una película híbrida". En la otra, Cuaderno de barro, Barceló es él mismo pintando, preparando su performance Los pasos dobles en su pueblo africano y relacionándose con sus amigos Amassagou y Amon, protagonistas también de la película de ficción y colaboradores claves en un rodaje, que la productora Luisa Matienzo califica de insólito.

Un rodaje extremo

Si la aventura es la idea sobre la que pivotan las dos películas la aventura de vivir en Los pasos dobles y la de la creación en Cuaderno de barro, también lo fue en un rodaje que discurrió por la región maliense del País Dogón. No fue fácil. El rodaje se vio sometido a las altas temperaturas, a un galimatías de idiomas en el filme se habla dogón, bambara y francés y a la situación política de un país, que ha empezado a ser semillero de secuestros relacionados con grupos que se reivindican afines a Al Qaeda.

Altas temperaturas, diferentes idiomas y la política del país complicaron el viaje

"Se nota mucho cómo ha aumentado la tensión política desde que fuimos a localizar en junio de 2009 hasta que rodamos a finales de ese año. Por un lado, por la amenaza real y, por otro, por la manera en que se difunde en los medios de comunicación", apunta Lacuesta. La confusión crece y deja escenas singulares: "A medida que te adentras en el país hacia el norte, las imágenes de Obama, que están por todas partes en Bamako, se mezclan con las de Bin Laden. Es curioso cómo puedes encontrarte motos con un adhesivo de cada uno en cada retrovisor".

De hecho, la primera ruta que habían ideado Barceló y Lacuesta tuvo que ser alterada. "Las dos puertas al interior de Mali son Bamako, la capital, y Tombuctú, al norte. Cuando fuimos en 2009 en busca de localizaciones, la situación política empezó a complicarse". Se había producido en el norte el asesinato de un militar, y el ambiente había empezado a enrarecerse. Poco después, sucedió el secuestro de los cooperantes catalanes, que fueron liberados tras nueve meses.

Así, mientras el Ministerio de Exteriores español recomendaba no viajar a Mali, un equipo formado por 15 europeos, incluido Barceló, Lacuesta y la colaboradora habitual del director Isa Campo, se lanzó a la carretera, acompañado de más de medio centenar de actores y técnicos locales, que habían reclutado en Bamako en un casting de lo más heterodoxo. "Primero fuimos al Centro Nacional de Cinematografía, pero lo que nos ofrecieron fue un montón de hojas amarillas desperdigadas sobre una mesa y fichas de actores de los ochenta, de los que muchos estaban ya muertos", relata Lacuesta.

Ambos comparten una fascinación por la oralidad de la cultura africana

El paso doble se baila

La directora de casting, Cendrine Lapuyade, se dedicó a recorrer las compañías de baile de la ciudad. "En la película hay peleas y persecuciones como en los filmes de bandidos de mitad de siglo XX y necesitábamos gente que supiera usar su cuerpo", explica Lacuesta. Con alguna excepción, los actores de Los pasos dobles no son profesionales, y no se habían puesto nunca delante de una cámara para actuar. Barceló incluido. "Era peculiar, porque Miquel de pronto nos decía que necesitaba irse a pintar, y se escapaba del rodaje durante horas. Luego regresaba con un montón de pinturas bajo el brazo", cuenta. "Te dabas cuenta de que para él se trataba de una necesidad".

Lo imprevisible, lo que no está sujeto al rigor de un rodaje ordinario, sucedió de común en esos días de Mali. Como suele pasar en el cine de Isaki Lacuesta, la realidad se iba colando en el guión, que se iba reescribiendo antes y durante el rodaje. Sucedió, por ejemplo, cuando en un primer viaje por el País Dogón, encontraron a un grupo de niños disfrazados de árbol, que jugaban y corrían por las calles de un pueblo de casas de barro. La estampa, mágica para tres europeos que visitaban la zona, y parte de una tradición para los chavales, acabó formando parte de la ficción. La consigna era estar abiertos, escuchar y mirar.

«Ha sido el rodaje más duro de mi vida», dice Isaki Lacuesta

"Mali acabó siendo un país perfecto para la película. La road movie que queríamos hacer se podía ficcionar en muy poco espacio, porque el paisaje cambiaba mucho en pocos kilómetros", apunta Lacuesta. Aún así, admite: "Ha sido el rodaje más duro de mi vida". En efecto, el viaje ha sido extremo, pero la aventura se construye de las ganas de caminar, pero nunca en línea recta. Como dice alguien en Los pasos dobles: "Aunque no haya camino, nuestra ley es siempre ir más lejos".