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Sábado, 26 de Marzo de 2011

La Roja se empeña en sudar

España remontó en dos minutos, después de 70 de sufrimiento y fútbol previsible. Plasil marcó a la media hora en el único ataque checo. Villa, con dos goles, uno de penalti, supera al fin sus fantasmas

JOSÉ MIGUÉLEZ ·26/03/2011 - 00:17h

Villa celebra uno de los goles. AFP PHOTO/ JORGE GUERRERO

Apenas unos minutos después de disfrutar de la última ráfaga de homenajes y actos publicitarios que cuelgan aún de la dichosa estrella, tras más ratos de fiesta que de trabajo durante el tiempo de concentración (ya saben, para qué más, por mí que se queden en casa y vengan sólo a jugar, que ya me vienen muy entrenados, sostiene Del Bosque), La Roja pisó Granada crecida en el orgullo, pero alejada otra vez de sus mejores virtudes. Ya no es la que fue, la que impresionó al planeta, y lo peor es que sigue sin querer darse cuenta. España lastimó un poquito más su reputación ante la República Checa, que dio un nuevo aviso a la campeona del mundo en su vanidad. Sin mucho, con un cerrojo al uso y un solo ataque, fue capaz de ponerla contra las cuerdas. Pero La Roja, con sudores y más casta que juego, por pura insistencia, acabó ganando. Le llevó 69 minutos marcar. Y sólo dos más darle la vuelta al partido. Todo con la firma de Villa, que soltó su trauma de una vez y se escapó de Raúl como goleador oficial.

Los efectos iniciales de la corona mundial duraron cinco minutos. Una salida en tromba, tocada y tocada, dotada de ocasiones y saques desde la esquina. Después, la posesión masiva de costumbre, pero dormida, plana, previsible, poco dañina. Enfrente, nueve checos siempre por detrás de la pelota, puestos en dos líneas sobre su área, encerrados sin disimulo, armados de paciencia defensiva. Y capaces, eso sí, de cantar bingo al primer y único contragolpe. Uno sólo, pero eficaz: un tiro de Plasil desde Almuñécar que, por ajustado y seco, Casillas no acertó a desviar.

Un minuto después del gol en contra, a la media hora, Del Bosque puso a calentar a Torres. Era la confesión explícita de que se había equivocado en la alineación. Un once recargado de Busquets para contener lo que no era necesario, estorbando a Xabi, incluso a Xavi, más que socorriéndolos, otra vez sobrando. Un once en el que el técnico metió con calzador a Navas, un recurso desesperado para cuando las cosas no salen, que convirtió el juego en centros a la olla, a lo que salga, que no encajan con los modales clásicos de La Roja.

Por detrás de Iniesta (el mejor del partido), el sevillano fue quizás el más influyente del primer tiempo. Para mal, porque España no juega a eso. Arbeloa, un lateral ocasional en su equipo, con el puesto en La Roja garantizado porque ya estuvo en Suráfrica y ahora no se piden más requisitos, apostó también por los centros porque sí.

Y el caso es que Villa remató con peligro un par de esos envíos, obligó a Cech a mostrar las mejores hojas de su currículum. Pero eso no es España. No desde luego la exquisita que conquistó la Eurocopa y la admiración de medio mundo. Ni siquiera la versión más comedida, pero igualmente excelente, que ganó el Mundial.

Del Bosque reconoció su exceso de mediocentros tras el descanso, pero no dio su brazo a torcer con Busquets, su innegociable. Así que mandó a la ducha a Xabi y rescató al Niño del linchamiento mediático ante el que el seleccionador había claudicado de salida.

A España le entró la prisa. Pero su fútbol no mejoró. Siguió con la pelota y la búsqueda de la portería contraria. Pero las luces no acabaron de encenderse. Y Torres daba la razón a sus detractores. Del Bosque le dio una vuelta de tuerca más al equipo, retiró a Capdevila y arrojó sobre el césped a Cazorla, plantó todo sobre el área de Cech. Los checos multiplicaron su cerrojo, pero La Roja no se rindió. Lo intentó y lo intentó, con menos brillo que ganas. Y a empujones, de una tacada, en apenas dos minutos, volteó el marcador. A Iniesta se le ocurrieron dos cosas y Villa desempolvó al fin su vieja puntería. Y España así se salvó. Se llevó los puntos y afianzó su lugar en la clasificación. Pero debe recuperar la memoria. Su juego era otro.

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