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Miércoles, 16 de Marzo de 2011

REPORTE ESPECIAL-En Chernóbil sigue ocurriendo un desastre

Reuters ·16/03/2011 - 13:00h

Por Olzhas Auyezov y Richard Balmforth

Cualquier ucraniano mayor de 35 años puede decir exactamente dónde estaba cuando escuchó la noticia sobre el accidente en la planta de Chernóbil.

"Me acuerdo que llamé a mi esposo. Hubo rumores durante días sobre un accidente nuclear. Hasta habíamos colgado mantas en las ventanas para evitar la radiación porque no sabíamos qué hacer", recordó Natalya, una analista financiera de 46 años que ahora vive en Kiev. Su marido trabajaba de periodista en un diario.

"Me dijo que hubo un incendio en la planta atómica en Chernóbil. Esa fue para mí la primera confirmación de que el reactor había colapsado", dijo esta semana, sentada en el escritorio de su oficina en el centro de la capital.

"No sabíamos qué esperar. Fue horrible", contó.

Mientras Japón lucha por prevenir una fusión del núcleo en su planta Fukushima Daini, afectada por el terremoto, los ucranianos se preparan para recordar el 25 aniversario del peor accidente nuclear del mundo.

Los legados físicos y económicos de aquel desastre son obvios: un anillo deshabitado de 30 kilómetros alrededor de la planta de Chernóbil, miles de millones de dólares gastados para limpiar la región y un masivo esfuerzo por recaudar 600 millones de euros (840 millones de dólares) en nuevos fondos que, según Kiev, se necesitan para construir una muralla más resistente sobre el reactor afectado.

Igual de poderosas son las heridas menos visibles: el miedo y la pertinaz sospecha de que a pesar de los reportes tranquilizadores de las autoridades y los organismos científicos, las personas pueden seguir muriendo por los efectos de la radiación.

En paralelo al debate sobre el impacto en la salud, hay pocas dudas de que la población en Ucrania y en la vecina Bielorrusia sobrelleva una carga psicológica.

Varios estudios han hallado que "las poblaciones expuestas tenían niveles de ansiedad que duplicaban" los de las personas no afectadas por el accidente, de acuerdo a un reporte de Naciones Unidas del 2006.

Según el informe, las personas expuestas a la radiación eran "de tres a cuatro veces más propensas a reportar múltiples síntomas psicológicos sin explicación y mal estado de salud subjetivo que los grupos de control no afectados".

Hay, por supuesto, diferencias cruciales entre Chernóbil y el desastre que se está desarrollando en Japón.

El accidente en Chernóbil fue el producto de un error humano por un test mal ejecutado, mientras que la falla japonesa fue desatada por un sismo y un tsunami.

Chernóbil ocurrió en una cerrada sociedad soviética que el reformista Mikhail Gorbachev estaba recién comenzando a abrir. Las autoridades intentaron encubrir el desastre y admitieron parcialmente la verdad tres días después, perdiendo la oportunidad de recibir velozmente ayuda internacional.

Pese a las críticas de que Tokio podría ser mucho más transparente, la catástrofe en Japón ha ocurrido en una sociedad relativamente abierta, que ha recibido asistencia internacional rápido.

Pero, sobre todo, las gruesas paredes de contención en la planta Fukushima Daini protegen a los núcleos del reactor, por lo cual, aunque haya una fusión del combustible nuclear, es improbable que se produzca una peligrosa fuga de nubes radioactivas hacia la atmósfera.

En Chernóbil, en cambio, no existía una estructura de contención.

"Cuando voló, voló todo directamente hacia la atmósfera", dijo Murray Jennex, de la San Diego State University.

Sin embargo, a pesar de estas diferencias, la experiencia de Chernóbil sigue ofreciendo lecciones a Japón y a otros países, opinó Volodymyr Holosha, el principal funcionario del Ministerio de Emergencia ucraniano a cargo del área que rodea la planta.

"No estábamos listos ni tecnológica ni económicamente para ello", indicó a periodistas en Kiev el mes pasado. "Esta es una experiencia invaluable para otros países", agregó.

EXPERIMENTO FALLIDO

En las primeras horas del 6 de abril de 1986, en la localidad soviética de Prypyat, un satélite de la mucho mayor Chernóbil, los trabajadores de una planta de energía nuclear desactivaron los sistemas de seguridad del reactor número cuatro, que había comenzado a operar apenas tres años antes.

Fue un experimento riesgoso para ver si el sistema de enfriamiento podía seguir funcionando usando energía generada sólo del reactor en el caso de que fallara el suministro auxiliar de electricidad.

Pero salió mal. Hubo una masiva descarga de energía que hizo explotar el pesado hormigón y la tapa de metal del reactor y arrojó material radioactivo en llamas hacia la atmósfera. Decenas de operarios de la planta murieron en el acto o inmediatamente después en el hospital.

Centenares de miles de socorristas, incluyendo soldados del Ejército soviético, fueron enviados al sitio para apagar los incendios, descontaminar el lugar y acordonar el reactor dañado construyendo una pared de hormigón alrededor.

Al principio, las autoridades negaron que hubiera un problema. Cuando finalmente admitieron la verdad, más de un día después, varios miles de habitantes recogieron sus pocas pertenencias y se fueron. Muchos partieron hacia Kiev, ubicada 80 kilómetros al sur, para nunca volver.

Iryna Lobanova, una empleada pública de 44 años, iba a casarse en Prypyat el mismo día de la explosión, pero supuso que todas las ceremonias quedaban suspendidas. "Yo creí que había empezado la guerra", dijo a Reuters esta semana.

"Pero las autoridades locales nos dijeron que siguiéramos adelante con todas las ceremonias programadas", recordó. Nadie pudo salir de la ciudad hasta que se anunció la evacuación oficial el domingo, 36 horas después, "luego de una orden de Moscú", agregó.

Lobanova se casó y se fue al día siguiente con su esposo en un tren.

UN LEGADO DE MALA SALUD

El improvisado muro de hormigón construido en los meses posteriores a la explosión a menudo es llamado el "sarcófago", un término funerario que describe a la perfección la estructura debido a que allí quedó atrapado el cuerpo de un operario que los socorristas no pudieron recuperar.

La cifra de muertos inicial y oficial por el accidente fue de 31 personas, pero muchas más murieron por enfermedades relacionadas a la radiación, como cáncer. El número total de muertes y los efectos para la salud a largo plazo siguen suscitando un intenso debate, 25 años después.

"(El desastre) provocó sufrimiento a millones de personas", dijo el funcionario Holosha.

"Alrededor de 600.000 personas se involucraron en el esfuerzo por mitigar las consecuencias del accidente. Unas 300.000 eran ucranianas. De todas ellas, hoy 100.000 son discapacitadas", aseguró.

Un estudio de Naciones Unidas del 2008 citó un "dramático incremento de la incidencia del cáncer de tiroides" en Ucrania y cruzando la frontera en Bielorrusia. Los niños parecían ser particularmente vulnerables, porque tomaron leche con altos niveles de yodo radioactivo.

"Uno llega a entre 12.000 y 83.000 niños nacidos con deformaciones congénitas en la región de Chernóbil, y de 30.000 a 207.000 niños genéticamente afectados en todo el mundo", dijo la organización de médicos alemanes IPPNW en un reporte en el 2006.

Estas cifras son mucho menores a las que pronosticaron los funcionarios de salud. En efecto, la ONU dice que los efectos generales para la salud fueron menos severos de lo previsto y que sólo unos pocos de miles de personas murieron como resultado del accidente.

Pero un libro publicado por un equipo de científicos rusos y bielorrusos en el 2009 por la Academia de Ciencias de Nueva York argumentó que los estudios previos tenían errores por alteraciones en las estadísticas soviéticas.

"La posición oficial del Foro de Chernóbil (un grupo de agencias de la ONU) es que ocurrieron alrededor de 9.000 muertes relacionadas y que 200.000 personas sufrieron enfermedades causadas por la catástrofe", escribieron los autores Alexei Yablokov, Vasily Nesterenko y Alexei Nesterenko.

El libro se titula, "Chernobyl: Consequences of the catastrophe for people and the Environment" (Chernóbil: Consecuencias de la catástrofe para la población y el medio ambiente).

"Un número más preciso estima que casi 400 millones de seres humanos han quedado expuestos a la lluvia radioactiva de Chernóbil y, por muchas generaciones, ellos y sus descendientes sufrirán las devastadoras consecuencias", agregaron.

Los autores sostienen que la cifra total de muertos hasta el 2004 era cercana al millón y que los efectos en la salud, incluyendo defectos de nacimiento, pérdidas de embarazos, envejecimiento prematuro, daño cerebral, enfermedades cardíacas, endócrinas, renales, gastrointestinales y pulmonares.

"Es claro que decenas de millones de personas, no sólo en Bielorrusia, Ucrania y Rusia, sino en todo el mundo, vivirán bajo una contaminación radioactiva crónica considerable por varias décadas", escribieron.

ZONA ACORDONADA

La contaminación más severa ocurrió dentro de la llamada Zona de Exclusión, un área circular alrededor de la planta con un radio de 30 kilómetros que fue declarada no apta para la vida y está cerrrada a los visitantes.

Varios pueblos y un bosque entero de pinos fueron derribados y enterrados poco después del desastre. Otros pequeños asentamientos están tan cubiertos de árboles y arbustos que las casas de ladrillos son apenas visibles.

Prypyat, construida para alojar a los trabajadores de la planta de Chernóbil y a sus familias y que supo tener un prometedor futuro como una localidad "atómica" modelo, contaba con 50.000 habitantes antes del accidente.

Ahora es una ciudad fantasma que recibe a sus pocos visitantes con un espeluznante silencio.

Una tienda de materiales de construcción en el centro está llena de escombros y muebles rotos, resabios de años de saqueo que el Gobierno no pudo evitar. Los restos propagaron peligrosas sustancias por todo el país.

Un retrato del fundador del Estado soviético, Vladimir Lenin, está tirado en el piso, cubierto por una gruesa capa de polvo.

Los residentes de Prypyat, en su mayoría familias jóvenes, fueron evacuados en un operativo de seis horas que comenzó más de 36 horas después del accidente.

En los días posteriores, luego de que la lluvia radioactiva fuera dispersada por los vientos sudeste hacia la nación vecina Bielorrusia, el Gobierno soviético evacuó a miles de personas de otras zonas amenazadas.

"Fuimos evacuados el 4 de mayo", dijo Makar Krasovsky, de 73 años, quien vivía en el pueblo bielorruso de Pogonnoye, a 27 kilómetros de la planta. "Los niños habían sido evacuados antes, el 1 de mayo. Nadie sabía nada. Nadie nos dijo nada", agregó.

"Nos dijeron que lleváramos ropa para los próximos tres días, pero nada más, porque todo estaba contaminado. Nos prometieron que iban a cerrar el reactor y que regresaríamos a los tres días", contó por teléfono desde la localidad de Khoyniki.

Pogonnoye sigue estando acordonada y se permite el acceso sólo una vez al año, el día en que los cristianos ortodoxos locales visitan las tumbas de sus antepasados.

CARGA ECONOMICA

El accidente provocó que el bloque de naciones socialistas cerrara los reactores del mismo diseño. Pero la planta de Chernóbil siguió operando hasta el 2000, cuando Ucrania aceptó clausurarla después de que Kiev recibió la promesa de ayuda europea.

La Comisión Europea y donantes internacionales desde entonces han comprometido 2.000 millones de euros a proyectos destinados a limpiar el área y asegurar la planta. Aún quedan por recaudar otros 740 millones de euros: 600 millones para una nueva muralla y 140 millones en complejos para almacenar desechos.

Holosha dice que Ucrania ha gastado mucho más dinero.

"Desde que Ucrania obtuvo la independencia (tras el colapso de la Unión Soviética), se han destinado 12.000 millones de dólares a lidiar con las consecuencias (del accidente)", aseveró.

"La mayor parte de los gastos estuvieron relacionados con mantener la zona de exclusión y proveer asistencia médica y social a los que vivían en el área afectada", añadió.

Un proyecto clave en la planta es la construcción del llamado Nuevo Confinamiento de Seguridad, una enorme estructura convexa que será ensamblada fuera del reactor dañado y luego instalada sobre el sarcófago actual. El sepulcro original de hormigón fue construido rápidamente, está sostenido en parte por las paredes del reactor y ya tuvo que ser reforzado.

La nueva estructura está diseñada para durar 100 años y debería permitir que el reactor sea desmantelado sin el riesgo de nueva contaminación.

El proyecto requiere de 600 millones de euros en financiamiento adicional y previsiblemente no se completará antes de la meta del 2012 debido a problemas como restos radioactivos hallados durante los trabajos de excavación.

Ucrania espera recaudar la mayor parte de los fondos en una conferencia de donantes internacionales que se realizará en Kiev el próximo mes, en la víspera del 25 aniversario del trágico evento.

Las autoridades creen que Ucrania probablemente gastará miles de millones de euros en el mantenimiento del confinamiento antes de hallar una forma de enterrar los componentes del reactor, quizás debajo de capas de rocas de granito. Incluso el área alrededor de la planta seguirá siendo inadecuada por miles de años.

Cuando le preguntaron cuánto tiempo pasaría hasta que la gente se pueda asentar y cultivar en el lugar, el director de la planta de Chernóbil, Ihor Gramotkin, respondió: "Al menos 20.000 años".

Yury Andreyev, jefe de turnos en el reactor número dos en la noche de las explosiones y hoy jefe de un organismo no gubernamental que representa los intereses de aquellos que lucharon por controlar el desastre, cree que no hay riesgos de que el drama en Japón cobre la gravedad de el de Chernóbil.

"La escala de la destrucción (en Japón), tanto nuclear como radioactiva, es 10.000 veces menor de la que vivimos en Chernóbil. Se despidieron alrededor de 30 toneladas de combustible nuclear (en Chernóbil). Aquí (en Japón) no hubo la misma descarga", dijo a periodistas el martes.

EFECTOS POLITICOS

A pesar de la magnitud del desastre, tanto Ucrania como Bielorrusia siguen dependiendo fuertemente de la energía nuclear, dado que no tienen recursos de hidrocarburos desarrollados. En los próximos meses, ambos planean pedir prestados miles de millones de dólares a Rusia para financiar la construcción de nuevos reactores de diseño ruso.

Pero eso no significa que han olvidado. Los locales en Kiev siguen diciendo que no escucharon a ningún pájaro cantar en la primavera de 1986 y que las hojas de los elegantes árboles de castaño que adornan los bulevares de la capital se pusieron amarillas un mes antes de lo normal.

El desastre y la respuesta del Gobierno ante el mismo pusieron de relieve las falencias del sistema soviético, con sus irresponsables burócratas y su arraigada cultura de secretismo.

Periodistas luego revelaron evidencias de que los hijos de los miembros del aparato comunista fueron evacuados mucho antes que otros y que algunos empleados murieron en la planta debido a que no recibieron la orden de salir.

Mikhail Gorbachev ha dicho desde entonces que el desastre fue una de las gotas que rebelsó el vaso y sepultó a la Unión Soviética, que finalmente colapsó en 1991. Es improbable que el accidente nuclear en Japón quiebre el sistema político del país. Pero Tokio no debe subestimar el profundo poder físico y político de una fusión nuclear.