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Lunes, 14 de Marzo de 2011

Lisandro, la trucha y el gol

El punta del Lyon se inspira en la pesca del salmónido para marcar

LADISLAO J. MOÑINO ·14/03/2011 - 08:30h

Lisandro celebra un gol.reuters

Lisandro López (Argentina, 1983) tiene una manera muy particular de explicar su instinto y su relación con el gol. Los emparenta con la pesca de la trucha con mosca, la afición con la que se aísla del fútbol. En sus guardias silenciosas a las orillas de los ríos trucheros dice haber descubierto similitudes entre el oficio del goleador y la destreza para atrapar al escurridizo salmónido.

Para Lisandro, la trucha es un pez inteligente al que hay que engañar, hacer que no estás para aparecer por sorpresa y tener mucha paciencia. Su manual de delantero responde uno por uno a todos esos requisitos. Es uno de esos goleadores que sintetizan la posición en tres tiempos: movimiento, control y disparo. Así hizo carrera en el Racing de Avellaneda, en el Oporto y ahora en el Lyon.

Tras derrotar al Madrid, una frase del Licha' aún sigue en la pizarra

Su temporada no está siendo brillante por las lesiones, pero sus números hablan de una eficacia letal. De 19 remates entre los tres palos, 12 han acabado en gol.

Lisandro volvió a marcar el sábado ante el Sochaux. Un partido para afilarse antes de acudir al Bernabéu. Allí, la temporada pasada, su cintura fue ilegible para la defensa del Madrid, que le padeció hasta la desesperación. "Es un gran goleador, pero también tiene mucho desborde cuando cae a las bandas. En el Bernabéu, los defensas del Madrid no le adivinaron una. Crecimos a partir de él. Es muy importante para nosotros. Además, parece que cada vez se entiende mejor con Gomis", dice su compañero Chelo Delgado, que también le atribuye galones de cabecilla del grupo: "Tiene mucho carácter en la cancha y fuera de ella".

En la pizarra del vestuario del Lyon aún sobrevive una frase de Lisandro que en un año nadie se ha atrevido a borrar. La escribió después de que su equipo derrotara al Madrid de Pellegrini (1-0) y se dispusiera a preparar el partido de vuelta en el Bernabéu. "Compañeros, quiero que dejemos nuestra vida todos juntos en el campo. Si debemos caer eliminados tiene que ser de pie, con la cabeza alta, jugaremos cada balón como si fuera el último". Nadie discute con Lisandro, salvo su entrenador Claude Puel, tan cabezón como su delantero. El entrenador siempre quiere tener la última palabra y eso Lisandro no lo soporta. La relación ha ido de más a menos. Ahora es imposible. Puel no escucha sugerencias sobre sus decisiones y Lisandro tiende a discrepar con él cuando no le convencen. La última vez que lo hicieron el argentino salió mal parado físicamente. Puel decidió que no jugaría ante el Nancy, cita previa al partido con el Madrid en Gerland. Lisandro no aceptó la decisión y golpeo con rabia un balón. Ese gesto airado le supuso una rotura fibrilar que le impidió medirse al conjunto de Mourinho. Puel pretendía darle descanso, pero el quiere jugarlo todo porque, como muchos delanteros, es un ansioso del gol que hincha su autoestima con los números.

"Es goleador, pero también tiene desborde", dice su compañero Delgado

No es la primera vez que Lisandro se rebela contra un entrenador. Cuando llegó al Oporto, el holandés Co Adriaanse le hacía jugar permanentemente en la banda. El Licha, como se le conoce en Argentina, miraba sus estadísticas y se desesperaba. En sus dos primeras temporadas en Portugal firmó 15 goles en 51 partidos de Liga. Dejó caer que volvería a Argentina, pero la destitución de Adriaanse y la llegada de Jesualdo Ferreira le rehabilitaron. El exentrenador del Málaga le devolvió al centro del ataque y allí Lisandro resurgió pensando el gol como el arte de pescar truchas.