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Sábado, 5 de Marzo de 2011

Amaya Arzuaga y Lanvin, alegría, sutileza y optimismo para el invierno 2012

EFE ·05/03/2011 - 02:09h

EFE - Una modelo desfila con una creación para la temporada Otoño-Invierno 2011/12 de la diseñadora española Amaya Arzuaga, en la semana del Prêt-à-Porter de París, Francia.

La modista española Amaya Arzuaga, con una exquisita y sobria segunda colección parisina, y su colega israelí Alber Elbaz para Lanvin, creador de un estilo elegante, alegre y sutil, fueron hoy dos de las grandes estrellas de la cuarta jornada del Prêt-à-Porter de París para el otoño-invierno 2011-2012.

Ambos devolvieron a las pasarelas su alegría natural al presentar sus ideas el mismo día en que la firma Christian Dior desfiló en ausencia de su hasta ahora director artístico, el gibraltareño John Galliano, acusado de injurias racistas.

La firma japonesa Issey Miyake, con un desfile futurista inspirado en el origami, técnica tradicional de plegado de papel, aportó su poesía a esta jornada sombría, en la que la moda y la creación perdieron, al menos de momento, y por causas muy graves, a uno de sus hasta ahora artífices estelares.

Vivienne Westwood trajo la nota británica desenvuelta y barroca, hecha de tules y transparencias, de dorados, cuadros escoceses, estampados multicolores y osadas mezclas de formas y volúmenes, ensombrecida tan solo por el maquillaje negro portado en sus rostros por las modelos bajo sombreros-cascos que bien podían ser de guerra.

Con Amaya Arzuaga, el invierno próximo se llenará de faldas y vestidos muy minis de corte perfecto, ilustrados con pliegues diagonales asimétricos, relieves de armoniosa simetría, transparencias y plisados estratégicos.

A menudo sus conjuntos no llevarán mangas y dejarán brazos y piernas visibles en todo su esplendor.

Sobre la pasarela los dejaron en toda su delgadez, pues sin miedo a provocar los ánimos con los temores y riesgos de la anorexia, la modista española eligió a mujeres esbeltísimas para portar sus obras.

De noche, también sin mangas o con mangas largas, los vestidos rozarán el suelo y tendrán cola.

Entonces serán negros, pero siempre estarán adornados con una bella franja ondulada en rojo o azul vivo.

Los pantalones, muy ajustados, lucirán franja ancha lateral, más de estilo deportivo que esmoquin.

Negro y colores neutros como crudos y beiges, para conjuntos bicolores, y prendas enteramente construidas en naranja, azul o rojo vivo, estarán muy presentes en la próxima temporada invernal de Arzuaga.

Tras el desfile, la modista dijo a Efe que había utilizado dos fuentes de inspiración.

"Es un poco absurdo, pero tiene sentido", la primera de ellas "es como una revisión desde dentro del cuerpo para sacarlo al exterior", explicó en referencia sin duda a los complejos pliegues y relieves que sobresalían en algunos de sus modelos, en la espalda, en el torso, o en todo el contorno del diseño.

"Los vestidos son el esqueleto", precisó.

Su segundo punto de partida vino "de las mariposas, del movimiento y de lo sutil de las alas", agregó la modista, quien también ideó pequeños vestidos corola que recordaban a una flor o a una hoja.

"Creo que esta colección, aunque siendo conceptual, está más cerca de la calle", no es siempre fácil "conseguir algo que sea sencillo sin ser aburrido", añadió.

Fue, en cualquier caso, por su refinamiento y por el perfecto acabado de sus más mínimos detalles, una colección "muy alta costura".

Como también lo es siempre el Prêt-à-Porter de lujo presentado por Elbaz, hoy ante el telón de fondo de un gran y tranquilizante árbol.

Después del desfile, el modisto subrayó lo "deseable" que es posarse al pie de un árbol, bienestar al que no siempre es posible librarse en la agitada vida cotidiana.

Bajo su árbol, el desfile, suavemente minimalista, se hizo multicolor al final, cuando reunió sus vestidos de cóctel de un solo tono, fucsia, amarillo, verde, rosa, naranja, ladrillo, beige o negro, adornados con volantes, pliegues o drapeados, no siempre asimétricos, en las caderas, sobre un hombro o en delantero.

Algunos modelos estampados de flores blancas y negras, muchos sombreros a lo "Harry Potter", con ala ancha, abundantes vestidos negros, cortos, minis a veces, sobre zapatos de altísimo tacón, todo de gran simplicidad, realzado por un gran brazalete o un gran collar, serán indispensables con Lanvin para protegerse del frío y del calor entre 2011 y 2012.

En los actos y salones exquisitos de la futura temporada invernal, los momentos más elegantes se vestirán de largo, con túnicas blancas o negras, o con conjuntos de encaje negro.

De día, la mujer Lanvin irá a trabajar con sombrero y capas cortas de cuero, sobre falda también corta; chaquetas rectas, con la apertura de sus bolsillos, metálica, a la vista; ajustados pantalones negros y, a veces, zapatos planos.

El objetivo de la colección, comentó el modisto, fue "reflejar la vida de las mujeres", para lo que quiso darle un toque "un poco estricto" y también un toque lleno de flores, de alegría y ligereza".