Archivo de Público
Sábado, 5 de Marzo de 2011

El tiburón de Hirst ataca de nuevo

La Tate de Londres inaugurará una retrospectiva del polémico artista dentro de los Juegos Olímpicos

IÑIGO SÁENZ DE UGARTE ·05/03/2011 - 08:00h

El artista inglés delante de su tiburón en formol. AFP

Para los museos, las cifras de visitantes tienen ya tanto peso como los espectadores en la televisión. Por eso, la Tate Modern se ha entregado en cuerpo y alma a Damien Hirst para el momento más especial que tiene por delante: el verano de los Juegos Olímpicos de Londres, en 2012. Debía elegir una exposición que coincidiera con esas fechas y la apuesta ha sido la misma que haría el presidente de un club de fútbol: dinero y público.

El museo de arte más visitado de Londres dedicará una retrospectiva al artista, la primera que disfruta en un gran centro de arte nacional del Reino Unido. Será en cierto modo la consagración de Hirst, una figura polémica a la que la mayoría de los críticos ha abandonado a su suerte.

Será la consagración de Hirst, al que los críticos han abandonado

No faltará el famoso tiburón sumergido en formol, oficialmente conocido como La imposibilidad física de la muerte en la mente de algo vivo. La muerte es aún más difícil cuando el artista garantiza reponer el cadáver si termina descomponiéndose. El tiburón que llegará a Londres no será el mismo que el banquero Steve Cohen compró por 12 millones de dólares. Hirst lo cambió por otro haciendo honor a su promesa.

La exposición incluirá la vaca troceada (Madre e hijo dividido) y su instalación Un millar de años, el cubículo acristalado que contiene la cabeza de una vaca y unas cuantas moscas.

Los visitantes tendrán la oportunidad, según Ann Gallagher, de la Tate Modern, de "alejarse de todo el ruido que rodea a Hirst, volver a 1988 (cuando irrumpió en la escena artística de Londres) y seguir toda su carrera".

La exposición de la Tate dedicará una sala a una subasta, algo inaudito

La Tate se garantiza así titulares y una marea de público. Podía haber optado por soluciones más imaginativas o haber empleado el momento en que muchos extranjeros visitan Londres para ofrecer lo último del arte contemporáneo británico.

Ya no se espera a que un artista entre en los últimos años de su carrera para rendirle el homenaje que supone una gran retrospectiva. Ahora los museos necesitan más a los artistas en una época en la que no pueden sobrevivir sin cuantiosos patrocinios privados. Y las empresas que apoyan estas exposiciones prefieren nombres que prometan atención.

Rachel Campbell-Johnston, crítica de arte de The Times, piensa que Hirst será recordado, pero en un escalón progresivamente inferior. El impacto y la novedad de su obra se han ido desvaneciendo: "Su importancia reside más en las cuestiones que plantea acerca del mercado del arte que del mérito estético de unas obras que corren el riesgo de descomponerse, al igual que su carrera".

Pero los que manejan el dinero no están tan preocupados. No aprecian que el valor comercial de Hirst se pudra a la misma velocidad que su famoso tiburón. Las casas de subastas están convencidas de que la cita de 2012 volverá a empujar al alza la cotización de sus obras.

La exposición de la Tate dedicará una sala a una subasta, algo inaudito. Precisamente, la de Sotheby's recaudó con las obras de Hirst 111 millones de libras, en septiembre de 2008, justo el día en que Lehman Brothers se fue por el sumidero y todos detrás. El tiburón sobrevivió a la catástrofe.