Archivo de Público
Sábado, 5 de Marzo de 2011

El PSE dice a Merkel que "un país no es una empresa"

Reuniones por separado de conservadores y socialistas ante las cumbres económicas

D. BASTEIRO / P. BAELO ·05/03/2011 - 08:00h

La zona euro exhibió ayer mediante la enésima puesta en escena su división ante la crisis económica. Si hasta ahora había grupos de grandes y pequeños países, sureños y norteños o heterodoxos y ortodoxos, ayer quedó claro que la ideología es otro factor clave de cara al "maratón de cumbres económicas" de marzo, como se definen en Bruselas.

El Partido Socialista Europeo (PSE) celebró en Atenas un seminario para recordar a Angela Merkel que "un país no es una empresa" y que no existen "soluciones únicas" para combatir las flaquezas de las economías de la zona euro, en palabras del danés Poul Nyrup Rasmussen, su presidente. Los socialistas se plantaron así ante unas exigencias alemanas que consideran perjudiciales para la salida de la crisis, los derechos sociales y el empleo. Según la izquierda europea, es prioritaria la ampliación y flexibilización del fondo de rescate para calmar a los mercados, que podrían digerir con ansiedad la posible subida de tipos de interés en abril anunciada por el BCE.

El primer ministro griego, Yorgos Papandreu, fue el único jefe de Gobierno socialista que acudió a la cita. Se ausentaron los de Portugal y España, Sócrates y Rodríguez Zapatero, países también asediados por los mercados.

En Helsinki, la mayoría conservadora celebró un cónclave más numeroso. Las conversaciones no giraron en torno a la ampliación del fondo de rescate, que se cerrará en la cumbre del 24 y 25 de este mes, sino en torno al pacto de competitividad que exige Merkel, que se debatirá en la cumbre del viernes que viene. La derecha europea quiere "hacer más fuerte al euro como divisa y fortalecer la competitividad europea", en palabras de la canciller.

Previamente, en una reunión en Berlín con Jean Claude Juncker, líder luxemburgués y presidente del Eurogrupo, Merkel advirtió de que "todavía queda mucho trabajo por hacer" respecto al pacto de competitividad, cuyas medidas (ligar salarios a productividad y retrasar la edad de jubilación, entre otras) han generado oposición en diversos países.