Archivo de Público
Lunes, 21 de Febrero de 2011

ENFOQUE-Investigadores EEUU abordan bioseguridad en oeste Africa

Reuters ·21/02/2011 - 13:04h

Por Simon Akam

En un remoto laboratorio del oeste africano, el investigador estadounidense Matt Boisen coloca suero de una mujer infectada con fiebre de Lassa sobre una delgada cinta, poniendo a prueba una nueva forma de diagnosticar el letal virus.

En poco tiempo aparece una reveladora barra horizontal roja.

El laboratorio de Boisen, en el sudeste de Sierra Leona, es un puesto de avanzada de la "guerra contra el terrorismo" del Gobierno estadounidense, financiado por un aumento repentino en el gasto en defensa contra ataques biológicos desde los atentados contra Nueva York y Washington de hace una década.

Las investigaciones estadounidenses apuntan a limitar la vulnerabilidad de los intereses occidentales ante agentes biológicos. En el caso de la Lassa un diagnóstico simple e inmediato es considerado crucial para lograr eso.

"Ha habido un renovado énfasis en aquellas enfermedades tropicales consideradas como amenazas biológicas (por funcionario gubernamentales en salud)", explicó Boisen sobre su trabajo en Lassa, que de forma similar al Ebola, puede hacer que las víctimas sangren por sus múltiples orificios.

La fiebre de Lassa, nombrada en honor a la ciudad nigeriana donde fue identificada por primera vez en 1969, integra una lista de males "categoría A" elaborada por Estados Unidos, consideradas con el potencial suficiente para tener un gran impacto sobre la salud pública, junto al carbunco y el botulismo.

La enfermedad es portada por una especie de roedor, el Mastomys Natalensis, hallado en la Africa subsahariana y a menudo consumido como fuente de proteína. Se estima que infecta entre 300.000 y 500.000 personas al año, y mata a unas 5.000.

"Se le considera como un agente de riesgo de mayor nivel", dijo el doctor Thomas Geisbert, un académico de la Universidad de Texas y un ex miembro del Instituto de Investigaciones Médicas para Enfermedades Infecciosas del Ejército de Estados Unidos.

"Sería inocente no pensar que algún grupo terrorista podría usar una de estas cosas para sembrar el caos", agregó.

antes de los ataques del 11 de septiembre - el presupuesto del Instituto Nacional de Salud de Estados Unidos (NIH, por sus siglas en inglés) para bioseguridad e investigaciones relacionadas era de 53 millones de dólares.

Pero para el año fiscal 2007, el NIH estaba solicitando más de 1.900 millones de dólares de presupuesto.

SABE BIEN

son llevadas a cabo en el hospital estatal en Kenama, el sudeste del empobrecido país.

El sostenido aluvión de pacientes con fiebre de Lassa, mantenidos en una guardia de aislamiento, da a los investigadores acceso al virus.

El personal espera que con el tiempo su nuevo producto de diagnóstico sea barato, simple y lo suficientemente robusto como para ser llevado al campo, comparable con los actuales análisis de malaria y VIH y reemplazando los complicados procedimientos de laboratorio.

Dicho análisis podría rápidamente identificar un brote en Estados Unidos y además debería reducir dramáticamente el impacto de la enfermedad en su territorio de origen. La posibilidades que un paciente tiene de sobrevivir aumentan si recibe tratamiento temprano.

En Kenema, a 300 kilómetros de la capital Freetown, es imposible crear los mismos niveles de protección que los investigadores tendrían en un laboratorio de Occidente.

En Estados Unidos, el virus de Lassa es manipulado en instalaciones de nivel cuatro de bioseguridad, donde los investigadores usan "trajes espaciales", pero en Kenema las medidas incluyen protectores oculares, guantes y máscaras.

"Sin duda tenemos menos seguridad, menos contención, pero tenemos la habilidad de hacer mucho más en la misma cantidad de tiempo", dijo Boisen.

Mientras que en el laboratorio trabajan mayormente extranjeros, un equipo de extensión local persuade a las personas del lugar para que no consuman al roedor Mastomys, una tarea difícil.

"Sabe bien. Ese es el motivo por el cual nos resulta tan difícil lograr que la gente deje de comer la rata", dijo el residente Lansana Kanneh.