Sábado, 12 de Enero de 2008

La catedral de Vitoria, la musa de los escritores

EFE ·12/01/2008 - 14:10h

EFE - Vista de la nave de la catedral Santa María de Vitoria.

El autor de moda, Ken Follet, ha sido el último de los escritores que ha sucumbido a una pétrea musa: la catedral gótica de Vitoria, vacía por dentro pero llena de literatura.

Habitualmente, las iglesias se esconden mientras se rehabilitan, ocultas tras andamios y carteles de cerrado por obras. En Vitoria han optado por lo contrario: abrir su catedral del siglo XIII mientras la arreglan y enseñar las tripas del templo.

Así permiten a los turistas asistir a una arqueología en directo que ha fascinado a Reyes y escritores. El último, Ken Follet, que se inspiró en el deterioro del templo de Vitoria para describir los problemas de estabilidad de su catedral literaria de Kingsbrigde, dentro de su superventas "Un mundo sin fin", la secuela de "Los pilares de la Tierra".

Follet conoció en el 2002 la catedral de Vitoria, y entonces dijo que "en ningún lugar del mundo se puede ver algo así. Ojalá hubiera conocido esta restauración a la hora de escribir Los Pilares".

Regresó varias veces a Vitoria, la última esta semana, fascinado por el templo vitoriano, cuatro paredes y un hueco, sin bancos, púlpitos ni confesionarios. Con el suelo excavado, donde se ven los esqueletos de las tumbas, y la vieja muralla milenaria que sirvió de cimiento al remoto primer templo.

Sobre la muralla, se construyó una pequeña capilla, sobre ésta una iglesia, sobre la iglesia una catedral gótica. Pasaron los siglos, y cada estilo arquitectónico puso una bóveda aquí y quitó un arco de allá.

El resultado fue el desequilibrio actual, unas paredes temblorosas que muestran, desnudas, las grietas de siglos. El templo se cerró en 1994, ante el peligro de derrumbe, y con el nuevo siglo comenzaron los trabajos para mantenerlo en pie.

Ahí surgió la idea brillante: enseñar las obras, mostrar lo que nadie ha visto nunca en las catedrales, siempre tan lustrosas.

Repleta de vigas metálicas que sujetan las torcidas paredes, una pasarela metálica, a cuatro metros de altura sobre el suelo, permite "volar" y descubrir desde el aire los secretos del templo, una pared agrietada, un triforio torcido, un esqueleto en su nicho.

El esfuerzo ha recibido el premio "Europa nostra" de restauración, el más importante del viejo continente, y atrae a cien mil personas al año.

Paralelamente a la rehabilitación la fundación que dirige la catedral ha invitado durante estos años a prestigiosos escritores a conocerla.

Además de los Reyes de España, autores como Mario Vargas Llosa, Alfredo Bryce Echenique, Arturo Pérez Reverte, José Saramago, Zoe Valdés, Dominique Lapierre, Carlos Ruiz Zafón, Hugh Thomas o Alejandro Jodorowsky han quedado fascinados por la oportunidad de ver lo que no se enseña de una iglesia.

La catedral ha pasado a ser así un templo literario: además de Follet, la alavesa Toti Martínez de Lecea ubicó allí su novela "A la sombra del templo", y Paulo Coelho sitúa en él un pasaje de su novela "El zahír".