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Lunes, 7 de Febrero de 2011

ENFOQUE-Niños pakistaníes, perseguidos por recuerdo inundaciones

Reuters ·07/02/2011 - 12:35h

Por Michael Georgy

Raja Hussain, de 10 años, todavía ve el agua de una inundación avanzando estruendosamente hacia su aldea agrícola casi todas las noches. Suenan como un tren de alta velocidad.

Fuertes inundaciones producto de las lluvias monzónicas azotaron Pakistán hace seis meses. Sin embargo, esas intensas imágenes aún aparecen en las pesadillas del niño pakistaní.

"En los sueños me veo rezándole a Alá para que nos ayude", dice Hussain.

Uno de los peores desastres naturales en la historia de Pakistán dejó aproximadamente a 11 millones de personas sin hogar, 2.000 víctimas fatales, destruyó cientos de miles de hectáreas de cultivos y fulminó la economía.

Además causaron un fuerte estrago psicológico y los niños son los más vulnerables.

Un estudio de Save the Children arrojó que el 87 por ciento de los niños entrevistados se mostraron estresados y agresivos, un 75 por ciento no se podía expresar adecuadamente y un 70 por ciento se sentía inseguro, con temor a las personas, al agua, a los lugares abiertos o a la oscuridad.

En Mir Hassan, en la provincia sureña de Sindh, la más afectada por las inundaciones, trabajadores humanitarios intentan aportar estabilidad psicológica a los niños.

La idea es borrar los recuerdos perturbadores haciéndolos participar en juegos o dibujar imágenes de la parte más espantosa de las inundaciones para que puedan lidiar con ellas. Se llama asesoramiento psicosocial.

Algunos niños, así como también adultos, tienen problemas para dormir debido al trauma.

"Si no duermes por varios días puedes sufrir de psicosis", dijo Ea Suzanne Akasha, de la Cruz Roja Danesa, quien dirige una unidad psicosocial.

"La gente empieza a imaginar que ve cocodrilos y cosas que salen de las paredes", agregó.

PROFUNDA ANSIEDAD

Combatir el estigma que generalmente acompaña la enfermedad mental puede hacer que la tarea sea aún más difícil. Algunos de los enfermos mentales por las inundaciones están atados a árboles o sillas en las aldeas.

Durante una sesión psicosocial en Mir Hassan, un voluntario de la Cruz Roja pakistaní arroja una pelota de fútbol a un grupo de niños, cada uno de los cuales grita su nombre cuando la atrapa. Otros juegan cricket en la tierra.

Cerca de allí hay aldeanos en cuclillas frente a un muro que durante las inundaciones quedó bajo 4 metros de agua. Observan las actividades desde el otro lado de un canal de agua verde, espesa y podrida.

Los recuerdos de personas escapando desesperadamente de las inundaciones y el agua subiendo hasta sus rodillas, aún aterrorizan a Fawzia Ali Siyal, de seis años.

La niña participa en actividades y juegos, pero no pierde de vista a su hermana de ocho años, quien también ha quedado traumatizada por las inundaciones.

"Cuando mi hermana mayor piensa en las inundaciones se hace pis encima. Le digo que no se preocupe. Que todo va a estar bien", afirma Fawzia.

Los adolescentes están tratando de lidiar con la situación. Safraz Shahnawaz, de 15 años, se ha vuelto antisocial y con frecuencia se enfada sin razón aparente.

"A menudo veo fantasmas cuando duermo. Tienen rostros enojados", señala.

Hasta 7 millones de personas permanecen desplazadas por las inundaciones, según Save the Children. Muchos de los que pudieron regresar a sus aldeas tienen pocos recursos para ganar dinero y reconstruir sus casas o retomar la educación de sus hijos, por lo que dependen mayormente de grupos asistenciales.

"Hay una necesidad urgente de que los niños y sus familias regresen a hogares y escuelas adecuadas para que puedan volver a tener vidas normales", dijo Save the Children.

Raja Hussaid dijo tener ganas de ser ingeniero electrónico, sosteniendo orgullosamente libros escolares, uno de los pocos afortunados que está estudiando de nuevo. Pero no hace falta mucho para que su ansiedad vuelva a aflorar.

"A veces escucho a mis maestros hablar sobre las inundaciones", afirmó nerviosamente.

Los trabajadores asistenciales confían en que pueden ser de ayuda, a pesar de los profundos daños psicológicos. Los niños se reúnen para turnarse cantando canciones, algunos dicen en broma que el desastre pudo haberlos preparado para otros traumas más adelante en sus vidas.

"Protéjeme Alá para que mi amor no me deje", cantaba un niño.