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Domingo, 23 de Enero de 2011

Ernesto Pérez Zúñiga baja a los infiernos con "El juego del mono"

EFE ·23/01/2011 - 11:26h

EFE - Fotografía facilitada por Alianza Editorial del narrador y poeta Ernesto Pérez Zúñiga, que siempre se ha movido entre la realidad y la ficción, lo misterioso y lo fantástico, para indagar en el deseo. Este escritor madrileño en su última novela "El juego del mono", que sale esta semana a la calle y de la que ha hablado con Efe, da un paso más y baja a lo infiernos para poner frontera entre el instinto animal y lo humano.

El narrador y poeta Ernesto Pérez Zúñiga siempre se ha movido entre la realidad y la ficción, lo misterioso y lo fantástico, para indagar en el deseo. Ahora en su última novela "El juego del mono", da un paso más y baja a lo infiernos para poner frontera entre el instinto animal y lo humano.

"El juego del mono", que sale esta semana a la calle en Alianza, es la última novela de Pérez Zúñiga -nacido en Madrid en 1971, donde vive, aunque se crió en Granada, donde desarrolló una importante carrera literaria- y que publica después de "El segundo círculo", galardonada con el premio internacional de novela Luis Berenguer.

Protagonizada por Montenegro, un antihéroe, un profesor de lengua, "El juego del mono" cuenta de manera circular la vida de este profesor, que llega a la Línea de la Concepción para trabajar en un instituto, en un ambiente deteriorado por la droga y el contrabando. En la casa que ha alquilado, en el sótano, descubre que allí estuvo un escritor secuestrado, según un manuscrito que dejó, por una misteriosa mujer enmascarada y acompañada de un mono.

Averiguar quién fue y por qué estuvo allí encerrado este hombre se convertirá en una búsqueda obsesiva que servirá a Montenegro, "un marqués de Bradomín, un Marlow o un Larssen", de catarsis para esclarecer su propia existencia.

"Se trata de mundo y de una novela entre fronteras -explica a Efe Zúñiga- que está estructurada como un juego circular donde el protagonista tiene que escribir para salvarse. Y la lectura de este manuscrito que encuentra Montenegro le transformará, ya que en la búsqueda de esta historia él mismo baja al infierno del instinto humano, con su animalidad, su deseo y, al tiempo, su necesidad de salvación".

Con el protagonista, dibujado como un quijote contemporáneo al que le transforma la lectura, y con el mono como símbolo, como intermediario entre dioses y hombres, como el sabio que posee todos los defectos humanos y como hilo conductor de esta narración, la "metanovela" de Zúñiga es, por encima de todo, un canto a la literatura, con guiños a Dostoievski, Nabokov, Murakami, Onetti, Musil o Valle Inclán, entre otros.

Un juego literario, una caja china, que quiere celebrar el poder de la literatura. "Es una novela muy literaria, porque celebra la literatura y su autenticidad como una de las cosas que enaltecen al ser humano, librándolo de la locura, de la desesperación. El manuscrito es un canto a la pureza y a la autenticidad bajo una situación de tortura", subraya el autor.

Y, así, con tintes autobiográficos, porque el autor también estuvo destinado en la Línea de la Concepción como profesor cuando empezaba su carrera, esta novela supone para Zúñiga un antes y un después.

"Para mí escribir este libro también ha sido una catarsis y un despojamiento de muchas cosas; es una liberación y una toma de conciencia de la pureza máxima de la literatura, de su autenticidad, y también una toma de conciencia - dice- de que vivimos en una sociedad cuyos valores tienen más que ver con el juego que con otra cosa. En la novela hay una búsqueda de la responsabilidad de nuestras acciones y una reflexión sobre los peligros que rodean el deseo y los impulsos.

"Jugamos porque somos incapaces de amar, me repetí días más tarde. Nos concentramos en el juego porque somos incapaces de querer a otro profundamente", escribe Montenegro.

Monos que beben whisky, la filósofa Diotima, la Sherezade de "Las mil y una noches"; Sun Wu-kung, el mono más famoso de la literatura china; el amor, el deseo, la unión entre el hombre y el animal, el desprendimiento de máscaras y velos. Todo se mezcla aquí con los habitantes de un limbo fronterizo en Gibraltar, en una lectura entre la vigilia y el sueño en la que al final vence la luz del día.

Carmen Sigüenza