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Viernes, 21 de Enero de 2011

"Mentiste y tus mentiras mataron a mi hijo"

Blair dice ahora que lamenta la pérdida de vidas humanas en Irak

IÑIGO SÁENZ DE UGARTE ·21/01/2011 - 21:30h

Carl Court / afp - Manifestantes frente al edificio en Londres donde Blair declaraba ayer ante la Comisión de Irak.

Hace un año, Tony Blair no quiso dar a sus rivales el titular que esperaban. Cuando le preguntaron en la comisión de investigación de la guerra de Irak si lamentaba algo de su decisión de invadir el país, reaccionó con furia y una frialdad de hielo. Si acaso, asumía la responsabilidad, algo bastante obvio. Sus palabras fueron recibidas con una mezcla de indignación y perplejidad.

Esta vez, no cometió el mismo error. En su segunda y última comparecencia, el ex primer ministro explicó que nunca pretendió hacer creer que no sentía en absoluto la muerte de tantas personas:

"Quería dejar claro que desde luego lamento clara y profundamente la pérdida de vidas, sean de nuestras Fuerzas Armadas, de otras naciones, de los civiles que ayudaron al pueblo de Irak o de los propios iraquíes".

Pero el dolor de los que perdieron a sus seres queridos en esa guerra es demasiado grande como para que esas palabras sirvan de algo. Mucho menos cuando llegan con un año de retraso. "¡Demasiado tarde!", gritó en la sala uno de los familiares de los militares muertos en Irak. Dos mujeres se dieron la vuelta, llorando, y abandonaron la sala en ese momento. El presidente de la comisión pidió silencio y poco después dio por cerrada la comparecencia. Entonces una mujer que se dirigía a la salida le espetó a Blair: "Mentiste y tus mentiras mataron a mi hijo. Espero que puedas vivir con eso". Era Rose Gentle, madre del soldado Gordon Gentle, que murió en Irak con 19 años.

Discurso belicista

Es difícil o imposible que estas personas puedan perdonar alguna vez al ex primer ministro. De hecho, antes de que pronunciara esas palabras, Blair ya había causado murmullos y expresiones de estupor con su discurso belicista en relación a Irán.

El baño de sangre de la posguerra iraquí y la inexistencia de las armas de destrucción masiva, con las que los gobiernos de EEUU, Reino Unido y España justificaron la invasión, no han hecho cambiar ni un milímetro a Blair. Aún piensa que ante una amenaza en Oriente Próximo, Occidente debe responder con la fuerza si la presión diplomática resulta inútil.

Blair sostiene que Occidente adopta una actitud resignada ante Irán, a pesar de las sanciones impuestas por la ONU. Él quiere más. Irán es una amenaza inminente a la que habría que responder de la misma forma que se hizo con Irak: "Van a continuar [con su programa nuclear] hasta que tengan que enfrentarse a una decisión firme [de Occidente] y, si es necesario, al uso de la fuerza".

La comparecencia transcurrió en los mismos términos que la primera. Los interrogadores hacían preguntas demasiado generales y Blair no tenía problemas para quitárselos de encima. El asunto más delicado era el de la legalidad de la invasión. El fiscal general, Peter Goldsmith, no creía que fuera legal sin una segunda resolución de la ONU. A pesar de que Blair lo sabía, eso no le impedía declarar en público lo contrario.

¿Por qué? Blair respondió que podía ignorar el consejo de Goldsmith, ya que se trataba de un informe "provisional". A la hora de la verdad, y tras un viaje a EEUU, Blair sabía que podría convencer al fiscal general.