Martes, 2 de Octubre de 2007

Manhattan quiere ser el paraíso

El barrio neoyorquino de Union Square se convierte en una zona especializada en productos orgánicos  que fascina al movimiento 'ecofriendly'

LAURA BURGUIÑÓ ·02/10/2007 - 20:45h

Los puestos de frutas y verduras del Green Market atraen a neoyorkinos y a turistas por igual. /AFP

Como champiñones. Así brotan en Union Square los restaurantes de comida orgánica, los centros especializados en terapias naturales y los puestecillos de zumos naturales.

Del mismo modo, aumentan por momentos los curiosos que se acercan para participar en las clases gratuitas de yoga o, simplemente, a disfrutar de la “buena energía” que desprende la zona. Por si fuera poco, un artículo publicado hace un mes en el New York Times ha acabado de consagrar este barrio como el corazón verde de la ciudad. Y, en definitiva, en otro centro de interés turístico.

El siempre bien surtidomercado de verduras y productos campesinos de Union Square era terreno abonado para la causa. Los primeros e insólitos puestos del Greenmarket se instalaron en 1976. Desde
entonces, este lugar es venerado por los urbanitas que añoran los sabores tradicionales.

Efecto dominó

El fenómeno no pasó de ahí hasta que en fechas recientes empezaron a abrirse locales que se definen como ecofriendly y que se atraen unos a otros. Además de supermercados y restaurantes a base de productos orgánicos, en sus alrededores han empezado a inaugurarse negocios más originales, entre los que destacan las lavanderías ecológicas, las tiendas de ropa y  muebles orgánicos e incluso una zapatería pionera en calzado vegano.

La Union Square es venerada por los ecologistas y los activistas en general. No obstante, hasta hace un par de años sus comercios no se diferenciaban demasiado de los del resto de Nueva York, explica Stephanie Damoff. Ahora la concentración de este tipo de locales resulta más que llamativa y atrae a nuevos consumidores.

Estos tienen poco que ver con los viejos hippies. Más bien al contrario, en su mayoría son  yuppies que podrían pagarse clases de yoga en un complejo de lujo, pero prefieren armarse de un cesto de paja lo más rústico posible y lanzarse a vivir la armonía al aire libre que tan de moda se ha puesto en este rincón urbanita 100%.“La especialización de un barrio suele ser muy positiva para una ciudad”, opina Belinda Tato, del estudio de arquitectura Ecosistema Urbano.

En principio, hay dos maneras de cambiar la fisonomía de una zona. Se puede dirigir desde la administración o pueden hacerlo los vecinos de modo espontáneo. “Los arquitectos debemos limitarnos a crear entornos que potencien determinadas acciones de los ciudadanos”, sostiene Tato. Al preguntarle si estos cambios son duraderos, esta defensora del espacio público es contundente: “Son irreversibles. La gente puede querer cosas nuevas, pero nunca volver atrás”.