Martes, 2 de Octubre de 2007

El sigiloso asesino de palmeras

Un escarabajo foráneo, el picudo rojo, diezma los palmerales desde 1995. Los científicos investigan cómo acabar con él

ARTURO DÍAZ ·02/10/2007 - 20:44h

Nando Sahagún - El picudo rojo en su fase adulta

“En San Remo están muy preocupados porque han detectado el bicho el mes pasado. En la Costa Azul, también ha llegado este verano. La gente allí está muy nerviosa”. ¿De quién habla Michel Ferry, ingeniero agrónomo, una de las máximas autoridades mundiales en plagas de las palmeras? ¿Qué es eso tan temible que causa pavor en Francia?
Se trata de un insecto, el picudo rojo, contra el que España batalla desde los años noventa; un escarabajo hermoso en su fase adulta, pero tremendamente dañino por su eficacia parasitando y matandolas palmeras en las que cría.

La cosa es seria. El picudo rojo se detectó hace dos años en el Palmeral de Elche, Patrimonio de la Humanidad, y ha tumbado 2.908 árboles en Málaga (1.371 sólo en Marbella).El picudo rojo, Rhynchophorus ferrugineus, es un coleóptero de origen asiático que ha saltado a España por medio de palmeras importadas desde Egipto. Comenzó su labor de destrucción en Almuñécar (Granada) en 1995 y, desde entonces, se ha extendido allí donde ha encontrado una concentración de palmeras. “Para no alarmar, a pesar de que avisamos de lo que podría suponer, los comerciantes y la Administración decían que nunca se adaptaría a nuestro clima, pero ha sido justo al revés”, se lamenta Ferry, científico del Instituto Nacional de Investigación Agronóma francés. El picudo ha hecho estragos sobre todo en Canarias, donde diezma a la palmera típica de las islas, la canariensis. “La canaria es de clima húmedo, más tierna, y resulta muy sabrosa para las larvas de picudo, más que la datilera, más rústica porque ha de adaptarse a la sequía”, explica Ferry.

La Estación Phoenix

El Palmeral de Elche es un lugar de ensueño. Son 200.000 las palmeras, casi todas datileras, que crecen en el llamado palmeral histórico que rodea la ciudad y data del periodo musulmán. Pero hay otras 500.000 que se cultivan en los viveros de este área, la principal zona de producción en Europa. Allí se afana la Estación Phoenix, el centro más avanzado de lucha contra el picudo del Mediterráneo. Susi Gómez, investigadora ilicitana, es la mano derecha de Ferry: “Fue en septiembre de 2005 cuando lo encontramos por primera vez en Elche y se ha hecho mucho desde entonces; pero cada cierto tiempo, los políticos dicen que está controlado para no asustar y eso no es verdad, claro, por lo que la gente se desanima cuando aparece otro caso”, dice Gómez.

El coleóptero se sigue extendiendo porque es de muy difícil detección y sus métodos son silenciosos. Así, una palmera puede tardar en morir dos años sin que sea detectada la infección. Sólo en ocasiones se aprecia parte de las palmas comida, de modo que la prevención es compleja y las inspecciones han de ser constantes. Muy a menudo, aseguran en Elche, el problema sólo se aprecia cuando un ejemplar se colapsa sin más. En el palmeral rural de la ciudad, han caído ya 5.000 palmeras, entre infectadas y arrancadas por prevención; pero en el de la ciudad, sólo se ha localizado el picudo en dos ejemplares.

En España, no hay campo de golf ni nueva urbanización que no se adorne con sus correspondientes palmeras. La demanda ha sido tan grande que sólo en 2004 y 2005 entraron 100.000 palmeras egipcias, muchas, se sospecha, infectadas. La extensión del picudo ha sido fulgurante. Un portavoz de la Junta de Andalucía reconoce que se ha detectado en todas las provincias menos en Sevilla y Jaén. La Junta dedica 1,8 millones en 2007 a luchar contra el insecto.

División de enfoques

Los científicos piden la inmovilización de las palmeras y el fin provisional de la importación. Ferry asegura que Israel adoptó estas medidas y se terminó con la plaga en tres años (es el único país que se ha librado del picudo). En otra trinchera, los importadores defienden su negocio: una palmera egipcia media sale por 60 euros y el intermediario español la venderá por más de 500. Finalmente, la Administración se ha mostrado titubeante. Un decreto prohibió la importación de palmeras de Egipto en 1996, pero la norma fue levantada en 2000 porque las palmeras seguían entrando por Francia e Italia.En Phoenix, se experimenta con ejemplares de picudo para conocerlo mejor.

Resulta impresionante poner el oído junto al tronco de una palmera infectada y oír con claridad cómo las potentes mandíbulas de las larvas hacen fosfatina al pobre huésped. Ferry y Gómez ponen también trampas de feromonas que atraen al picudo para saber cuándo y cómo se mueve. “Además, buscamos insecticidas inocuos”, afirma Gómez, “porque, por desgracia, no se conocen soluciones biológicas, es decir, depredadores”, añade Ferry. En este sentido, Phoenix experimenta con gusanos milimétricos que parasiten al parásito y hacerle la misma jugada, salvando así a la palmera.