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Miércoles, 12 de Enero de 2011

"No tuve ninguna duda de hacerlo"

Julio Luengo, de 36 años, donó un riñón a su hermano, de 46, que sufría una enfermedad renal hereditaria

ANA FLOTATS ·12/01/2011 - 08:00h

guillermo sanz - Julio Luengo, ayer, en el barrio madrileño de Villaverde.

La poliquistosis renal es una enfermedad hereditaria que hizo pasar a Hilario Luengo el peor año y medio de su vida. Los pequeños tumores que se le formaron en ambos riñones crecieron más deprisa de lo habitual así que, condenado a la diálisis, se apuntó a la lista de espera para un trasplante renal de un donante cadáver.

Hilario estaba en la lista de espera para un trasplante de donante cadáver

A los pocos meses, después de una reunión desalentadora con los médicos que trataban a Hilario, sus hermanos le propusieron dejar de esperar el riñón de un fallecido que fuera compatible con él. "Estaba sufriendo demasiado y pensé que sería más rápido que el donante fuera uno de nosotros", explica Julio, de 36 años, quien finalmente se operó en el Hospital Ramón y Cajal de Madrid. En las primeras etapas de la enfermedad hereditaria que sufría Hilario, los quistes hacen que el riñón se inflame, alterando su funcionamiento y provocando hipertensión arterial crónica e infecciones renales.

"Todos los hermanos queríamos ser donantes", cuenta Julio, pero sólo tres eran aptos para ello. Existía la posibilidad de que el resto (tres hermanos más) sufriera, en el futuro, la misma enfermedad que Hilario. La más compatible con su hermano era Aurora, de 32 años, pero el comité ético del hospital eligió finalmente a Julio por su complexión física, más robusta que la de la su hermana.

"Fui el primero en ofrecerme y no dudé ni un minuto en operarme. Mis amigos me dicen que he sido muy valiente, pero no tiene nada que ver con eso, era algo de primera necesidad", cuenta Julio.

«No es una operación arriesgada, a los tres días estaba en casa»

Hilario, de 46 años, sólo podía beber medio litro de líquidos al día y llevaba meses sin orinar por sus propios medios. "Su calidad de vida cambió de la noche al día después de la operación. Fue inmediato", explica Julio. La intervención fue el pasado 16 de diciembre. Cuatro horas y 20 minutos en el quirófano lo cambiaron todo. Hilario fue dado de alta una semana después y su hermano se fue a casa a los tres días. "La operación tiene el mismo riesgo que si te quitan una muela", bromea Julio, "no tuve dolores ni necesité calmantes y al día siguiente de la intervención ya andaba tranquilamente por los pasillos del hospital".

Para toda la vida

Puede que el nuevo riñón de Hilario le dure toda la vida. Ese es uno de los motivos por los que Julio se empeñó en donar. Cuando Hilario estaba en la lista de espera para un trasplante de un donante cadáver, los médicos advertieron a la familia de que el índice de mortalidad en jóvenes había disminuido. "Llegaban riñones de personas mayores que quizás no funcionarían más de 15 años", arguye Julio, quien ahora anima a todos los familiares de enfermos renales a que, como él, pierdan el miedo y donen.

"Creo que hay un problema muy importante de desinformación. La gente cree que es una operación complicada y arriesgada, pero no es así. A quienes estén en mi situación, les recomiendo que lo hagan, de hecho intentaría convencerles de que se operaran para ayudar asus familiares".