Archivo de Público
Domingo, 9 de Enero de 2011

Olga, María y Ángeles lo pueden contar

Tres mujeres recuerdan el horror que sufrieron durante años y cómo lograron sobreponerse a sus parejas

ANNA FLOTATS ·09/01/2011 - 18:15h

Las víctimas en 2010.

Callaron durante años, pero lograron quitarse la mordaza y romper el silencio. Cayeron, pero se volvieron a levantar. Muchas mujeres españolas sintieron miedo en sus propias casas por culpa de sus parejas. Fueron maltratadas, insultadas, vejadas, anuladas. Pero un día vencieron el pánico y dijeron basta. Las historias de Olga, María y Mari Ángeles son ejemplos de valentía, superación y confianza. La otra cara de la moneda de la violencia de género, que el año pasado se llevó por delante a 71 mujeres.

Olga podría haber sido una víctima más en las estadísticas de 2005, justo el año en que entró en vigor la Ley Integral contra la violencia de género. La noche del 11 de marzo, agotada y desesperada, le pidió a su marido que cumpliera su amenaza preferida, la que repetía desde que se casaron. "Deja de meterme miedo y córtame el cuello de una vez", espetó Olga a su marido mientras le ponía un cuchillo en la mano. Pedro, alcohólico y consumidor habitual de cocaína, no cumplió su promesa. Olga llamó a la policía y ese día volvió a nacer.

"Llega un momento en que dejas de ser tú, piensas a través de él", dice Olga

Anulada y en alerta

El maltrato que sufrió Olga empezó a los 18 años, cuando comenzaba a salir con Pedro. Primero fue la ropa. "Estuve 17 años sin ponerme una falda y unos tacones. Mi uniforme eran unos vaqueros, un polo y siempre tenía que ir con coleta", recuerda Olga, que acaba de cumplir 40 años. Su novio, a quien ella consideraba "imprescindible", elegía su vestuario, organizaba sus planes de fin de semana (que nunca incluían a los amigos y a la familia) y decidía con quién podía hablar y con quién no.

"Llega un momento en que no eres tú. Sólo piensas y ves a través de él", arguye Olga para explicarse a sí misma por qué no se inmutaba cuando su marido le contaba que un día le partió el labio a su ex novia. Olga estaba "anulada" y vivía en alerta permanente, atemorizada por Pedro, por sus insultos, sus amenazas y, sobre todo, por su indiferencia.

Ella hacía lo posible para evitar los constantes enfados de Pedro, que montaba en cólera porque la comida no estaba en la mesa cuando él llegaba, porque los cristales no estaban limpios y hasta porque las patatas fritas no tenían todas el mismo tamaño. Olga se sentía culpable de todo: "Acabé pensando que él no se enfadaba conmigo, sino que yo lo enfadaba a él. No me planteaba nada, sólo quería lo que él quería". Justo por eso, Olga cometió "el mayor error" de su vida y, a los 24 años, se casó.

Al poco tiempo llegaron los hijos. Trillizos. Olga se volcó en ellos y, precisamente, gracias a Pedro, Ángela y Andrea (que ahora tienen 8 años), consiguió la fuerza suficiente para plantarse y denunciar. El juez condenó a Pedro a tres años de prisión y a otros tres de alejamiento. Como no tenía antecedentes, no fue a la cárcel.

Mari Ángeles sufrió maltrato durante 39 años y no denunció «por vergüenza»

Después de pasar 17 meses en una casa de acogida de mujeres maltratadas, Olga ha rehecho su vida. Vive en pareja, ha tenido otro hijo y, a los 40 años, dice haber encontrado "el equilibrio". "Lo que más me costó fue aprender a valorarme, a sentirme capaz de hacer cosas y a que no me importara lo que pensaran los demás", explica. Olga confía en la ley y en los jueces, pero no en las medidas de alejamiento. "No sirven de nada", sentencia. "A una mujer que quiere denunciar a su pareja le diría: denuncia, pero vete de casa primero y ponte en un lugar seguro", añade.

No es lo que hizo María Salmerón, de 46 años. Ella denunció por primera vez a su marido, Antonio, en 1999. El juez lo absolvió, pero María volvió a denunciarlo tres años después porque los insultos, las amenazas, los abusos y los golpes no cesaban.

Esa vez, el juez condenó a Antonio a un año y nueve meses de cárcel por maltrato, pero el infierno particular de María tampoco terminó ahí: un año después, el juzgado de Dos Hermanas (Sevilla) le retiró la custodia de su hija. "Hubiera preferido un cáncer que todo este tiempo de sufrimiento", confesaba María hace menos de un mes, cuando la Audiencia de Sevilla anuló la decisión del juzgado de Dos Hermanas para devolverle a su hija.

Durante los 15 meses que la niña pasó con su padre, María denunció el caso al Defensor del Pueblo, pero no obtuvo respuesta. "Pasé los meses más horribles de mi vida, pero lo peor es que mi hija está coaccionada y no ha estado bien cuidada", afirma mientras espera con impaciencia la ejecución de la sentencia que le devolverá a su hija.

Litigios judiciales

A María todavía le duele el pasado. "No lo he superado, hasta que no tenga a mi niña conmigo no me creeré que todo ha terminado", lamenta. María es una de las muchas madres que, después de sufrir años de maltratos y litigios judiciales, aún tienen que sacar fuerzas de flaqueza para demostrar que sus hijos no padecen el llamado Síndrome de Alineación Parental (SAP).

Este trastorno, basado en el rechazo del hijo hacia el progenitor, no está reconocido por la Organización Mundial de la Salud (OMS) ni por ninguna comunidad médica legal, pero algunos jueces le dan credibilidad.

"A una mujer maltratada le diría: denuncia, pero vete de casa primero"

Por todo eso, María desconfía del sistema judicial. Aun así, igual que Olga y como el 28% de las mujeres asesinadas por sus parejas y ex parejas este año, ella denunció a su agresor. Casi un 3% había retirado la denuncia y el resto de las víctimas de 2010, la inmensa mayoría (un 69%), murió sin que nadie conociera su sufrimiento. "No denuncié por vergüenza y por mis hijos", aduce Mari Ángeles, recién separada de su marido. El día antes de su 34º aniversario de boda, tras ocho meses en los que su marido no le dirigía la palabra, Mari Ángeles entregó a Tomás su petición de divorcio.

Atrás quedaban 39 años de relación, insultos, desprecios, algún golpe y dos intentos de suicidio. "Esta ha sido mi vida, pero porque he querido", reconoce Mari Ángeles. "Me enseñaron a ser educada, a estar calladita. Pensé que ese infierno era lo que me tocaba y aguanté", confiesa. De hecho, aguantó incluso los últimos coletazos de odio de su marido, porque, hasta que Mari Ángeles se fue de casa, Tomás solo la dejaba entrar en la cocina. El salón y la habitación (excepto para dormir) estaban vetados para ella.

Nueva vida a los 58 años

"¿Qué habrá hecho esta mujer?", se preguntaba el marido de Mari Ángeles cuando en la televisión veía una noticia sobre un asesinato machista. "Yo no me atrevía a decir nada, solo quería quitarme de en medio", recuerda.

"Divorciada estoy feliz, ahora trabajo y por fin hago cosas por mí misma"

Ahora, Mari Ángeles es otra mujer. Dice que se ha recuperado gracias a la ayuda de la Asociación Consuelo Berges de Mujeres Separadas y Divorciadas de Cantabria. Ya no le duele recordar que su marido la ridiculizaba delante de la gente y que eso era lo que peor llevaba: "Yo soy montañera, pero tengo asma y sólo puedo subir 1.500 metros. Mi marido lo sabía y un día subimos juntos una montaña de 2.000 metros con unos amigos. Que se largue, que baje', decía cuando me empecé a ahogar".

Mari Ángeles ha recuperado la ilusión. Su marido solía decirle que nunca llegaría a ninguna parte porque era él quien traía el dinero a casa. Ahora, con 58 años, Mari Ángeles empieza a ser independiente. En noviembre cobró su primer sueldo. "Estoy feliz cuenta emocionada, yo no había trabajado nunca y ahora, por fin, estoy haciendo cosas por mí misma".

Teléfono gratuito de atención a víctimas de la violencia de género: 016 (no deja rastro en la factura telefónica)