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Domingo, 2 de Enero de 2011

Sobró todo menos Duda

El Sporting falla en los dos goles encajados y termina con una enorme bronca de su afición

ÁNGEL GARCÍA ·02/01/2011 - 20:59h

El defensa del Sporting de Gijón, Alberto Lora (d) y el delantero ghanés del Málaga, Quincy Owusu-Abeyie (i), se disputan el balón en una jugada del partido. EFE

El jeque respira. Jugar en el purgatorio tiene estas cosas: cuanto más quema el miedo, más duele tomar aire. Pellegrini asume su momento mirando con un ojo el talonario y con el otro la tabla. Aunque redimirse en el infierno ayer fue sencillo. Su analgésico fue un Sporting abatido, al borde de la depresión, que camina como un funambulista, lento en dinámica y juego.

El mérito fue sumar asistiendo a lo irremediable del acto. Tienen necesidad ambos de endurecerse, de forjar un carácter del que adolecen. A falta de tacto, de aliento con el balón, los de Preciado se escondieron muchos minutos en las bandas. Su otra alternativa era retroceder metros. Tantas dudas alimentaban que parecían peleados con su destino, al antojo de un silencio que contagiaba a la grada.

Y eso lo aprovechó, en un principio, el cuadro de Pellegrini. Sabe el chileno que las dádivas del jeque llegan. Por eso, a falta de ellas, auscultaron el partido ajustándose a un estado de ánimo que apenas les confundió. Se sintieron mejores y se enorgullecieron con el balón cuando era transportado por Duda, el alter ego del poco talento que, hasta la próxima semana, tienen los andaluces. También es cierto que hurgarle al Sporting atrás no es tarea ingrata. El primer disparo del choque se produjo cuando apenas quedaban cinco minutos para el intermedio. Fue José Ángel quien se expuso ante Arnau antes del gol de Diego Castro, que intuía el descanso. Pero los visitantes no se mostraron doloridos. Weligton aupó con su gol la pizarra de Pellegrinia un altar que sellaban las tablas de un juego miserable.

El traje asturiano siguió con arrugas en la reanudación. En su ADN, el Sporting ha perdido una identidad guerrera que antes le permitía, al menos, jugar con cierto aseo. Su insuficiencia le lleva ahora a conformarse embistiendo: sin toque, sin precisión. El segundo gol visitante durmió a los asturianos. Su velocidad de crucero, entonces, puso cerco a ladesesperada a un rival con el orgullo en el marcador. Desangrados, el Sporting apeló a una garra que ahora le da la espalda.