Miércoles, 9 de Enero de 2008

Catalunya y Escocia se miran al espejo

El vicepresidente catalán, Josep Lluís Carod-Rovira, se entrevista hoy con el primer ministro escocés, Alex Salmond, en Edimburgo 

FERRAN CASAS ·09/01/2008 - 20:56h

Hoy Josep-Lluís Carod-Rovira se entrevista con Alex Salmond, primer ministro escocés y líder del Partido Nacional Escocés (SNP). Lo que hasta hace unos años hubiera sido la entrevista de un independentista homologado, el de Esquerra, con otro de segunda división es hoy diferente. Es Carod, vicepresidente catalán, quien acude a Edimburgo en busca de Salmond.

Las cosas han cambiado y el independentismo escocés ha puesto la directa y ya no mira embelesado al catalán. En Esquerra envidian la situación del SNP, que gobierna en minoría des de mayo con opciones de afrontar con éxito un proceso de independencia promovido desde el ejecutivo con vistas a 2010. Salmond buscará autorización popular para negociar con el Reino Unido la secesión, como hizo Irlanda en los años 20.

El soberanismo catalán ha tenido diferentes referentes en los últimos años. A principios de los 90, con la desmembración de la URSS, las repúblicas bálticas eran el modelo. Después lo fue Québec, que ahora ha sido desplazado por Escocia o Flandes. A finales de noviembre Carod firmó un convenio para colaborar en organismos internacionales con el presidente flamenco Kris Peeters. Los paralelismos fluyen y si Euskadi, aún azotada por la violencia, mira al Ulster, Catalunya prefiere Escocia.

La autonomía escocesa, recuperada en 1998 con el proceso de devolution después de la pérdida del autogobierno de 1707, ha funcionado pero para algunos, como su primer ministro, ya queda corta. Un paseo por la página web de su Parlamento (que fue diseñado por Enric Miralles y, en contraste con las del Congreso o el Senado, tiene una versión en catalán) permite hacerse una idea de las competencias que, a través de la Scotland Act concedida por Londres, ejerce. Son "todas las no reservadas al Reino Unido". O lo que es lo mismo justicia, educación, sanidad, energías renovables o transportes (incluidos los trenes de cercanías, traspasados en 2005) entre otras. Pero Escocia admira aspectos de la arquitectura institucional catalana, como compartir con el Estado competencias en inmigración o seguridad social.

Estado plurinacional

La principal ventaja de los independentistas del SNP reside en el modelo de Estado británico, que asume su plurinacionalidad y actúa en consecuencia. Lo constata el politólogo y asesor catalán del grupo parlamentario del SNP Xavier Solano, autor del libro El mirall escocès: "En Inglaterra cada vez más ingleses no consideran la desunión del Reino Unido la ruptura de su nación, puesto que no se fractura Inglaterra sino una unión de las cuatro naciones que forman el Estado", afirma. "Aquí los planes del SNP no han provocado ninguna reacción histérica en Inglaterra como sí hubo en España ante un Estatut catalán mucho más moderado", añade Solano.

La gran victoria conceptual de los independentistas es que ellos ya no se sienten obligados a explicar las ventajas de la secesión. Son los unionistas quienes deben convencer sobre las ventajas de seguir en el Reino Unido. A finales de octubre, The Independent presentaba un gigantesco y elocuente marcador en portada: "Escocia 10-Inglaterra 0". No era un resultado del Cinco Naciones de Rugby. Citaban diez medidas del parlamento escocés no tomadas en el estatal de Westminster y de las que, por tanto, no gozan los ingleses. Entre ellas la gratuidad de las universidades, de las comidas en los colegios o la reducción de alumnos por aula.

Sin Tribunal Constitucional

Además de la falta de dramatismo con que se vive una posible secesión escocesa, la relación entre Londres y Edinburgo es de una exquisita lealtad institucional en un estado que funciona sin Tribunal Constitucional. Una de las principales diferencias con el sistema autonómico español es que en el Reino Unido está muy claro el reparto de competencias (no existe el concepto de competencia compartida, cada uno en su ámbito puede hacer lo que quiera). De hecho, si Londres quiere legislar sobre un tema que es competencia escocesa tiene que pedir permiso a su Parlamento.

Otra cosa diferencia curiosa es que el SNP apuesta porque el proceso de soberanía cuente con la comprensión de Inglaterra. Por eso la presentan como el "principal aliado político y económico" de una Escocia independiente. No como el enemigo del que huir. Quizás esa, además de la del derecho de autodeterminación, es una de les recetas escocesas que Carod asuma hoy en Edimburgo.