Martes, 8 de Enero de 2008

El punto de partida

JOSÉ LUIS DE ZÁRRAGA ·08/01/2008 - 08:13h

167-151. No es un pronóstico. Es la posición de partida, cuando están a punto de convocarse las elecciones generales. Es el resultado que se obtendría en la distribución de escaños si las elecciones se hubiesen celebrado durante el mes de diciembre. Pero las elecciones no estaban ni siquiera convocadas en diciembre: se convocarán oficialmente el 14 de enero y se celebrarán el 9 de marzo. Por eso, los resultados de la encuesta que se publican ahorasólo pueden ser fotos fijas del estado actual de las tendencias de voto. Fotos mejores o peores, movidas o nítidas, pero de una situación congeladameses antes de que se celebren las elecciones. Y eso no puede confundirse con un pronóstico, al menos por tres factores muy importantes cuyo olvido, aparte de un error, es una ofensa tanto para los partidoscomo para los electores.

En primer lugar, las listas. Es cierto que, una vez conocidos los candidatos a la Presidencia del Gobierno, la composición de sus listas es relativamente secundaria. Pero no por completo inefectiva. En circunscripciones donde los escaños se deciden por pocos votos, no es indiferente quién encabece la lista de cada partido y pida el voto en los carteles electorales.

En segundo lugar, la campaña. ¿Quién puede creer que los debates entre Zapatero y Rajoy que van a tener lugar durante la campaña van a carecer de influencia sobre el
resultado? Sin duda van a tenerla, y no sólo sobre la distribución del voto entre PSOE y PP, sino también sobre los votos dudosos de los electores de otras clientelas electorales y sobre la participación, que estos debates animarán o desalentarán.

Muchas veces decide la abstención

En tercer lugar, lo que quizás sea más importante y es impredecible: la participación diferencial. La proporción en que los votantes potenciales de cada partido irán a depositarefectivamente su voto el día de las elecciones. Puede decirse que, enmuchas elecciones, el resultado electoral es decidido por la abstención, en proporciones muy diversas, de las clientelas de los distintos partidos.

Los debates televisivos tendrán influencia sobre la abstención y sobre los votos dudosos 

Pero, sobre la participación diferencial, las elucubraciones antes de iniciarse la campaña electoral carecen de fundamento empírico sólido,y ésta es una conjetura incierta y difícil de hacer incluso hasta pocos días antes de la elección. Precisamente porque no consideramos esta distribución de votos y escaños como un pronóstico, no usamos ‘horquillas’ en su presentación.

Es una foto fija de la situación actual y la presentamos con la nitidez que tiene la instantánea. Hay que moderar el entusiasmo demoscópico del periódico que, al anunciar ayer esta encuesta, prometía en portada “una asignación exacta de escaños” (y, en páginas interiores, que “se determinará el número exacto de escaños que lograrán los partidos en la cita del 9-M”). Es, en efecto, un número exacto de escaños, pero no los que lograrán los partidos el 9 de marzo, si no los que estimamos que lograrían si las elecciones se hubiesen celebrado en diciembre, cuando se hicieron las entrevistas. Si pudiésemos anticipar el futuro, no necesitaríamos hacer ya más encuestas, y vamos a hacer más, precisamente para saber cómo van variando las tendencias de voto hasta las elecciones.

Más cambio de lo que parece

En la estimación de la distribución del voto que resulta para el conjunto de España la diferencia respecto a las últimas elecciones generales es pequeña. Según nuestra estimación de las tendencias actuales, el PSOE ganaría cuatro décimas; el PP, ocho, e Izquierda Unida, seis. Variaciones por debajo de un punto, inferiores al error de muestreo. Esto puede hacer creer que han cambiado poco las actitudes del electorado. Pero es un equívoco de agregación: en realidad han cambiado bastante, aunque en distintos sentidos según las comunidades y circunscripciones, como veremos en los datos que se publican mañana. El efecto conjunto en el agregado nacional tiende a ocultar los cambios, compensando unos con otros.Los cambios se reflejan más claramente en la distribución de escaños, que se modifica de forma muy significativa, aunque sea en pequeña magnitud.

El voto tiende a concentrarse en los partidos políticos de ámbito estatal 

Los dos partidos mayores que se disputan el Gobierno de España ganan tres escaños cada uno, y casi todos los partidos de ámbito autonómico los pierden. El voto tiende a concentrarse en los partidos de ámbito estatal, que en conjunto ganan casi tres puntos porcentuales (si se agregan los que ganan PSOE, PP e IU con las décimas que obtiene el nuevo partido UDyP, cuyos votos vienen de los dos primeros). Ese voto lo pierden entre todos los partidos nacionalistas (salvo el PNV, que, en las tendencias actuales, conserva el 1,6% que obtuvo en 2004).Una participación incierta

La participación es un factor decisivo para el resultado electoral. A dos meses de las elecciones no puede preverse con precisión, pero pueden hacerse hipótesis fundadas sobre sus márgenes. En las elecciones generales realizadas en España durante las últimas dos décadas, la participación ha variado dentro de un margen, relativamente estrecho, de ocho puntos: entre el mínimo de 1989 (69,9%) y 2000 (70,0%) y el máximo de 1996 (78,1%), al que se acercaron también las elecciones de 1993 (76,9%) y 2004 (77,3%). La participación en las próximas elecciones estará dentro de esos márgenes; depende de las circunstancias de las últimas semanas que se aproxime al límite superior o al inferior.

El nivel de participación previsible se sitúa entre el 72% y el 75% del electorado 

En las estimaciones que se publican hoy se ha adoptado la hipótesis de una participación algo mayor que la mínima, pero alejada de la máxima: un 72%. Esta abstención corresponde en nuestra encuesta a la proporción conjunta de abstencionistas declarados e indecisos (un porcentaje agregado que suele aproximarse al de las abstenciones). A una segunda legislatura (como la de 1986  –70,9%– o la de 2000 –70,0%–) suele correponder una participación relativamente baja. Pero si el resultado es incierto (como en 1993), la participación sube. En este caso tenemos unas elecciones de segunda legislatura, pero con alguna incertidumbre sobre el resultado. Eso hace que el nivel de participación previsible –cuando aun no se sabe en qué circunstancias y clima se llegará a la última semana– esté entre 72 y 75%.

* José Luis de Zárraga es sociólogo