Lunes, 7 de Enero de 2008

Fabra: el apellido con más suerte de Castellón

Además de ser el heredero de una poderosa dinastía de políticos conservadores, el presidente de la Diputación gana dos millones en el sorteo del Niño 

JOAN GARÍ ·07/01/2008 - 21:06h

Carlos Fabra es un hombre con suerte, y no lo digo porque el Niño le acabe de deparar dos millones de euros para añadir a su ya abultada fortuna. Fabra nació con estrella. Es el hijo pródigo de una acreditada dinastía de políticos conservadores que remonta su poder sobre la Diputación y el Ayuntamiento de Castellón al siglo XIX. Durante más de cien años, la sola pronunciación de su apellido ha provocado múltiples alteraciones faciales en tertulianos de casino y toda clase de hijos de vecino: algunos contrahacían un mohíno de disgusto impotente, otros ahuecaban una chanza inútil, los más no podían ocultar las trazas infructuosas de un temor ancestral.


Decir Fabra, en Castellón, es decir poder absoluto, reverencia principesca, caciquismo puesto al día, impunidad judicial y algo -bastante- de "vida loca". Al fin y al cabo, mientras siete jueces diferentes iban abandonando uno tras otro su caso, el todopoderoso presidente de la Diputación y secretario general del PP provincial seguía comportándose como antes de que el industrial Vicente Vilar, por despecho o cualquier otro motivo, le acusase de haberle pagado personalmente grandes sumas de dinero a cambio de mediar ante altos gerifaltes ministeriales para legalizar determinados productos fitosanitarios.


Ministros de Aznar


Fabra no es hombre para dejar que un pesticida le amargue la vida. Mientras su mujer (que finalmente le ha abandonado) y algunos ex ministros de Aznar desfilaban por el juzgado para explicar el motivo de esas reuniones en la cumbre destinadas a acelerar trámites legales que abrían compuertas a fabulosos beneficios pecuniarios, don Carlos ensayaba una postura zen y atribuía todas las denuncias a la maldita política. Claro que hay coincidencias que son la mar de curiosas. Hacienda, por ejemplo, le reclama el origen de 600.000 euros ingresados en diecinueve cuentas de las que era titular durante 1999, es decir, en la época en que supuestamente medió en Madrid a favor de los potingues de marras. Nada se sabe del origen de ese dinero, pero al paso que van los trámites legales, el caso se pudrirá antes de que los honrados contribuyentes (los que pagan sus impuestos y, encima, no les toca la lotería) puedan saber a ciencia cierta si Fabra es o no un ciudadano honorable.

En su tierna infancia, un accidente dejó a Carlos Fabra sin un ojo. Ese es el motivo por el que se pasea por sus feudos con unas sempiternas gafas de sol, que conjugadas con una nariz aguileña y una voluntad que no admite contradictores le dan una apariencia muy digna de la gran tradición siciliana. Ya se sabe que Castellón limita con Italia por todas partes excepto por la ingenuidad, pero los que eternizan la investigación sobre el gran padrino provincial no son tuertos, sino ciegos. Mientras tanto, don Carlos de ríe de todo y de todos, y se dispone a disfrutar de otra mayoría absoluta porque, como dijo alguien, "si los valencianos fueran negros votarían al Ku Klux Klan"...