Martes, 8 de Enero de 2008

La extraordinaria migración de la mariposa monarca

Un estudio revela cómo logran viajar más de 4.000 kilómetros hasta su lugar de apareamiento

MARÍA GARCÍA DE LA FUENTE ·08/01/2008 - 08:50h

La mariposa monarca (Danaus plexippus) realiza cada año una migración única: recorre más de 4.000 kilómetros desde la frontera de Estados Unidos y Canadá hasta México, su lugar de hibernación. Hasta ahora, era una incógnita cómo encontraban cada año los bosques de oyamel (una especie de pino) donde se aparean en primavera. Científicos de la Universidad de Massachusetts, liderados por el doctor Steven Reppert, han descubierto la relación entre la genética y su orientación.

La clave es la proteína criptocroma (CRY), que se descubrió primero en plantas y posteriormente en moscas y ratones. En las moscas, actúa como un receptor de luz que sincroniza el reloj biológico con los ciclos de luz. En los ratones, la proteína no actúa absorbiéndola, sino que ésta entra en el cerebro a través de los ojos y CRY es el componente esencial que permite que funcione el reloj biológico.

Luz en las células

En la mariposa monarca, CRY actúa tanto permitiendo que la luz llegue a las células, como manteniendo el bucle de retroalimentación. "Sorprendentemente, esta criptocroma de la mariposa monarca tiene una estructura más similar a la de los vertebrados que a la de la mosca de la fruta", exponen los investigadores en el artículo que publican en Public Library of Science (PLoS).

Durante las 24 horas del día, se fabrican y destruyen estas proteínas, directamente relacionadas con la actividad solar, lo que permite que las mariposas se orienten con el Sol, tanto para acomodar sus horarios de vuelo como para encontrar los árboles donde invernar. Este mecanismo de la mariposa monarca es único en el reino animal. Inician su migración hacia el sur en octubre, cuando comienza la estación fría en América del Norte y las horas de luz comienzan a menguar. Van en busca de un clima más benigno para aparearse. Siguiendo las rutas ancestrales llegan a los municipios de Michoacán (México), donde la calidez y más horas de luz favorecen su desarrollo. Durante su largo viaje, comienzan a volar cuando el Sol calienta y se posan para descansar con el atardecer. El Sol marca sus ritmos.

Una superviviente muy viajera

Las mariposas monarca viven nueve meses, un tiempo récord, ya que otros lepidópteros tienen un ciclo vital de 24 días. Su migración es un espectáculo de nubes anaranjadas, con millones de ejemplares que recorren el continente americano en busca de lugares cálidos de cría, ya que su maduración sexual sólo se alcanza con el calor primaveral. Las monarca son agentes polinizadores clave a lo largo de la ruta.

Durante su viaje, se alimenta de unas plantas llamadas ‘lenguas de vaca' o ‘algondoncillo' (asclepias syriaca), que contienen una sustancia venenosa para otras especies, pero que para esta mariposa es un factor de protección, ya que sus potenciales depredadores la rechazan por el olor y sabor desagradable. Además, sus colores chillones se perciben como peligrosos y mortales en el reino animal. Los pequeños voladores cubren distancias de 120 kilómetros diarios para alcanzar su destino a tiempo.