Sábado, 5 de Enero de 2008

Cuando la ciencia española se abrió al mundo

Una exposición celebra los 100 años de la Junta para Ampliación de Estudios (JAE), que fundó la Residencia de Estudiantes

VICENTE FERNÁNDEZ ·05/01/2008 - 19:46h

Junta para Ampliación de Estudios (JAE). Resulta llamativo que una denominación tan funcionarial haya dado nombre a lo que, hace 100 años, constituyó un revulsivo histórico en el paupérrimo panorama científico español.

Esta institución, fundada en 1907 y presidida hasta 1934 por Santiago Ramón y Cajal, fue el primer intento serio de elevar la investigación en nuestro país a un nivel comparable con el de otras naciones europeas.

Ahora, su centenario se conmemora en la exposición El laboratorio de España. La Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas 1907-1938, que puede visitarse en la Residencia de Estudiantes de Madrid hasta el próximo 2 de marzo.

Es casi un acto de justicia, si se tiene en cuenta que la fundación de la Residencia de Estudiantes fue uno de los muchos actos de los que fue responsable la JAE.

Pero la creación de centros de investigación competitivos –como el Instituto Nacional de Física y Química, llamado el rockefeller precisamente por haber sido financiado por esa Fundación– y los intentos por transmitir ese conocimiento a una nueva generación de estudiantes, constituyen sólo una parte de su labor; la otra fue la creación de un sistema de becas destinado a facilitar la estancia en el extranjero de investigadores de todas las áreas.

Trascendencia

Desde el punto de vista de 2007, con Internet como columna vertebral instantánea de toda la comunidad científica mundial, puede costar entender la trascendencia de esta iniciativa.

Entonces, como ahora, el acceso al trabajo de sus colegas de otros países era básico para que cualquier investigador pudiera mantenerse al día en su especialidad y, al mismo tiempo, usarlo como base para desarrollar su propia carrera.

Y España no ocupaba precisamente un puesto de vanguardia en Europa: los textos fundacionales de la JAE denunciaban su posición de cola en las relaciones científicas internacionales, superando sólo a Portugal y Montenegro. “Al abrir la investigación al exterior, se abrió a un entorno completamente desconocido”, explica Ana Romero de Pablos, vicecomisaría de la exposición. “Antes sólo había contactos
esporádicos con el exterior, y abiertos a investigadores muy determinados. Desde ese momento”, continúa la experta, “se tuvo acceso a lo que se estaba haciendo fuera, y losinvestigadores incorporaron ese conocimiento a la investigación española cuando volvieron”, concluye.

La relación completa de estos investigadores es lo primero con lo que uno se encuentra cuando se visita a la exposición de la Residencia de Estudiantes: un pabellón de cristal instalado en el exterior de la residencia alberga nueve ordenadores donde pueden consultarse digitalizados todos los fondos de la historia de la JAE: el historial de cada uno de los investigadores, las ayudasrecibidas, sus estancias en el extranjero e incluso sus cuadernos originales de trabajo, página por página.

Principales apartados

En el pabellón trasatlántico, el conocido cuadro de Sorolla Una investigación da la bienvenida a los cinco apartados
principales donde se resume el trabajo de la JAE: átomo,
neurona, habla, Guadarrama y educación.

Si los dos primeros abarcan los avances conseguidos por la ciencia española en física y biología, el tercero resume un gigantesco trabajo sobre la variedad lingüística en diversas zonas del país, incluso con grabaciones originales de la época; y el cuarto, los estudios biológicos y ecológicos realizados en el entorno de la sierra de Guadarrama.

Pero destaca sobre todo el último, donde se resumen los intentos de crear un nuevo sistema educativo en el que la curiosidad y la práctica reemplazaran al tradicional aprendizaje memorístico, y donde cada alumno tenía que ir elaborando, a lo largo del curso, un cuaderno personal, casi como un libro de texto propio que, en casos como los ejemplares que se muestran aquí, sobresalía por la pulcritud de la letra y el cuidado de dibujos y esquemas.

Quizá el mejor testimonio de lo conseguido en unos años donde, como declara Ana Romero, se hizo hincapié en la necesidad de “conectarse con lo que se hace fuera, la importancia del conocimiento mutuo”.