Viernes, 4 de Enero de 2008

Nueva York y la Guerra Civil en España

La mayor parte de Estados Unidos permanecía indiferente, pero la Gran Manzana se agitaba

J.M. COSTA ·04/01/2008 - 21:42h

La relación de los Estados Unidos con la Guerra Civil española no es una historia mil veces contada, pero casi siempre girando en torno a la Brigada Internacional Lincoln, a la actitud de algunos intelectuales y artistas famosos como Ernest Hemingway, Lilian Hellman o PhilipGuston o a las dudas del gobierno y el legislativo del país.

No obstante, hay otras historias, más localizadas, más cercanas y vivas. Muchas de ellas tuvieron lugar en Nueva York, la principal ciudad del país y allí donde se daban todo tipo de contradicciones que iban desde las acciones de minorias étnico-nacionales como hispanos, alemanes, judios, negros, italianos o chinos hasta los conflictos que a veces de proyectaban en la calle de diferentes confesiones, siendo la católica absolutamente favorable a los rebeldes franquistas y de apoyo a la República por parte de los protestantes.

Esta es una historia compleja que estos días (hasta el 2 de Marzo) es el motivo de una exposición en el Instituto Cervantes de Alcalá de Henares que previamente había sido contemplada en el museo de la ciudad de Nueva York.

La ciudad en los años 30 del pasado siglo se encontraba en una situación no demasiado halagüeña. El crack bursatil del 29 había povocado no solo suicidios entre inversores arruinados, sino también un paro del 25% que, lógicamente, debía crear terribles tensiones sociales que afectaban especialmente a determinadas minorías.

En este ambiente llegaron noticias de Europa ante las que había de tomarse partido. Primero el fascismo y luego el nazismo se enseñorearon de Italia y Alemania. Mientras, en Japón, la revolucion Meiji ya había dado sus frutos y el expansionismo nipón se encontraba en plena marcha.

El estallido de la Guerra Civil sirvió como catalizador de todas esas energías y los partidarios de una u otra concepción del mundo radicalizaron aún más sus posturas.

En la prensa y a pesar de lo que luego se ha colado en el subconsciente histórico, los partidarios de ayudar a la República estaban en minoría, más aún cuando la propaganda fascista y católica dejó entender que España corría riesgo de convertirse en un satélite soviético. Por otro lado, los periodistas que cubrieron la guerra adoptaron a veces unas políticas oficialistas que restaban credibilidad a sus reportajes, como en el caso del gran Herbert Matthews, del NY Times.

Intensa actividad

En todo caso, los sucesos de España provocaron una actividad, si no frenética, si bastante intensa en la ciudad de los rascacielos. Los mítines de solidaridad y las manifestaciones contra el embargo impuesto a España se sucedían y, aunque en menor medida, las que acusaban a la República de anticristiana y totalitaria, la mayor parte de ellas dirigidas por párrocos y agitadores como Charles Coughlin.

El reclutamiento de voluntarios que se nutrió mucho más de trabajadores sindicalistas que de diletantes románticos de las clases altas (otro mito a revisar) es el resultado más conocido de estos esfuerzos propagandístico, pero no el único.

Posiblemente la aportación más importante de la ciudad llegó a España en forma de ambulancias y material médico, acompañado en muchas ocasiones por profesionales sanitarios.

Esta exposición y el excelente catálogo que la acompaña constituye un repaso original, por focalizado, de una realidad extraordinariamente compleja. Nueva York, de suyo era antifascista. Pero no solo.