Jueves, 3 de Enero de 2008

¿Qué tengo, Internet?

Las personas preocupadas en exceso por su salud confirman sus temores buscando en la Red

AINHOA IRIBERRI ·03/01/2008 - 20:09h

La segunda opinión médica ha pasado a ser tercera, o cuarta, o quinta. Ante el diagnóstico de una enfermedad (en uno mismo o en un ser querido), pocos se resisten a acudir inmediatamente a Internet para buscar información y aclarar las dudas que el paciente se deja en el tintero por el escaso tiempo de consulta habitual o el críptico lenguaje que, en ocasiones, utilizan los médicos. Hasta aquí, nada que objetar.

Pero las cosas cambian cuando el enfermo cree más en Internet que en su especialista, o pasa a cuestionar su trabajo basándose en lo descubierto en la web, que suele ser mucho.

Según explica la médica de Atención Primaria del Centro de Salud Sánchez Morate de Madrid Mercedes Talavera, una de las frases más habituales que escucha al recibir por primera vez a un paciente es: “Vengo a que me haga una resonancia. Es tan común que se ha convertido en una coletilla incluso entre los propios compañeros”, comenta esta especialista que señala que, desde que se ha generalizado el uso de Internet, “la gente exige más pruebas que tratamientos o exploraciones más detenidas”.

Dando lecciones

Talavera ha de explicarle entonces al paciente que, antes de solicitar una prueba diagnóstica, es necesario hacer una serie de evaluaciones, el trabajo principal del médico. “Hay gente que viene dando lecciones”, explica. Sin embargo, Talavera no duda de la parte positiva de Internet, “una fuente de información buena”.

Gracias a la información obtenida en la Red, hay personas que han conseguido despertarle la curiosidad y provocar que ella misma se informara sobre algo que no se había cuestionado.

A pesar de estas experiencias positivas, en términos generales, los efectos del ciberespacio en las consultas influyen negativamente en las consultas de los médicos, que han visto como su papel se ha transformado con la introducción de las nuevas tecnologías: “Cuando yo empecé era todo lo contrario. El paciente casi esperaba que sólo le recetaras algo y se extrañaba de que le quisieras examinar; ahora son ellos los que te intentar marcar el camino”, explica.

Las personas que consultan sobre sus síntomas en Internet antes o después de haber sido reconocidos por un especialista han sido bautizados en EEUU como cibercondriacos.

El 84% de los adultos estadounidenses consultan la Red en busca de información de salud

Según una encuesta de la empresa de investigación de mercados Harris Interactive, el 84% de los adultos estadounidenses consultan la Red en busca de información de salud; de ellos, el 62% cree que lo que lee en Internet es cierto y casi el 90% afirman que actuaría según lo leído.

En España, los datos de la encuesta de 2007 sobre Equipamiento y uso de tecnologías de la Información en los hogares españoles del INE, aseguran que un 41,1% de internautas bucea en busca de información saludable.

La psicóloga clínica de enfoque conginitivo-conductual Isabel Larraburu considera que Internet ha cambiado el paradigma del hipocondriaco, que ahora tiene más medios para confirmar sus miedos: “El hipocondriaco siempre ha buscado información; lo ha hecho en libros, en revistas e incluso mediante preguntas indirectas a familiares de afectados por alguna enfermedad”.

Ahora no ha de preocuparse más que de encender el ordenador y abrir la ventana de un buscador, donde se encontrará muchísima información de esta índole. Un ejemplo: si se teclea cáncer en la versión española de Google se encuentran 36.100.000 resultados.

Pero el problema reside no tanto en la cantidad y calidad  de la información que se obtiene sino en cómo se asimila por parte del interesado.

Para esta profesional, los hipocondriacos tienen una manera de entender distorsionada: “La persona se queda con la información más amenazadora”. En esto coincide Talavera, quien afirma: “A veces se montan su propia película, y en la mayoría de los casos desvían los síntomas, se creen que todo lo que han leído les va a pasar, aunque realmente lean que sólo ocurre en un 1% de los casos, por poner un ejemplo”.

Huir de la ‘cibercondria’

Uno de los mayores expertos en cibercondria a nivel mundial, el psiquiatra de la Universidad de Harvard Arthur Barsky, cree que hay claves que ayudarán a la persona que se informa de salud en Internet a no convertirse en un cibercondriaco: “Planee con antelación qué quiere encontrar, qué preguntas quiere responder y cuánto tiempo le va a dedicar a la búsqueda”, declaró recientemente en la cadena de televisión estadounidense CNN.

Para Larraburu, un consejo aplicable a toda la población es contrastar la información con un profesional. Por supuesto, las pautas
no son las mismas para un hipocondriaco que para alguien que no tiene ansiedad.

De hecho, Internet se ha demostrado muy útil para pacientes de enfermedades raras.

Un síntoma claro de cibercondria sería buscar más la confirmación de un miedo que la respuesta a una pregunta: “No se deben buscar confirmaciones de temores, ya que la pauta de rituales de búsqueda incrementa la angustia”, comenta Larraburu.

Eso sí, nadie está libre de caer en la búsqueda desesperada. Concluye Talavera con una anécdota: “Tengo un compañero con un familiar con angina de pecho, al que sus propias colegas le hemos tenido que decir que no mire Internet”.