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Jueves, 26 de Agosto de 2010

ENFOQUE-ADN ayuda a resolver crímenes de dictadura de Argentina

Reuters ·26/08/2010 - 21:23h

Por Kristina Cooke y Alexandra Ulmer

Pequeños ataúdes rojos están apilados dentro de una oficina oscura, a pocas cuadras del Congreso argentino, un recuerdo escalofriante de las miles de personas que fueron secuestradas y asesinadas durante la sangrienta dictadura entre 1976 y 1983.

Dentro de las cajas están huesos de víctimas recientemente identificadas de la llamada "guerra sucia", esperando que familiares los retiren para un entierro apropiado tres décadas después de que fueron asesinados por su propio Gobierno.

Las identificaciones se aceleraron en los últimos dos años y medio gracias a la mejorada tecnología de ADN y a una campaña pública que pidió a parientes de desaparecidos que donaran muestras de sangre.

Antropólogos forenses han identificado, desde el 2007, a 120 víctimas del último Gobierno militar, cerca de un tercio del total de las identificaciones hechas en los últimos 27 años, permitiendo a familias finalmente cerrar ese capítulo y llevar a los abusadores de derechos humanos ante la justicia.

El activista francés Yves Domergue, cuyos restos fueron identificados este año, tenía 22 años cuando desapareció en 1976. Su familia había buscando respuestas desde entonces.

"Ahora podemos llorar su muerte como corresponde y también iniciar nuevos juicios contra aquellos responsables", dijo su hermano Eric Domergue.

Grupos de derechos humanos estiman que 30.000 personas fueron secuestradas y asesinadas durante la dictadura militar. Muchos fueron enterrados de manera anónima en cementerios locales y otros fueron lanzados al mar desde aeronaves.

"Los autores (de los crímenes) pensaron que aunque se descubran los huesos de las personas que tiraron al mar o enterraron, nunca íbamos a saber quiénes eran", dijo Domergue. "Es gracias a la ciencia que recuperamos a Yves", afirmó.

Antropólogos encontraron el cadáver de Yves en una tumba sin identificación en la provincia de Santa Fe el año pasado y descubrieron que el ADN de sus huesos coincidía con muestras de sangre provistas por sus padres y hermano.

Alentados por una campaña que comenzó en el 2007 y fue relanzada la semana pasada, unas 3.000 familias donaron sangre a una base de datos de ADN administrada por el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), un grupo no gubernamental.

"La base de datos significa que las familias tendrán la posibilidad de obtener respuestas prácticamente para siempre", dijo Luis Fondebrider, uno de los fundadores del equipo.

Esta semana su equipo está enviando 600 fragmentos de huesos y 900 muestras de sangre a un laboratorio privado de Estados Unidos que ayudó a identificar víctimas del ataque del 11 de septiembre a las torres gemelas, con la esperanza de que su sistema sofisticado de software encuentre coincidencias.

TRABAJO DE DETECTIVE

La tecnología de ADN mejoró significativamente en los últimos años, logrando que el proceso de identificación sea más rápido y preciso, dijo Ed Huffine, ejecutivo de Bode Technology Group, laboratorio estadounidense que analiza las muestras argentinas.

Muestras de ADN más pequeñas pueden ser detectadas y extraídas de restos degradados, lo que significa que huesos que antes no podían contar una historia, ahora pueden.

Pero el proceso para identificar víctimas y armar un caso contra aquellos responsables es arduo, y comienza mucho antes de que las muestras sean enviadas al costoso análisis de ADN.

Los huesos pueden revelar la edad, el género y enfermedades que una persona sufrió, pero aproximadamente la mitad del EAAF está investigando los rastros de papel.

Esto involucra buscar entre los archivos militares, de cementerios, y de la policía y entrevistar sobrevivientes, ex militares y miembros familiares.

"Es parte trabajo de historiador, parte de ciencia y parte de detective", dijo Fondebrider.

Sin un cuerpo identificado, los sospechosos no pueden ser juzgados por asesinato.

A inicios de mes, Fondebrider testificó en el juicio de dos ex oficiales de alto rango del Ejército acusados de cinco asesinatos basándose en identificaciones que había hecho.

Los cinco identificados estaban entre ocho cuerpos hallados en tambores rellenos de cemento en octubre de 1976.

A las familias les produce alivio finalmente saber qué pasó. Cuando se identifican restos, los parientes son invitados a las oficinas de los antropólogos en Buenos Aires para que los vean.

"Muchos preguntan, '¿Cómo saben que este es mi ser querido?'", dijo Fondebrider. "Porque no están viendo carne y hueso (...) necesitan estar seguros", argumentó.