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Lunes, 23 de Agosto de 2010

Agro argentino teme restricciones a uso de herbicida glifosato

Reuters ·23/08/2010 - 12:23h

Por Alexandra Ulmer

Legisladores de las principales provincias sojeras de Argentina evalúan propuestas para limitar el uso del herbicida glifosato, lo que despertó preocupación entre los agricultores pero generó entusiasmo en ecologistas.

Los diputados de Santa Fe, la segunda mayor sojera de Argentina, aprobaron recientemente una ley para limitar la fumigación con glifosato cerca de zonas urbanas, mientras que en Buenos Aires, la tercera productora del país, un senador presentó una propuesta para prohibir el herbicida en el 2019.

"La rentabilidad de la soja debe ser relacionada a la sustentabilidad", dijo el diputado de Santa Fe Antonio Riestra, quien votó a favor de la ley para limitar el uso del glifosato, que aún requiere la aprobación del Senado de la provincia.

La norma prohibe la asperción a menos de 500 metros de zonas urbanas, o a menos de 1.000 metros en el caso de que se utilicen aviones para rociar las plantas.

Riestra, que refirió estudios que vinculan al herbicida con problemas de salud, estimó que la ley prohibiría el uso del glifosato en entre el 5 y el 6 por ciento del área dedicada actualmente a la soja en la provincia.

Los productores del país sudamericano, el tercer proveedor mundial de la oleaginosa, argumentan que las medidas elevarán los costos y recortarán los rendimientos de los cultivos. Además, temen que otros parlamentos provinciales intenten introducir restricciones similares.

"Si llega el momento, nosotros podríamos evaluar en serio si debemos sembrar en Santa Fe", advirtió Alejandro Giordani, productor sojero y presidente de la Sociedad Rural Argentina en la localidad de Rufino.

MODIFICACIONES GENETICAS

Los campos de soja se expandieron con rapidez en Santa Fe desde la implementación en la década de 1990 de soja modificada genéticamente para resistir al glifosato, y ahora el cultivo abarca cerca de 5 millones de hectáreas en la provincia.

El agroquímico elimina todas las plantas salvo la soja transgénica que lo soporta. La semilla resistente al herbicida Roundup, de la firma Monsanto , es la más utilizada en Argentina.

Se calcula que unos 200 millones de litros de glifosato son volcados cada año en suelo argentino.

Pero algunos defensores del medio ambiente e investigadores vinculan la aplicación del glifosato con una amplia variedad de problemas de salud, como trastornos congénitos, dificultades respiratorias y tasas elevadas de abortos espontáneos.

"Hay diputados discutiendo el tema, es un avance. Ninguna de estas cosas serían imaginables dos años atrás", afirmó Andrés Carrasco, un profesor de la Universidad de Buenos Aires cuya investigación sobre el glifosato fue publicada por la revista Chemical Research in Toxicology este mes.

Los proveedores del agroquímico cuestionan estudios como el de Carrasco y argumentan que la Organización Mundial de la Salud dice que "el glifosato y los herbicidas que contienen glifosato tienen una toxicidad aguda oral y dérmica muy baja".

La producción de soja alcanzó un récord de 52,7 millones de toneladas este año en Argentina, el mayor exportador de aceite y harina de la oleaginosa, luego del vertiginoso crecimiento del cultivo a partir de la introducción de la soja transgénica.

El agrónomo Osvaldo Bertossi, profesor en la Universidad Austral, dijo que las restricciones al glifosato podrían llevar a los productores a recurrir a herbicidas "más tóxicos", ya aplicados en el pasado.

"Si (el uso de glifosato) es limitado, los campesinos podrían pedir una indemnización o hacer un amparo (ante la justicia)", señaló el experto.