Miércoles, 2 de Enero de 2008

Zapatero reivindica un país optimista y solidario

RAÚL BOCANEGRA ·02/01/2008 - 20:02h

Como corresponde a un año en el que hay comicios a la vista, el primer acto público del presidente, José Luis Rodríguez Zapatero, en 2008 tuvo tintes electorales. En Almonte (Huelva), localidad de 20.000 habitantes al borde del Parque Nacional de Doñana, Zapatero reivindicó el “optimismo  y la solidaridad”. Y lo contrapuso a la “crispación, la confrontación y el pasado” que, en su opinión, representa el PP.

“Qué guapo eres”, le gritaron las mujeres cuando subió al estrado ante un millar de militantes socialistas. Zapatero, siempre sonriente, aseguró tener “un profundo y eterno agradecimiento” a quienes le votaron el 14 de marzo de 2004 y pidió “con humildad” el voto para el PSOE el próximo 9 de marzo. “He gobernado con honestidad, pensando en el interés general y por una convivencia mejor”, adujo.

Manuel Chaves, que también afronta ese día una nueva convocatoria electoral en Andalucía, la sexta, aseguró que el PSOE ganará los dos comicios. Sin embargo, instó a los suyos a pelear cada voto porque “no hay elecciones ganadas previamente”. “Dice Manolo que no hay que confiarse –dijo luego Zapatero– y tiene razón, pero sí confío en los valores de la sociedad, mayoritariamente progresistas”.

Zapatero pintó el cuadro de una España solidaria, comprometida con los que no tienen. A ellos dedicó los “éxitos” de su gestión, entre los que desgranó: “Educación para todos, apoyo a las familias, mejores pensiones y becas, subida del salario mínimo y mejores condiciones para lograr un empleo estable”. En el lienzo aún queda una gran conquista: “Que no haya mujer que pierda su oportunidad de realizarse por tener pareja o hijos”.

Pacto de sangre en Andalucía

Zapatero interrumpió su descanso en Doñana y acudió a Almonte invitado por el alcalde, Francisco Bella (PSOE). Éste había criticado al presidente el verano pasado, cuando veraneaba en Doñana, por acudir a Sanlúcar (Cádiz) en vez de Almonte. Zapatero, que recibió al igual que Chaves un lince de peluche del regidor, prometió una nueva visita el invierno que viene si gana las elecciones. El presidente también lanzó flores a Andalucía, la comunidad “con mejor futuro y el motor de España”. Chaves afirmó que el desarrollo se debía a “un pacto de sangre” entre ciudadanos y socialistas.

Pedro, el socialista emocionado

Pedro se emocionó y lloró cuando Zapatero le saludó y le abrazó. “¿Sabes, Pedro, qué es lo mejor de tu legado? Que la gente joven de este país es la ganadora. Quiere futuro, igualdad”, le dijo en pleno mitin el presidente del Gobierno. Pedro Martín Díaz tiene 69 años y es socialista “hasta los huesos” desde que se fundó el partido en Almonte, allá por los años 70. Está enamorado de la política y no se pierde un pleno del ayuntamiento. “Creo que ha faltado más algún concejal que yo”, dice. Está casado con Manuela Sánchez Saavedra. “Soy sobrina de Cervantes”, dice ella con guasa. Tienen cuatro hijos, “dos varones y dos hembras”.

Fue espontáneo el saludo del presidente? No, sus amigos del PSOE de Almonte le pidieron a Zapatero que lo hiciera. “No me voy al otro mundo sin saludarle”, aseguró Pedro a este periódico tras el mitin. Aún estaba emocionado.  “Fue un abrazo de buena persona”, afirmó Pedro.  En Almonte habitan más de 1.000 inmigrantes de diferentes nacionalidades. “Vienen a trabajar, a ganarse la vida, al igual que emigraron miles de andaluces en los años oscuros”, afirmó Zapatero. Pedro fue uno de ellos. Se fue a Alemania en cuanto acabó la mili porque en el pueblo no había “ná”. En su memoria no está la guerra civil –nació en 1938– pero sí “la hambre del año 45, 46”. Curró en el mismo edificio donde se celebró ayer el mitin, una antigua bodega reformada en el Ciecema (Centro Internacional de Estudios, Convenciones Ecológicas y Medioambientales). “Caneaba agua para regar el suelo y ganaba 7 pesetas. Me daba para un pan para mi madre”.

En Hannover, trabajó en una fábrica de papel. Y allí nació su primera hija. Con Manuela decidió casarse tras pasar unas vacaciones de verano en el pueblo. Lo hicieron por poderes a la vuelta de Pedro a Alemania. “Como él no podía venir, fue su padre el que dijo que sí”, recuerda ella. Luego, cogió tres aviones para reunirse con él en el fin del mundo. “Yo, que no había salido del pueblo y sólo hablo almonteño”, dice. Ya muerto Franco, la familia regresó a Almonte. Y Pedro se puso a trabajar de nuevo, donde se caía, en el campo, en el ayuntamiento. Ahora, Pedro cobra una pensión de 837 euros y está mal. Le dio un ataque cerebral poco antes de cumplir los 65 y camina con muletas. Y su mujer se puso a trabajar, a limpiar bancos del pueblo.