Martes, 1 de Enero de 2008

Una polémica 'encendida'

Tras dos años en vigor, los médicos critican la ley antitabaco por ser poco dura. Los fumadores creen que es demasiado restrictictiva

AINHOA IRIBERRI ·01/01/2008 - 18:11h

El comienzo del año nuevo suele ser pródigo en promesas de abandonar el tabaco. Quizás por esto la Ley 28/2005, más conocida como ley antitabaco, entró en vigor precisamente el primer día del año.

Es posible que los legisladores pretendieran ponérselo más fácil a los fumadores comprometidos con la idea de dejar la nicotina.

No se sabe si España fue original o creó tendencia, pero el hecho es que dos de sus vecinos europeos, Francia y Alemania, estrenan también el 1 de enero (en este caso, ayer) una nueva legislación reguladora del consumo de tabaco.

Todavía no existe un balance oficial de la ley que lleva 730 días en vigor, pero el hecho es que en España hoy se fuma menos que hace dos años.

Aunque las cifras no son oficiales, según el Comité Nacional de Prevención del Tabaquismo (CNPT), a finales de 2007 había 1.200.000 fumadores menos que dos años antes.

El organismo desvela, además, que la proporción de adolescentes (entre 14 y 18 años) fumadores diarios ha bajado del 21,5% al 14,8%. No todo se puede achacar a la ley, ya que, según declara el portavoz del CNPT, Rodrigo Córdoba, ya antes de la entrada en vigor de esta legislación “estaban dejando de fumar cada año unas 350.000 personas”.

El ingeniero Alberto Quevedo es uno de los que ha abandonado la nicotina en estos dos últimos años, pero rechaza que la nueva norma haya influido en su decisión, “un ejercicio de responsabilidad personal”.

Tampoco está de acuerdo con el intervencionismo gubernamental en este ámbito y apela al respeto para no fumar delante de gente a la que le molesta: “Si les parece tan mal, que ilegalicen el tabaco”.

No es una opinión aislada. Da la sensación de que ni los partidarios (por considerarla floja) ni los detractores de la misma están satisfechos del todo con la ley.

Los cambios por llegar

El Ministro de Sanidad, Bernat Soria, no es de esa opinión y, según informa EP, considera que la legislación “es una buena ley, aplaudida por los médicos” aunque, puntualiza, “hay que esperar a que se ruede y plantear cambios cuando tengamos más experiencia”.

Aunque el ministro hable de los cambios en futuro, el hecho es que esta ley ha tenido ya algunos. A menos de dos meses de su aprobación, el Ministerio tuvo que permitir vender tabaco a los quioscos de prensa, a los que la ley había privado de esa fuente de ingresos.

Pero la gran campanada contra la ley la protagonizó la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre y el resto de las regiones gobernadas por el PP.

En febrero de 2006, Aguirre anunció que la comunidad se saltaría a la torera uno de los puntos fuertes de la ley, la prohibición de fumar en comedores y cafeterías de los centros de trabajo.

No era lo único; también permitiría fumar en locales de fiesta y revocaría el punto de la ley que levantó en armas al sector de hostelería: la necesidad de hacer obras para separar la zona de fumadores de la de no fumadores en los locales de más de 100 metros cuadrados.

El resto, los más pequeños, podían elegir, pero muchos optaron por seguir permitiendo el consumo de tabaco, por miedo a perder clientes. No es el caso de Casa Eugenia, uno de los tres bares del pueblo burgalés Castrillo de la Reina, lugar de venta también de exquisitos embutidos de la región.

Su dueña, Margarita González, declara que, al principio, algunos jóvenes dejaron de ir al bar pero que, ahora, la situación se ha normalizado y algunos clientes “incluso lo han agradecido”.

En Madrid, el bar de Huertas El Helecho prohibió y volvió a permitir fumar al ver como su clientela se reducía.

Donde sí se ha cumplido la ley es en los lugares de trabajo pero, de nuevo, un punto negro: a los trabajadores de la hostelería no se les reconoce el derecho a no respirar el humo de los demás. Aunque el ministro asegura que la ley no cambiará, está claro que se seguirá hablando de ella.

Francia y Alemania contra el tabaco

Francia y Alemania se sumaron ayer a los países que impiden fumar en bares y restaurantes. Mientras que en el país galo la prohibición es global (sólo se podrá fumar en zonas señalizadas, aisladas y sin servicio de mesa, para proteger al trabajador), en Alemania sólo se aplica, de momento, en ocho de los 16 estados del país. 

Entrevista a José Martínez Olmos, secretario general del Ministerio de Sanidad y Consumo: "Hacen falta más espacios sin humo"

José Martínez Olmos (Guadix, Granada, 1958) es la mano derecha del ministro de Sanidad, Bernat Soria, en materia de salud pública y medicina preventiva, una materia en la que lleva trabajando ya más de 20 años.

Desde su puesto como secretario general de Sanidad considera que en los últimos dos años se ha confirmado la validez de la ley antitabaco, aunque cree que hay aspectos que deben mejorarse, como los espacios sin humo en la hostelería.

Al cumplirse dos años de la ley de prevención del tabaquismo, ¿cree que ha sido una norma efectiva?

El balance es satisfactorio. Hay un cumplimiento generalizado en el ámbito laboral, así como en los transportes públicos, e incluso en los edificios oficiales. Ahí hemos ganado espacios sin humo, sin ninguna duda.

¿Y en la hostelería?

Aunque en este ámbito se cumple razonablemente la ley, sí echo en falta más espacios libres de humo en este sector.

¿Qué se puede hacer para conseguirlo?

Lo primero sería agradecer a los hosteleros que cumplen la ley, que son bastantes, pero también hay que tener en cuenta que los ciudadanos
tenemos la posibilidad de reclamar, porque al final los hosteleros son sensibles a las preferencias de los clientes. Si vemos que la ley no se cumple tenemos que reclamar, porque es un derecho que
nos beneficia a todos, incluyendo a los fumadores.

¿Cuántas personas se estima que han dejado de fumar gracias a esta ley?

Creemos que unas 750.000 personas habrían dejado de fumar como consecuencia de la aplicación de la normativa, pero en cualquier caso lo principal es que hay una conciencia generalizada de que el tabaco es negativo para la salud, y se ha ganado mucho en lo que se refiere al respeto a los no fumadores. El hecho de que haya ese número de personas
que ha dejado de fumar ya ha justificado la ley.

¿Qué cree que hay detrás de la decisión de suavizar la ley por parte de comunidades como Madrid?

Es una cuestión política que no se ajusta al interés de los ciudadanos. Por una parte se adopta una actitud de confrontación con el Gobierno y, por otra, una actitud de debilidad frente a la industria tabaquera.

 

A FAVOR. Rodrigo Córdoba *

*Portavoz del Comité Nacional de Prevención del Tabaquismo 

Dos aspectos muy positivos  

A lo largo de 2005, durante los ocho largos meses de tramitación de la Ley 28/2005 del 26 de diciembre o Ley del Tabaco, se abrieron muchas expectativas entre amplias capas de la población española, aquellas más sensibilizadas con la salud pública.

El alto grado de consenso obtenido en la votación de la ley en el Congreso hacía concebir grandes esperanzas sobre la entrada en vigor de la misma. Dos años después, sin embargo, hay un consenso en la sensación de que nos hemos quedado a mitad del camino.

Sin embargo hay que resaltar dos aspectos positivos. Uno, la desaparición completa de la publicidad directa, la promoción y el patrocinio por parte de las compañías tabaqueras, que poca gente ha asociado con la reducción del consumo de tabaco entre los menores de edad.

Dos, que el 95% de la población laboral está razonablemente protegida de la exposición al humo de tabaco ajeno. Resultado directo de esto último ha sido la reducción de los ingresos por infarto de miocardio.

Sin entrar a discutir cuánta gente ha dejado de fumar, estos dos datos justifican de sobra la entrada en vigor de la ley. Ahora bien, la utilización de esta ley para la confrontación política en una legislatura particularmente apartada de todo tipo de consensos ha sido la causa de que los principales logros hayan quedados semiocultos en una controversia artificialmente alimentada por los grandes intereses.

Uno tiene la impresión de que la parte de la ley referida a la hostelería fue redactada originalmente por gabinetes jurídicos de la patronal del tabaco y que se impuso a través de un juego político transaccional más propio de un mercado persa que de una democracia seria.

Y es que redactados calcados al artículo 8 de la Ley 28/2005 se han impuesto en legislaciones tan dispares como las de Portugal y Chile. Se puede decir que la política no responde siempre a soluciones lógicas, sino a una mezcla de intereses contrapuestos cuyo resultado puede ser un compromiso ineficaz.

El hecho es que la visibilidad del incumplimiento en el sector de hostelería ha alterado seriamente la percepción social sobre el conjunto de logros de esta ley y eso debe modificarse cuanto antes con una nueva legislación clara y sin medias tintas.

 

EN CONTRA. Javier Blanco *

*Portavoz del Club de Fumadores por la Tolerancia 

No le crean

No se crean ni una palabra de lo que dice el tipo de la columna de arriba. Es uno de los ideólogos de esa ley antitabaco que pisoteó los derechos de 10 millones de personas hace ahora dos años y que era tan mala que sus propios autores, de pronto, quieren cambiarla, como si nos valiera una democracia que aprueba leyes que caducan a los dos años.

Así que no se deje engañar: aquí no estamos hablando de si fumar es bueno o es malo para la salud (fumar es malo: fin del debate). Aquí estamos hablando de libertad, ese gran anhelo que favorece que los demás tengan costumbres que nos molestan y perjudican, pero así es el libre albedrío y hay que aceptarlo.

El tipo de la columna de arriba, y todos los demás corifeos de las farmacéuticas, prefiere ignorar que las leyes que cercenan la libertad de los fumadores, en verdad, limitan la libertad de todos.


El mensaje de los expertos en tabaquismo es tan uniforme que parece diseñado en una agencia de comunicación. Sin haberlo leído, casi puedo adivinar lo queva a decir.

Dirá, por ejemplo, que se ha demostrado (esta fórmula les encanta, aunque nunca dicen quién ha demostrado ni cómo ni, como decía Josep Pla, “¿quién paga esto?”) que el humo del tabaco es n veces más contaminante que el de los coches... Ja... Hagamos una cosa: que el experto en tabaquismo se meta en un garaje con un coche en marcha y yo haré lo mismo pero en compañía de 250 fumadores (y además un poco de bebida y música, si esposible). A ver quién aguanta más tiempo respirando humo.

Dirá que los gastos sanitarios atribuidos a enfermedades relacionadas con el consumo de tabaco son miles de millones, pero este argumento es fascista ¿o acaso vamos a dejar de dar asistencia sanitaria a quienes tengan costumbres reprobables? ¿Y qué es una costumbre reprobable según los voceros de la industria farmacéutica?

Dirá, también, que el tabaco es la primera causa de mortalidad evitable, pero que usted deje de fumar no le garantiza ni un minuto más de vida. La muerte es inevitable y, como dijo Pavese, para todos tiene una mirada.