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Martes, 1 de Junio de 2010

Inducción trabajo de parto estaría aumentando partos prematuros

Reuters ·01/06/2010 - 17:17h

Por Amy Norton

La tasa de trabajo de parto inducido en las embarazadas estadounidenses se duplicó entre 1992 y el 2003, una tendencia que habría incrementado la cantidad de nacimientos prematuros.

El patrón es preocupante porque, si bien los bebés nacidos a las 37 o 38 semanas de gestación son considerados a término, también tienen más riesgos de sufrir problemas que los que nacen después.

El embarazo normalmente dura 40 semanas, pero un nacimiento entre las semanas 37 o 38 es tomado como uno a término. (Los embarazos de 42 semanas o más son llamados "postérmino").

Los científicos usaron estadísticas vitales de Estados Unidos para demostrar que los partos inducidos crecieron desde un 14 por ciento de los nacimientos a término en 1992 al 27 por ciento en el 2003.

En esos años aumentó también la proporción de nacimientos al comienzo de lo que se considera un embarazo a término. En el 2003, el 30 por ciento de los partos ocurrieron durante las semanas 37 o 38, versus el 19 por ciento en 1992.

Y más del 60 por ciento de los partos a término fueron antes de la semana 40, comparado con el 42 por ciento en 1992.

Los resultados sugieren que la creciente tasa de partos inducidos es una "causa probable" de los nacimientos prematuros, reportaron los investigadores en American Journal of Obstetrics & Gynecology.

Pero, aunque la mortalidad del neonato y otras complicaciones no son comunes en la semana 37 o 38, los riesgos son relativamente más altos que en los bebés nacidos a las 40 semanas, explicó el doctor Michael S. Kramer, de la Universidad McGill, en Montreal, Canadá.

La tasa de mortalidad y los problemas como alteraciones respiratorias aumentan en esas semanas. La literatura publicada sugiere que también podría dañarse el desarrollo del cerebro fetal y que, además, los bebés que nacen relativamente temprano tienen coeficientes intelectuales (CI) un poco más bajos.

El riesgo absoluto de tener esas complicaciones para las embarazadas a las que se les induce el parto es bastante bajo, insistió Kramer. Y agregó que no se debería desalentar la inducción si es necesaria.

De todos modos, dijo que los obstetras y las embarazadas deberían saber que esta práctica en las semanas 37 o 38 tiene riesgos. Y los nuevos estudios deberían seguir analizando el potencial impacto que tiene en la salud pública la tasa creciente de inducciones.

"No digo que estemos haciendo demasiadas", aseguró. Pero si la tasa sigue aumentando, "quizás hagamos más daño que bien", agregó.

Se desconoce la causa del aumento de las inducciones entre 1992 y el 2003 y el equipo no obtuvo información sobre los motivos médicos de esas decisiones.

En general, el trabajo de parto se induce en embarazos que superan las 41 semanas, por el riesgo de que la madre y el bebé sufran alguna complicación.

En el resto de los embarazos, se realiza cuando el feto está en peligro de no recibir los nutrientes o el oxígeno suficientes a través de la placenta, cuando una mujer rompe bolsa pero no comienza el trabajo de parto, o cuando la madre tiene alguna enfermedad (diabetes gestacional o presión alta) que puede poner en riesgo su salud o la del bebé.

Kramer dijo que la inducción del trabajo de parto estaría creciendo porque los médicos cuentan con mejor tecnología para monitorear el embarazo, como el ultrasonido Doppler.

Eso, dijo, les proporciona más información a los médicos y a los padres, lo que también incluye "más información que los puede hacer preocupar".

FUENTE: American Journal of Obstetrics & Gynecology, online 17 de mayo del 2010.