Domingo, 30 de Mayo de 2010

Auge y caída de un agitador

CARLOS PRIETO ·30/05/2010 - 08:00h

Mediados de los sesenta. Cuenta la leyenda que Dennis Hopper solía increpar a los mandamases de los estudios en cuanto tenía oportunidad. "Van a rodar cabezas, el viejo orden va a caer y todos vosotros vais a morir, dinosaurios", llegó a bramar (fuera de sí) en un sarao, según se recoge en el libro Moteros tranquilos, toros salvajes (Peter Biskind). Cada vez que un Ho-pper descamisado y enloquecido irrumpía en una villa, un montón de tipos encorbatados huían despavoridos. Pero lo peor estaba por llegar. Hopper tomó la taquilla al asalto con Easy Rider (1969), un filme de moteros de bajo presupuesto. Y a los señores mayores de los estudios casi les da algo: no tenían ni idea de por qué triunfaban las películas de melenudos adictos a los tripis y a las camas redondas.

Pero, ¡ay!, Hopper, conocido por su naturaleza autodestructiva, debía olerse (de un modo inconsciente) que aquello no iba a ninguna parte. Que no iban a permitir que un grupo de jovencitos drogados como monos se hiciera con el control de Holly-wood. Que aquello era un espejismo. Al final de Easy Rider, Wyatt (Fonda) le dice a Billy (Hopper): "La hemos cagado", frase interpretada ahora como una metáfora profética de la posterior derrota del hippismo (y triunfo de las nixonianas fuerzas del mal) en los setenta. La sentencia también anticipó su propia caída: su siguiente obra, un indulgente experimento contracultural llamado The Last Movie (1970), fue un batacazo sonado. Ningún ejecutivo iba a volver a prestarle dinero para sus delirios. No volvió a dirigir hasta los ochenta. La fiesta había terminado.

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