Viernes, 28 de Mayo de 2010

REPORTAJE - La muerte y la traición acosan a la policía iraquí

Reuters ·28/05/2010 - 10:18h

Por Waleed Ibrahim y Matt Robinson

A las 10 a.m. (07:00 GMT) del lunes de esta semana, el teniente coronel Ali Jalaf dice que el departamento de policía de la ciudad iraquí de Ramadi emitió una orden en la que decía que debía volver al trabajo, después de ocho meses.

A las 1.45 p.m. (10:45 GMT) de ese mismo día, una bomba detonada a distancia destrozó la pared de su cocina y mató a su sobrino de 20 años, que también era agente de policía. Quince minutos después, otro artefacto explosivo pegado a una lavadora explotó fuera de la casa.

Jalaf no necesitó más pruebas de las amenazas a las que se enfrentan las fuerzas de seguridad por parte de una insurgencia más pequeña pero que se está adaptando, o de los policías corruptos que la ayudan.

"Ahora intentaré sacar los pasaportes para mi familia y yo y nos marcharemos de Irak", dijo por teléfono desde Ramadi, 100 km al oeste de Bagdad.

Cuatro bombas estallaron ese día a las puertas de los domicilios de tres policías en Ramadi, capital de la provincia de Anbar, que solía ser un semillero de insurgentes islamistas suníes como Al Qaeda.

El sobrino de Jalaf, con la cabeza aplastada y un brazo desgajado por la explosión, es la última víctima de una ola de asesinatos dirigidos que se han convertido en el 'modus operandi' de la insurgencia.

La violencia general en Irak ha caído notablemente respecto a la carnicería sectaria de los años 2006-07. La insurgencia desatada por la invasión liderada por Estados Unidos en 2003 permanece enquistada en algunas zonas, y los atentados siguen ocurriendo de manera habitual. Pero en los últimos meses, los atentados a gran escala que eran característicos de Al Qaeda en Irak han dejado paso a asesinatos a sangre fría.

Los policías, sacados a toda velocidad de las academias como fuerzas de vanguardia contra la insurgencia, son su objetivo favorito, así como líderes tribales, dirigentes gubernamentales y antiguos insurgentes suníes que cambiaron de bando y ayudaron a que la guerra sectaria se calmara.

Los insurgentes suníes consideran a los agentes como traidores asociados con el Ejército iraquí y la mayoría chií, que llegó al poder tras la caída del dictador suní Sadam Husein.

"Esto no ha terminado todavía", declaró el teniente general Michael Barbero, el mando de la OTAN a cargo de la formación en Irak, en un acto de graduación de unos 700 policías federales entrenados por italianos celebrado esta semana en las afueras de la capital.

"Al Qaeda y otros están mutilados y dañados, pero siguen siendo viables y siguen pudiendo llevar a cabo estos ataques, ya sean ataques importantes o actos de intimidación", dijo a Reuters.

CORRUPCIÓN Y CONNIVENCIA

Desde febrero, más de 100 personas han muerto en ataques dirigidos, ejecutados por pistoleros con silenciadores, muchos de ellos caseros, o en atentados contra sus coches con bombas pequeñas pegadas con imanes o pegamentos.

El caso de Jalaf pone de manifiesto uno de los retos clave que afrontan las fuerzas de seguridad iraquíes cuando las tropas estadounidenses pondrán fin a las operaciones de combate en agosto y el 1 de septiembre reducirán sus efectivos de 94.000 a 50.000.

La policía está compuesta ahora por unos 400.000 agentes, mientras que el Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea tiene unos 250.000 efectivos, según el Ejército de Estados Unidos.

En 2007, Jalaf dice que otros integrantes de su comunidad en Ramadi y él se alzaron en armas contra Al Qaeda y acabó siendo nombrado teniente coronel por las tropas estadounidenses. Afirma que hace ocho meses fue despedido por antiguos oficiales de la era de Sadam que volvieron al trabajo al mejorar la seguridad.

La semana pasada volvió a ser llamado por un coronel que necesitaba oficiales experimentados. Entonces recibió un mensaje de texto en su móvil que decía: "Nuestras espadas están sedientas de vuestra sangre". Luego ocurrieron los ataques. Jalafd asegura que la corrupción policial y la connivencia con los insurgentes está muy extendida.

El lunes, un policía de la localidad de Samarra, 100 km al norte de Bagdad, fue condenado a 51 años de prisión por pasar información sobre otros agentes a Al Qaeda.

El martes, varios altos cargos policiales del distrito Bayaa de Baghdad fueron arrestados en conexión con un atrevido atraco a plena luz del día en una zona de joyerías que suele estar fuertemente vigilada y que acabó con 14 muertos.

"Hay muchos oficiales de policía y agentes locales cooperando con Al Qaeda", dijo Jalaf. "Su objetivo es atacar gente inocente, a los que lucharon contra Al Qaeda antes, e impedirles que vuelvan al trabajo".

Al preguntarle sobre el caso de Jalaf, el teniente general Barbero dijo que EEUU está ayudando al Ministerio del Interior a "examinar" a los reclutas. "La lección que aprendo de esto es que debemos mantener la presión sobre las redes (insurgentes)", señaló.

Pero Jalaf afirmó que ya no sabe de quién fiarse.

"Debo encontrar refugio para nosotros. Volveré cuando regrese la gente inocente y estén dispuestos a unir las manos con nosotros para caminar juntos".